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Reportaje:

Muleta proconstitucional

La fotografía de un espóntaneo en una corrida presidida por los Reyes en 1981 ya tiene nombre, el de su protagonista, Antonio Olmos

NURIA TESÓN Madrid 19 FEB 2006 - 01:23 CET
EL PAÍS estrenó el pasado 12 de febrero La mirada del tiempo, un recorrido fotográfico por el último siglo. La colección recoge centenares de imágenes de personajes públicos, pero también muchas otras con rostros desconocidos. Si ayer dábamos a conocer la historia del niño con el puño en alto, en una manifestación en 1976, hoy presentamos el relato de un espontáneo de la corrida de la Beneficencia de 1981. Antonio Olmos habla con nosotros 25 años después de que se captara la fotografía.
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Toda una declaración de principios en una situación política delicada y en una lidia que presidían los Reyes de España. El Chocolate, como se le conocía por su tez oscura desde que se decidió a aprender el arte del toreo que hubo de abandonar prematuramente por "malas y abundantes cornadas", ya trabajaba en la Generalitat Valenciana cuando saltó al ruedo como espontáneo.

"Lo tenía todo preparado", explica, "me fui a Madrid con un amigo, estuve en una corrida previa estudiando por dónde saltar y calculando el momento exacto". Y como la ocasión la pintan calva, Antonio Olmos, "la muleta oculta en la pierna para que no sospechasen mis intenciones", se lanzó a la arena cuando el segundo astado acababa de ser devuelto a los corrales. "En el arte de la lidia, cuando sucede esto, el toro no tiene dueño y no se le falta al diestro que iba a torearlo".

Viva la Constitución rezaba el mensaje que había escrito con cinta adhesiva en el haz de la tela roja. Nobel Paz para el Rey se podía leer cuando, al girar, Antonio dejaba a la vista el envés de la muleta. "Y en una esquinita, llevaba también el puño y la rosa del Partido Socialista, del que era militante desde el principio", cuenta el espontáneo.

Así se le pudo ver de nuevo, encorbatado y diestro, con la muleta panfletaria en la mano y el negro toro mirándole a la cara en el primer tomo de la colección de La mirada del tiempo que EL PAIS regaló a sus lectores el 12 de febrero.

"Ole, ole y ole", reverberan los recuerdos de Antonio, novillero. Y no debía oírse otra cosa desde las andanadas hasta la barrera: "El ole más grande, juraría que fue cuando mostré la muleta con el viva la Constitución y recuerdo que los Reyes sonreían". De sus palabras se desprende emoción, coraje, nostalgia. Antonio guarda aún la muleta que, tras la faena, le fue confiscada y una alegría, las palabras que el célebre crítico taurino de EL PAÍS Joaquín Vidal le dedicó el día siguiente en su columna: "(...) Olmos se fue al toro que no era suyo (ni de nadie ya, lo habían devuelto) y, con el bien aprendido oficio taurino que sí era suyo, dio unos muletazos, en medio del asombro general, primero, y del general regocijo, después; que la plaza aceptó el bravo manifiesto con mucha complacencia, y los Reyes reían, y el presidente de la Diputación, que les acompañaba (y es del PSOE, precisamente), estaba tan orondo que no cabía en el traje".

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Antonio Olmos con su muleta proconstitucional en la corrida de la Beneficiencia de 1981. / ANTONIO GABRIEL

 
 

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