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Los creadores invisibles de la televisión

Los guionistas de espacios como 'El hormiguero' o 'Got Talent' buscan que se reconozca su trabajo

Damián Mollá y Juan Ibáñez ponen voz a Barrancas y Trancas y son guionistas.

Durante años, Crónicas marcianas era el programa a batir en la madrugada. Javier Sardá presumía entonces de no necesitar guion. Hace unos meses, cuando preguntaban por el éxito de En la tuya o en la mía a Bertín Osborne, él también se jactaba de que su espontaneidad venía de no leer un libreto. Pero en televisión hay poco improvisado. Antes del rodaje, su equipo recopila una amplia documentación, organiza una entrevista previa con el invitado y el presentador recibe un texto con las cuestiones. Aunque sin ellos no habría formato ni relato, los guionistas de programas, al contrario que los de series —que empiezan a salir a la luz—, siguen siendo invisibles. Sin ellos ni siquiera realities como Gran Hermano existirían.

“Los Emmy nos nominan a mejor programa sin guion, pero detrás de El hormiguero, somos 20 escritores”, ironizaba Juan Ibáñez, la hormiga Trancas, en una charla organizada por el sindicato de guionistas ALMA para poner cara a esta profesión. “¿Berto no improvisa los chistes en el directo?”, se atrevía a preguntar, incrédula, una periodista tras ver los mejores momentos de Late Motiv.

“Hay gente que aplaude lo bien que pinta Bertín los cuadros“, bromeaba Luis Murillo, guionista de En la tuya o en la mía, que asegura que otros escritores también le había planteado esas cuestiones. “Un día olvidamos el ‘Mañana más pero no mejor porque es imposible’ y Wyoming no lo dijo”, recordó Sergio Sarriá, uno de los 13 responsables de El intermedio.

Espontaneidad estudiada

“El 80-90% de En la tuya o en la mía está escrito”. Cuatro guionistas, entre los que se encuentra Luis Murillo, pasan tres semanas documentándose para que las preguntas de Bertín Osborne puedan parecer espontáneas y naturales. “En el programa surgen cosas en el contacto pero, como hacemos entrevista previa, sabemos las respuestas y reconocemos las réplica”.

¿Pero entonces no sale nada natural? ¿Y cuando no sabe encender la vitrocerámica? “La primera vez fue improvisado. Luego se ha convertido en recurrente. Como muchos momentos en la cocina”.

El secreto no es improvisar, sino que algo tan medido parezca espontáneo. “No conozco a Bertín Osborne”, responde con cierta sorna Murillo, encargado de la fase previa de guion. Esa que Osborne parece olvidar. En la grabación sí que hay, sin embargo, un equipo ocupándose de reescribir los cambios que surjan. “Bertín siempre hace lo que se le dice”, reconoce. “El objetivo final es que el invitado brille”.

Pese a mantenerse en la sombra, el sindicato ALMA logró en 2014 redactar un convenio que fija, entre otros puntos, un sueldo mínimo para el sector. Todo guionista base de programas debe cobrar entre 1.459 y 2.594 euros mensuales. Entrar a este mundo desconocido incluso por la profesión no parece sencillo. “Hay dos maneras principales: enviar una prueba o con prácticas y un Máster especializado”, apuntaba Sarriá.

El salto de la escritura de ficción a programas tampoco es habitual. Los de series mantienen normalmente una estructura lógica, con un trabajo previo similar. La mayor particularidad de un guion de espacios de entretenimiento, sin embargo, es que hay tantos tipos de libretos y tareas como programas. Hay realities, late-nights de humor, magazines… Cada uno tiene un formato y objetivo, y se trabaja en varias fases. “Escribimos tres guiones: uno antes, otro que evoluciona con lo que surge y un tercero en el montaje”, explicaba Algerino Marroncelli, de Got Talent.

El equipo de El hormiguero, donde alguno se atreve a dar la cara ante cámara, por ejemplo, pasa semanas documentándose sobre el invitado: “Una anécdota graciosa puede construir un juego”. El espacio está terminado días antes. Los responsables de El intermedio, a su vez, cambian el libreto de la mañana para adaptarlo a la actualidad. Cuando Esperanza Aguirre tuvo su percance vial, todo el espacio se reescribió: “Nos hemos convertido en Informe semanal. Trabajamos como un periódico”. Y los responsables de Un príncipe para tres princesas no solo van al rodaje, sino también ayudan a seleccionar el reparto y tienen equipo de montaje. “Un guion no significa que los personajes lean un texto. No les decimos qué decir, pero sabemos lo que van a decir. Lo hemos visto en el cásting”, apuntaba la guionista Marta Torres.

Todos buscan un mismo objetivo: crear un relato dentro de un mecanismo que se repite, contar una historia. Para Marroncelli los reality “cada vez suponen más trabajo” de relato. “Got Talent da la posibilidad de contar decenas de historias iguales en todo el mundo, pero distintas por cómo se presentan. Elegimos los personajes y recorridos antes, pero toma forma en la mesa de edición.” Las canciones y acrobacias no se escriben. Pero la emoción del relato, sí. Un niño al que se le murió su madre, un grupo de padres que monta una coreografía, una mujer que no se cree que pueda cantar… Su historia la perfila el guion.

Al final de En la tuya o en la mía, Osborne leía un epílogo que resume al invitado y su encuentro. Hay un equipo que escribe esas emociones. El mensaje de ALMA es claro: “Reconocer eso es necesario para que tengamos un trabajo digno”.

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