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Zugaza anuncia su adiós al Museo del Prado

El director de la pinacoteca desea volver a gestionar el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, en noviembre de 2015- En el vídeo, explicando la ampliación del museo esta misma semana.

Miguel Zugaza, uno de los gestores más longevos, diplomáticos y eficaces en la historia reciente de la cultura española, abandona la dirección del Museo del Prado. Zugaza (Durango, 1964) llevaba 15 años al frente de la institución cultural de mayor proyección internacional de España en el mundo, desde que cogió las riendas en 2002. Antes había dirigido (1996-2002) e impulsado de manera espectacular el Museo de Bellas Artes de Bilbao, adonde ahora regresará sustituyendo al actual director, Javier Viar, que emprende el camino de la jubilación.

El gabinete de comunicación de la pinacoteca madrileña ha informado sobre el escrito que Miguel Zugaza ha dirigido al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo, y al diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria. En él, el todavía director del Prado “da por cumplidos los objetivos planteados bajo su dirección y agradece todo el apoyo recibido”. Zugaza cree que “ahora se abre una nueva etapa para el Museo del Prado llena de buenas expectativas, con el horizonte puesto en su bicentenario y en la culminación del Campus del Museo del Prado con la incorporación del Salón de Reinos”. Zugaza se refiere al proyecto de nueva ampliación del Prado, por el edificio del antiguo Museo del Ejército, que fue otorgado la semana pasada al equipo formado por los arquitectos Norman Foster y Carlos Rubio.

Al mismo tiempo, Zugaza dice sentirse “muy afortunado por la oportunidad de volver al Museo de Bellas Artes de Bilbao (que dirigió entre 1996 y 2001, tras ser durante dos años subdirector de Conservación del Museo Nacional Reina Sofía) y poder ofrecerle toda la experiencia adquirida”.

A partir de ahora, el ministro de Educación, Cultura y Deporte Iñigo Méndez de Vigo, que ha agradecido a Zugaza los servicios prestados, propondrá al Real Patronato del Museo del Prado la creación de una comisión específica en su seno para que proceda, tal como establecen sus estatutos, a iniciar el procedimiento de selección previo a la propuesta de nombramiento del nuevo director del Prado al Consejo de Ministros. Mientras no se produzca el relevo efectivo, Zugaza seguirá en el cargo con todas las facultades inherentes al mismo. El director adjunto del Prado, Miguel Falomir, que relevó en el puesto al italiano Gabriele Finaldi en abril de 2015 tras ser jefe del departamento de Pintura Italiana del Renacimiento, se perfila como uno de los grandes aspirantes a sentarse en el despacho que dejará Zugaza. Falomir es un profundo conocedor del museo, no solo en su vertiente científica sino también administrativa. Es una persona de la máxima confianza de Miguel Zugaza y de José Pedro Pérez Llorca, presidente del Patronato del Prado.

Miguel Zugaza es, ante todo, el culpable de la modernización del Museo del Prado, el viejo museo de colecciones reales, que se apresta a celebrar su 200 aniversario. Para ello, este vizcaíno de maneras distinguidas, gran negociador y excelente conversador, magníficamente informado siempre de (toda) la actualidad, florentino cuando es necesario y maquiavélico si se lo propone, ha tenido que moverse con igual destreza (y lo ha logrado con creces) en las turbias aguas de las luchas políticas. Ha sido director del Prado con Aznar, con Rodríguez Zapatero y con Rajoy, consiguiendo que entre el PP y el PSOE se estableciera una especie de pacto tácito en cuanto a la inviolabilidad del Prado y la no conveniencia de convertirlo en instrumento político.

Cuando en cierta ocasión, en medio de un almuerzo, este diario preguntó a Miguel Zugaza si no estaba ya cansado de llevar las riendas del Prado, lo único que recibió como respuesta fue una educada y prolongada sonrisa. A buen seguro le habrá ayudado a aguantar la tensión del cargo su peculiar doble vida: cada jueves por la tarde y salvo compromisos ineludibles, emprende viaje a Durango, donde residen su mujer y sus hijos, para pasar allí el fin de semana, reincorporándose a su puesto el lunes por la mañana.

 En lo relativo a las reformas normativas puestas en pie bajo su mandato, destaca la aprobación de la ley reguladora del Museo Nacional del Prado 46/2003, de 25 de noviembre de 2003 por la que el Museo se convierte en organismo público con una mayor autonomía administrativa y posibilidades de autogestión. Pero destaca también la reforma del organigrama del Museo, con la creación de una Dirección Adjunta de Conservación (la que ocupó hasta hace algo más de un año Gabriele Finaldi y ahora ocupa Miguel Falomir) y las nuevas Jefaturas de Conservación que engloban los departamentos existentes, así como la puesta en marcha de una nueva Subdirección de ­Desarrollo.

 Bajo su gestión se creó, en 2006, el Centro de Atención al Visitante para organizar de forma más eficaz la entrada de grupos al Museo. También se constituyó por iniciativa suya la nueva Sociedad Museo Nacional del Prado Difusión S. A. U, creada con objeto de contribuir a la difusión de las colecciones del Museo y generar mayores ingresos propios. Bajo su dirección el Museo amplía el horario de servicio público a los domingos y festivos por la tarde y una hora más a lo largo de toda la semana.

Pero sobre todo Miguel Zugaza ha sido el artífice de que El Prado atrajera a sus salas a millones de personas convirtiéndose en un auténtico fenómeno de masas. Las exposiciones de Vermeer, Tiziano, Manet y Durero, y revisiones retrospectivas de géneros tan singulares como El retrato español: del Greco a Picasso o la exposición Picasso. Tradición y vanguardia, realizada conjuntamente con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, por no hablar de su empeño en meter a Francis Bacon en El Prado con la exposición de 2009, son tan solo algunas muestras de un éxito popular que alcanzó cifras sin precedentes en la historia del museo con la reciente exposición sobre El Bosco, la más importante en cantidad y calidad que se había montado nunca y visitada por casi 600.000 personas, récord en la historia del museo. La última gran exposición hasta la fecha -recién abierta al público- es Ribera. Maestro del dibujo. En cuanto a las obras incorporadas a la pinacoteca bajo su gestión, destacan algunas pero sobre todo la pintura de Pieter Brueghel El Viejo titulada El vino de la fiesta de San Martín, adquirida a finales de 2010.

Uno de los momentos claves de su paso por El Prado llegó en 2007, cuando el museo concluyó la ampliación más importante de su historia, llevada a cabo por el arquitecto Rafael Moneo, cuyo plan añadía un edificio de nueva planta articulado en torno al claustro restaurado de los Jerónimos. En paralelo, en 2009 se inauguraba el Casón del Buen Retiro como sede del Centro de Estudios, que integra los departamentos de conservación junto con los servicios de biblioteca, archivo y documentación además de la Escuela del Prado.