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Google gana a los autores de libros de EE UU la batalla de los derechos

El Supremo de Estados Unidos rechaza que se hayan violado los derechos de autor con el escaneado y digitalización de obras para Google Books

Foto de 2012 de las oficinas de Google antes de un anuncio.
Foto de 2012 de las oficinas de Google antes de un anuncio. AFP

El Supremo de Estados Unidos ha fallado a favor de Google en su batalla de 11 años contra el sindicato americano de autores, que acusaba al gigante tecnológico de haber violado las leyes sobre derechos de autor por escanear y digitalizar millones de libros sin obtener previamente su permiso y sin compensarles. La decisión acaba con el último obstáculo legal que tenía la empresa californiana para su proyecto Google Books.

El tribunal ha rechazado sin más comentarios escuchar en apelación al Sindicato de Autores, en una decisión que se considera histórica para los derechos de autor de la era digital. El juez Denny Chin considera que el proyecto de librería virtual Google Books, que permite a los usuarios buscar libros y leer extractos y páginas seleccionadas, supone un "uso justo" de las leyes sobre los derechos de autor.

La decisión judicial está respaldada por el llamado panel de apelación, que en octubre pasado rechazó los argumentos del Sindicato de Autores, que incluye a escritores y a editores prominentes, de que el programa de Google restringiría sus ingresos al permitir el libre acceso de los lectores a los libros.

Los partidarios de la digitalización argumentaron, por el contrario, que la digitalización ofrece muchos beneficios públicos a los investigadores y lectores. Google ha hecho público un comunicado en el que muestra su satisfacción por el fallo, que concluye, según asegura la compañía, que "Google Books es un proyecto transformador y compatible con el derecho de autor".

El comunicado agrega: "El producto actúa como un catálogo de fichas para la era digital, que ofrece a la gente una nueva forma de encontrar y comprar libros, mientras que al mismo tiempo avanzan los intereses de los autores". El Sindicato de Autores sostiene, por el contrario, que la decisión del Supremo supone sentenciar que los autores "no merecen beneficiarse de la digitalización de sus obras".

"El final de este proceso no favorece la promoción de la cultura ni la creación, puesto que un servicio como el de Google, que parece de gran utilidad, se ha construido obviando el derecho de los creadores a decidir sobre su obra y a ser remunerados por el uso que ese haga de ella", asevera en un correo electrónico a EL PAÍS Magdalena Vinent, directora general de Cedro (entidad de gestión de los derechos de autores y editores en España). Y sostiene que el fallo no tiene nada que ver con la legislación europea sobre defensa de la propiedad intelectual, más restrictiva que la estadounidense.

El proyecto de Google, con el que la compañía aspiraba a convertirse en la biblioteca de Alejandría del futuro, permite a los usuarios buscar entre millones de libros, ya sean títulos antiguos que no tienen ya la protección del copyright u otros de publicación más reciente. "La finalidad de Google Books es buena, pero desde luego se podría haber hecho con la complicidad de los autores. La forma en la que se ha desarrollado esta parte en la que se han escaneado millones de libros sin la autorización de sus titulares derechos no reconoce ni promueve la creación, sino todo lo contrario", considera sin embargo Vinent.

En 2008, Google llegó a un acuerdo con la Asociación de Editores Americanos y el Sindicato de Autores y por el que la compañía se comprometía a crear un registro de todos los libros escaneados para su biblioteca virtual y destinar 125 millones de dólares a pagar aquellos autores cuyos libros hubieran sido escaneados sin permiso o a encontrar a aquellos que no se hubieran pronunciado. Pero el propio juez Chin paralizó el pacto. En aquel momento, aseguró que la creación de la biblioteca universal sería beneficiosa para muchos pero "simplemente ha llegado demasiado lejos" y le daría a Google demasiadas ventajas sobre sus competidores.

Desde que Google comenzó la digitalización, en 2004, con un robot de escaneado de alta tecnología que acaparó titulares en su momento, el buscador se ha acercado al mundo académico e intelectual de manera notable. No solo llegó a acuerdos con universidades cuyos fondos no les permitían hacer digital todo su archivo, sino también a grandes centros, como el caso de ła Biblioteca Nacional en España. En 2005 comenzaron a escucharse las primeras voces críticas y la primera. 

Uno de los puntos más interesantes de Google Books es la implantación del conocido buscador dentro de este nuevo contenido. Su contrastada velocidad y certero uso para dar con los conceptos deseados, han servido para que se consulten con más frecuencia publicaciones académicas que apenas tenían actividad. De ahí que también pueda surgir la duda de que el servicio ofrezca una mayor visibilidad y por tanto beneficios a los escritores. "Corresponde al autor decidir sobre el uso de su obra, y en este caso, nadie le ha preguntado", responde sin embargo Vinent.  

Roxana Robinson, presidente de Authors Guild, a través de una declaración escrita, ha criticado el fallo: "Los autores acabamos de sufrir una gran pérdida". Keith Kupfershmid, director del grupo a favor de los derechos de autor Copyright Alliance, también se muestra molesto por el resultado: "Al evitar entrar de verdad en el caso, la Corte Suprema está dejando a su suerte a creadores y poseedores de derechos".