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Tertulias: y el ‘show’ continúa...

La multiplicación de canales y la lucha por la audiencia modifican los formatos

Las tertulias políticas han conquistado la parrilla televisiva. Desde primera hora de la mañana hasta altas horas de la noche. Pero su momento cumbre llega en el horario de máxima audiencia de los sábados con la confrontación de laSexta noche (laSexta) y Un tiempo nuevo (Telecinco), espacios en los que este sábado se trataron temas como la corrupción o la marcha de Podemos en Madrid y se pudo elegir entre una entrevista a José Bono en La Sexta o la enésima comparecencia de Francisco Nicolás en Telecinco. Un formato que comparte una tendencia cada vez mayor hacia la mezcla de debate y espectáculo.

“Todo lo que sale en televisión tiene voluntad de espectáculo”, explica el periodista Fernando Ónega, creador de la primera tertulia política en España, La trastienda, que arrancaba hace más de 30 años en la Cadena SER. “Cuando planteamos el género era como complemento de la información encorsetada. Eso ha derivado en pura opinión y confrontación ideológica. Pero es verdad que ahora es mucho más entretenido”. La periodista y escritora Nativel Preciado es habitual de las tertulias. Ella recuerda los debates sosegados que tenían lugar en La clave, en el canal UHF de Televisión Española. “Tengo nostalgia de cuando la gente escuchaba sin más aditamentos. Pero ahora no creo que La clave tuviera audiencia”, asegura Preciado.

“Algunas veces se termina cayendo en la banalidad”, dice Juan Ramón Lucas

El ecosistema de la televisión ha cambiado. Con la multiplicación de los canales y la competencia feroz por la audiencia, se necesita más para enganchar al público. “Pero, ¿qué meter en prime time? ¿Lo que te va a dar más audiencia o lo más interesante?”, se pregunta el periodista Juan Ramón Lucas. “No sé si una tertulia sosegada en horario de máxima audiencia tendría éxito. En otras televisiones, como la francesa o la alemana, emiten tertulias culturales en ese horario y son muy seguidas. Aquí no creo que ningún programador se atreviera a hacerlo. Debería ser una función de la televisión pública, dar un impulso de calidad”, añade quien entre 2007 y 2012 condujera el magacín matinal En días como hoy, de Radio Nacional de España.

Para Sandra Barneda, presentadora de Un tiempo nuevo, “las tertulias políticas están adaptándose cada vez más al formato americano, con una mezcla de información y entretenimiento, con tertulianos convertidos en héroes y antihéroes. El tono que están tomando va con la sociedad. Cada vez estamos más acelerados. Pedir debates pausados va contra el medio. Es lo que se pide, pero no sé si es lo que se quiere”, añade.

María Casado, conductora de Los desayunos de La 1, no ve mal la mezcla de entretenimiento y tertulia siempre que no se caiga en la “vulgarización de la tertulia política”. Es algo en lo que incide Juan Ramón Lucas. “Las tertulias televisivas tienen mucho de espectáculo porque está en el ADN del medio. Pero algunos programas y tertulianos terminan cayendo en la banalidad, como lo que ocurrió con Pablo Iglesias y lo que dijo de ‘Don Pantuflo’. Es algo que me parece infantil e incluso estúpido. Gente que debe ser rigurosa cae en la banalidad supuestamente graciosa”, añade Lucas, en referencia al enfrentamiento que protagonizaron el líder de Podemos y el periodista Eduardo Inda en laSexta noche la semana pasada.

“Este país tiene una deuda con los tertulianos”, apunta Fernando Ónega

Con esta nueva tendencia del formato, cabe preguntarse por el valor de las tertulias. “Incluso las que tienden más al espectáculo tienen una utilidad: atraer al debate político a gente que no tenía interés en ello”, dice el periodista Xabier Fortes, vicepresidente del Consejo de Informativos de TVE. “¿Cómo no va a tener valor periodístico posible, cuando por un programa como laSexta noche circulan la mayor parte de los líderes de opinión política, periodística y cultural del país?”, comenta Mario López, director de Antena de La Sexta. “El medio más consumido es la televisión. No la demonicemos solo por eso”, añade.

Fernando Ónega destaca otro papel de las tertulias: “el único debate político que se hace hoy es ese. El Parlamento ha abandonado su función. Este país tiene una deuda con los tertulianos”, explica. María Casado también apunta al mayor interés de los ciudadanos por la política. “El boom de las tertulias ha coincidido con el descrédito de los políticos, pero el éxito de estos programas demuestra que al público le sigue interesando la política”, argumenta.

¿Sería posible una tertulia sosegada en prime time? “Ya me gustaría a mí”, suspira Nativel Preciado. Hasta entonces, y como suele decirse, el show debe continuar.

Tramoyas y tramas

Antoni Gutiérrez-Rubí

Las audiencias (su búsqueda, su conquista y su fidelización) son el reto competitivo de las cadenas de televisión. La atención es el bien escaso en nuestra sociedad. La política —con su liturgia pugilística— es abducida por los programadores televisivos que buscan el placer audiovisual del golpe verbal como poderoso atractivo magnético para retener a los públicos. Gritar sustituye a razonar. Interrumpir a dialogar. Simplificar a argumentar. Esta banalización, que convierte la información y el debate políticos en entretenimiento consumible, obliga inevitablemente al espectáculo.

Este formato ofrece una versión epidérmica y básica de la razón política. La emoción, con su poderosa capacidad para crear conciencia (dime lo que sientes y averiguaré lo que piensas), se convierte en el elemento clave de esta modalidad de debate político. Las exigencias televisivas de brevedad, contundencia, simplicidad, rivalidad..., y la obsesión por dejar al adversario fuera de combate, permiten que los líderes que manejen bien esas habilidades tengan una gran oportunidad de notoriedad y singularidad. Se trata de tener ideas, pero, sobre todo, técnica televisiva para la contienda en la tertulia. La preparación, formación y entrenamiento de estas condiciones se convierte en un elemento competitivo imprescindible.

El fenómeno de la multipantalla (ver televisión con otros dispositivos e interactuar en las redes sociales con ellos) hace que los programadores trabajen con el concepto de audiencia social como un elemento clave a la hora de escoger temas, protagonistas y enfoques. La retroalimentación entre platós y redes es total. El público forme parte del espectáculo en forma de trending topic, hashtags, menciones, me gusta, retuits o replays.

La agenda política, con su saturación y complejidad, se resuelve, se dirime en la tertulia semanal. El público quiere resultados. Ganadores y perdedores. La creación del clima previo y las expectativas que se generan consolidan un formato ávido de desenlaces claros y rotundos. El debate político se resuelve a golpe de eficacia escénica audiovisual. La tramoya gana a la trama.

Antoni Gutiérrez-Rubi es experto en Comunicación y autor del blog Micropolítica.

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