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Italia es una casa de locos

Paolo Virzì entrega en 'Locas de alegría' otra película brillante sobre la actualidad -corrupta y errante- de su país y un sabio retrato humano

Paolo Virzì, con las actrices Micaela Ramazzotti y  Valeria Bruni Tedeschi (en el centro).
Paolo Virzì, con las actrices Micaela Ramazzotti y Valeria Bruni Tedeschi (en el centro).

Un día, durante el rodaje de El capital humano, la actriz Micaela Ramazzotti se acercó a darle una sorpresa a su marido, el director Paolo Virzì (Livorno, 1964), por su cumpleaños (el 4 de marzo). "Hacía mucho frío y Valeria Bruni Tedeschi llevaba un vestido dorado y unos tacones, y por encima iba abrigada con una manta. Parecía un Don Quijote. No podía dejar de mirarla. Micaela y Valeria se pusieron a caminar juntas charlando con confianza, y a mí me entraron ganas de grabarlas. Así nació Locas de alegría, de la imagen de dos mujeres tan interesantes, trágicas, emotivas. Tuve un poderoso deseo de llevar al público la emoción enorme que me provocó aquel momento". Así que una anécdota de una película nació otra. Y de El capital humano, retrato despiadado, realista y satirico de Italia, nació otra gran obra, Locas de alegría, candidata a 17 premios David di Donatello (los oscars italianos) y ganadora en la pasada Seminci de la Espiga de Oro a la mejor película, del Premio del Público y del de la Mejor Interpretación Femenina ex aequo para las dos protagonistas.

Las protagonistas son una condesa millonaria de energía desbordante y una chica frágil, tímida, a la que han quitado un hijo, que cruzan sus pasos en un sanatorio psiquiátrico. “¡Qué cansadas estamos tú y yo! ¡Basta de sentirse mal todo el tiempo! Queremos estar bien”. Y así arranca su fuga de la residencia, un viaje revelador y muy tragicómico, un tono habitual en el cine de Virzì: "La naturaleza humana es cómica y trágica al mismo tiempo. Los distribuidores subrayan que es una comedia por no echar al público, pero a mí me salen así, con esa mezcla. Tengo este defecto: así veo al ser humano. Además, el mundo está pasando actualmente una época de paranoias, de miedo al otro, es necesario armarse de manuales de psicopatologías para entender a algunos, que me llevaron a pensar a jugar un poco con los otros. No creo que se pueda contar la naturaleza humana sin reír".

Virzì gesticula, habla y disfruta mucho charlando sobre la película. A su lado, Ramazzotti no puede incluir una palabra en el torrente del cineasta. Y eso que Locas de alegría sirve como retrato femenino. "Escribí el guion con una directora y gran amiga, Francesca Archibugi, porque necesitaba compartir el libreto con una mujer. En este filme he estado rodeado de mujeres. Es la parte de la sociedad que sufre más abusos, violaciones y humillaciones; he conocido mujeres que han sufrido abusos sexuales que han sido obligadas a ir al psiquiatra. Quería hablar de la injusticia, la opresión, el martirio de las mujeres estigmatizadas, frágiles, despreciadas, condenadas y encerradas. Pero sin caer en el panfleto". Y además en un manicomio: "Las enfermedades mentales nos dan miedo, las personas que las padecen se avergüenzan de ello. Es deprimente. En esta sociedad muchos quieren tener a esos enfermos alejados, ocultos a su mirada. Es la hipocresía de los que juzgan el mundo". Por ahí prosigue su discurso: "En mi película las mujeres se unen para luchar contra el mundo hostil y su unión es poderosa. Sin embargo, si lo dijera más claramente, no sería un director de cine, sino un político o algo así. A las dos protagonistas no les hace falta estar en una clínica psiquiátrica, pero el mundo no las quiere. Atención, que en este mundo te conviertes en un loco en un momento. Al final, la relación entre ellas, la solidaridad de estas dos mujeres tan distintas es beneficiosa".

"Quería hablar de la injusticia, la opresión, el martirio de las mujeres estigmatizadas, frágiles, despreciadas, condenadas y encerradas. Pero sin caer en el panfleto"

Uno no puede dejar de pensar que esas dos mujeres, su viaje y el final de Locas de alegría son fiel reflejo de la Italia actual. "Lo primero que puedo decir es que he datado la trama en una época precisa, en mitad de 2014, un momento importante porque más allá de todo lo que pasaba políticamente se sumó un debate en el Senado sobre el cierre de las residencias psiquiátricas. Beatrice [el personaje de Bruni Tedeschi] es una cortesana nostálgica de unos tiempos de gloria, en los que conoció a los Clinton, como hay muchas, aunque es cierto que me inspiré en la novia de uno de los abogados de Berlusconi, que empezó a llamar a los magistrados que encausaban al político". Virzì incide en este aspecto: "Por supuesto, Locas de alegría es una sátira sobre la locura de Italia. Las dos protagonistas atraviesan una Italia fea. En el momento en que un personaje de la película menciona al presidente, queda claro que estás jugando con la vida de tu país. También aparece una foto de Berlusconi. No quería subrayarlo demasiado, sino que la sátira fuera soterrada mientras nutría a la película. No quiero ir mucho más allá, como tampoco comentar el final: los espectadores son los propietarios de las películas y cada uno busca lo que le interesa". ¿Cree que Italia tiene arreglo? "Hay cierto sentimiento de angustia hacia mi país por lo que está sucediendo. Vemos lo que ocurre llorando y seguiremos llorando, aunque creo que lo peor no ha llegado todavía. En Italia, mucha gente que parecía buena, amable, de izquierdas ahora tiene discursos racistas y violentos ante la llegada de la inmigración. Vivimos una ola de regresión en el mundo. Vivimos dando pasos hacia atrás, y ya veremos dónde llegamos. Solo nos queda la comedia".

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