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El disco de la semana

Kendrick Lamar, sin competencia

'DAMN.', nuevo disco del rapero, obtiene una calificación de 8,5 sobre 10

Kendrick Lamar actúa en el Global Citizen Festival en Central Park, el pasado septiembre. Ampliar foto
Kendrick Lamar actúa en el Global Citizen Festival en Central Park, el pasado septiembre. REUTERS

Elegido casi de forma unánime por la crítica musical como el mejor disco de 2015, To Pimp a Butterfly señaló a Kendrick Lamar como el rapero más brillante, serio y comprometido de su generación. El único conflicto que planteaba el álbum tenía mucho que ver con el “¿y ahora qué?”; con esa sensación de vacío y zozobra que aflora en la trayectoria de un artista cuando publica un lanzamiento mayúsculo que en todo momento parece ser consciente de su trascendencia y relevancia.

Kendrick Lamar, sin competencia
EL PAÍS

Artista: Kendrick Lamar

Disco: DAMN.

Sello: Top Dawg-Interscope

Calificación. 8,5 sobre 10

Así que el primer reto que afrontaba su nuevo disco DAMN.que está batiendo récords de ventas en Billboard con más de 600.000 copias vendidas entre descargas digitales y unidades físicas en su primera semana en listas— pasaba por la capacidad de Lamar para seguir siendo él mismo en una dirección musical y lírica considerablemente distinta de la de su predecesor. Si To Pimp a Butterfly era hijo de un momento convulso y rabioso, de clara dimensión política incluso en su apuesta sonora, DAMN. surge más como una vía de reflexión y liberación. A medio camino entre la defensa propia y muy personalizada —desde los ataques de Fox News hasta las expectativas creadas por su propio éxito y reconocimiento— y la introspección con referencias religiosas y personales, Lamar suena más distendido que hace dos años, pero también más inquieto y entrometido, ansioso por probar nuevas estructuras y patrones líricos que alimenten su insaciable curiosidad.

A excepción de la prodigiosa DUCKWORTH., quién sabe si su mejor canción hasta la fecha, una impecable alegoría autobiográfica sobre el destino, el disco huye de los relatos que le han convertido en una institución del micrófono. Y en su lugar apuesta por otros recursos, desde la repetición machacona de frases y palabras hasta el jugueteo consciente con los títulos de las canciones, su correspondiente apuesta musical y el concepto temático que esconde cada una de ellas. En apariencia DAMN. es un disco menos visceral, denso y complejo que To Pimp a Butterfly, pero está atiborrado de ideas desafiantes, experimentos soterrados y muestras de talento incomparable.

También en el apartado musical: como si fuera una continuación no declarada de Good Kid, M.A.A.D. City vuelve a recuperar a ese Lamar al que le vuelve loco actualizar y dinamizar a su manera el rap de la costa oeste. Esta vez no hay reminiscencias ni recursos propios del jazz o el funk; estamos en otro momento de su trayectoria, y así nos lo hace saber. Más lúdico y disfrutable que su antecesor, también más hiphopero, por decirlo de manera llana, DAMN. combina hits de rendimiento inmediato —LOYALTY., con colaboración de Rihanna; LOVE., con ayuda de Zacari; o XXX., con un casi irreconocible Bono— con producciones absorbentes en las que se mezclan sin orden aparente influencias y guiños musicales a Outkast, Dr. Dre, Hot Boys, Frank Ocean o Madlib. El resultado, una vez más, se desmarca con insultante facilidad de sus competidores.