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Documenta 14: el sueño como pesadilla

La cita quinquenal, que inaugura su segundo tramo en Kassel, obliga a una lectura generosa a pesar de las críticas recogidas en Atenas

Instalación creada por Daniel García Andújar para Kassel, The Disasters of War, Trojan Horse, de 2017. Ampliar foto
Instalación creada por Daniel García Andújar para Kassel, The Disasters of War, Trojan Horse, de 2017.

Hay exposiciones que por su radicalismo y deliberación estética reescriben para toda una generación la imagen del arte. Ocurrió con la mítica Documenta 5 (del suizo Harald Szeemann), la 10 (la última del siglo XX, comandada por Catherine David) y ha vuelto a pasar con la inaugurada hace pocos días en Kassel. Por su apasionada relación de trabajo con la historia y el canon, por sus críticas a la nueva hegemonía financiera que crea todo tipo de exclusión social, por su “servicio público”, pero sobre todo por su sonada metedura de pata en el capítulo ateniense, la edición 14ª de Documenta, dirigida por Adam Szymczyk, es la expresión del triunfo y el naufragio a partes iguales.

Conocemos el mito. Prometeo (Szymczyk), el gran benefactor de una humanidad en crisis, urde un engaño contra Zeus y sacrifica un buey (Documenta) que divide en dos partes. En una (la alemana) oculta la carne y las vísceras dentro del vientre del animal; en la otra (la griega) pone los huesos, que cubre con una apetitosa grasa. Deja elegir a Zeus la parte que comerán los dioses, que entran en cólera cuando ven que la que habían escogido por más gustosa es una vulgar osamenta. Privada la humanidad del fuego, Prometeo —que no desea vivir entre las nubes, sino que planea cómo hacer un mundo más sabio e igualitario— decide robar la llama y devolverla a los hombres.

Primera lección de esta nueva cita quinquenal: cómo una chispa de relámpago puede malograr un proyecto o, al revés, hacerlo más fuerte. El comisario polaco sabía que de una pincelada mal dada podía salir una postalita griega. “¿Puede la tensión entre Atenas y Kassel ser usada como un espacio crítico?”, se preguntaba ante una concurrida audiencia durante la presentación de la parte griega, el pasado mes de abril. “Fracasaremos. Pero lo habremos intentado”.

Y así ha sido. La caída marcará esta Documenta presentada en dos actos y 163 días, y cuyo título deliberadamente provisional, Learning from Athens, alude al continuum de las prácticas artísticas —una idea inspirada en la pieza sonora de Jani Christou Epicycle, que recorre diversos espacios de las dos ciudades— y de cómo un acontecimiento central tan ligado a la historia alemana puede convertirse en nómada y colectivo. También de cómo los cuerpos de filósofos, músicos, arquitectos, poetas y artistas parlamentan en la calle buscando un antídoto contra la austeridad, de cómo otorgar una nueva nacionalidad a los artistas, trascender/transitar los géneros sexuales. De cómo una réplica del gran templo de Atenea, con sus columnas forradas con 100.000 libros (segunda versión del Partenón que Marta Minujín creó en Buenos Aires en 1983), será el selfie más buscado de este verano.

Atención a otra alegoría, enfatizada en el vídeo a cámara lenta de Bill Viola La multitud, donde un grupo de personas de diferentes procedencias y edades (¿el equipo de comisarios?) esperan algo o a alguien en medio de un paisaje sin fondo hasta que un brutal chorro de agua las reduce a una montaña de cuerpos vesubianos. La película se exhibe en el Fridericianum y forma parte de la colección del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Atenas (­EMST) —una selección no especialmente interesante de arte griego e internacional—, cuya sede en origen acoge una buena parte de la Documenta desde la inauguración de la mitad griega. La decisión de llevar a Kassel la colección ateniense (parece que fue tomada a última hora) ha hecho más patente el naufragio (¡equivócate mejor!) y ha obligado a derivar a otros espacios más alejados o marginales (la Neue Galerie, el Stadtmuseum, El Museo de la Cultura Sepulcral, el Grimm Museum, la antigua oficina postal o la Universidad) trabajos que por relevancia y mayor conexión con las tesis de los comisarios debían estar en el core de la Documenta.

Es el caso de la instalación de Maria Eichhorn sobre la “propiedad desposeída” y que ayuda a comprender mejor las distancias entre el arte político rutinario y el inspirador. Para esta Documenta, la artista alemana ha creado el Rose Valland Institute (en homenaje a la historiadora francesa y miembro de la Resistencia que rastreó el robo de arte nazi durante la Segunda Guerra Mundial) con fotografías, documentos y estanterías con miles de libros que pertenecieron a judíos deportados y asesinados, y que desde 1943 reposan en la Biblioteca Central de Berlín. Otro trabajo que hubiera merecido una mayor centralidad son las fotografías de Ahlam Shibli, que describen los intentos de la sociedad palestina por retener la presencia de los que han perdido la vida a causa de la ocupación.

Desde la inauguración de Documenta en Atenas, al equipo de Szymczyk se le ha criticado por haber ejercido un “colonialismo cultural” e incitar a un “turismo de crisis”. Viñetas de lenguaje y realidad aparecen cada día grafiteadas en los principales espacios artísticos de la capital griega: “Querida Documenta: rechazo exotizarme para incrementar tu capital cultural”, “Está muy bien criticar el capitalismo con un presupuesto de 38 millones de euros” o la más divertida, que firma Crapumenta 14, “¡Quiero un pony!”. No es la primera vez que Documenta suma otras sedes. La de 2012 contó con las plataformas de El Cairo, Kabul y Banff (Canadá), pero su papel era más testimonial. En esta edición, Atenas y Kassel se reparten el evento a partes iguales, pero, ¡ay!, en la cita alemana repiten muchos de los artistas y con las mismas o parecidas obras. La obra de arte en la época de la reproductibilidad…

Más allá de la torpeza, la cita de Kassel es un conmutador artístico meditado y duramente ganado, una ambiciosa apisonadora de buenos trabajos en todas las disciplinas, prevaleciendo las más situacionistas (música, acciones y performances). Muchas, de autores griegos, africanos y de Europa del Este, son lecciones bien dadas, y aunque no hay apenas humor ni sensualidad, se ha de elogiar la actitud de los comisarios de enjuiciar con rigor la restrictiva actitud de un país que durante siglos —y de manera perversa durante el nacionalsocialismo— ha exhibido un fervor filohelénico. Grecia, el sueño de Alemania, es también su peor pesadilla.

Learning from Athens. Documenta 14. Atenas, hasta el 16 de julio. Kassel, hasta el 17 de septiembre.

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