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“Qué injusto: era un gran hombre”

Familia, vecinos y toreros despiden en Orduña al diestro fallecido Iván Fandiño, que corría por las viñas para meter su cuerpo de pelotari en un traje de luces

De izquierda a derecha, los toreros Javier Conde, Enrique Ponce, Espartaco y Pepín Liria llegan a su llegada al funeral de Iván Fandiño en Orduña.
De izquierda a derecha, los toreros Javier Conde, Enrique Ponce, Espartaco y Pepín Liria llegan a su llegada al funeral de Iván Fandiño en Orduña. AFP

“Las ha pasado más putas que en la vendimia, y para esto”. Miguel Ángel Miguel, un amigo de Iván Fandiño y de su familia de toda la vida, de los que le vieron por vez primera con un capote en la mano, no daba crédito. Emocionado junto a la histórica plaza de la ciudad de Orduña, Bizkaia, construida hace 104 años, y mirando con los ojos húmedos la hilera de coronas y centros de flores que habían llegado de toda España, insistía: “Iván Fandiño no lo ha tenido fácil, nadie le ha regalado nada”.

Como en las mejores tardes, bajo un sol que quemaba la arena de su pueblo natal, el torero vasco “pero alcarreño como nadie”, de 36 años de edad, salió ayer por la puerta grande. Esta vez dos días después de su última y fatídica faena en la ciudad francesa de Aire-sur-l’Adour con un toro, Provechito, que le atravesó de lado a lado. Sus más íntimos, sus amigos y algunos invitados le dieron el último adiós en la iglesia de Santa María de Orduña.

Conchi Domínguez le lloraba desconsolada junto a la plaza de toros vizcaína. Era de las amigas de Tórtola de Henares, donde vivía desde hace una década, en Guadalajara. “Cumplió su sueño y cuando mejor estaba le pasa esto. Qué injusto: era un gran hombre”. Era el último adiós de todo un pueblo con profundas raíces taurinas, pero también con desgarradoras muestras antitaurinas, a un personaje muy vinculado a su tierra.

Los familiares de Iván Fandiño, en su funeral. ampliar foto
Los familiares de Iván Fandiño, en su funeral.

“Fandiño podía haber sido lo que quisiera”, dice Miguel, “primero fue pelotari, pero también txistulari, era un cabezón, hacía lo que se proponía”, aunque le costara esfuerzos enormes. Primero se reinventó y dejó el pantalón y la camisa blanca para enfundarse en un traje de luces. Tan querido como corpulento, tuvo que perder mucho peso para ponerse el traje de luces. “Se le veía corriendo por las viñas para perder corpulencia”, dice Josu, otro conocido del torero de Orduña, un pueblo que se mostró respetuoso con la memoria y la profesión de Fandiño.

En el pueblo, que tuvo otro torero, Iván Abasolo, aunque no de renombre, se notaba la desolación. Era un hijo del pueblo, como explicó la alcaldesa de Orduña, Idoia Aginako Arbaiza, de EH Bildu, al mostrarse orgullosa de que Iván sea un orduñés. “Ha llevado el nombre de Orduña a todas partes”, dijo. Más allá de la política, la familia de Fandiño, de origen gallego, era conocida en la pequeña localidad. Y si alguien no tenía la referencia del torero, desde ayer no la va a olvidar.

Pregonero en su pueblo

En la iglesia, le dieron el último adiós sus familiares y una gran representación del mundo del toreo. A la puerta grande de la plaza de Orduña peregrinaron sus amigos y conocidos. Espartaco visitó en la capilla ardiente, en Amurrio, Álava: “Esté donde esté que lo saquen por la puerta grande porque ha sido un hombre grande”, manifestó.

Los maestros Pepín Liria, Luis Miguel Encabo, Enrique Ponce, El Fandi, Paco Ureña, Curro Díaz, Javier Conde, y Juan Antonio Ruiz Espartaco también le despidieron en la abarrotada iglesia. Centenares de personas se agolpaban en el exterior para despedir al diestro. La tristeza embargaba a todos los que quisieron acompañar a la desconsolada familia, a los padres, a la hermana y a la esposa del diestro, con la que tenía una niña de dos años.

En 2015 fue el pregonero de las fiestas de su ciudad. “Era un hombre muy echado para adelante, sabía que nadie le iba a regalar nada. Era un luchador y esto ha sido un terrible accidente”, dijo el maestro Ortega Cano poco antes de entrar a la iglesia. De manera paralela iban llegando las flores de todos los puntos de España. Coronas, ramos y centros de la Taurina de Cádiz, del Ayuntamiento de Guadalajara (allí empezó su actividad taurina), el Club Taurino de Bilbao, la Escuela Taurina de Valencia, la Asociación Nacional de Mozos de Espada, la familia Chopera y un largo listado de instituciones y personalidades.

Enrique Ponce se refirió al torero fallecido como un hombre que destilaba “el sentido de la pureza”. “Se ha ido uno de los grandes de los últimos diez años”. Desde ayer, las flores reposan en el lugar por donde se fue Fandiño, junto a la puerta grande de la plaza de toros de Orduña, en recuerdo de la arena que le vio nacer y crecer como torero.

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