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Humor de benemérita

La película delata su escaso respeto al 'timing' cómico a los escasos minutos de metraje

Una imagen de 'Señor, dame paciencia'.

SEÑOR, DAME PACIENCIA

Dirección: Álvaro Díaz Lorenzo.

Intérpretes: Jordi Sánchez, Rossy De Palma, Eduardo Casanova, Megan Montaner.

Género: comedia. España, 2017.

Duración: 90 minutos.

En Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014), taquillera comedia francesa de Philippe de Chauveron que contó con 12 millones de espectadores, Christian Clavier encarnaba a un conservador de provincias, xenófobo, cuyas cuatro hijas se casaban, respectivamente, con un judío, un musulmán, un chino y un cristiano de raza negra. En Señor, dame paciencia –título que podría inspirar el mantra que necesitaría todo crítico para llegar al desenlace sin riesgo de hipertensión, pero que, a la postre, delata el escaso interés de la película por camuflar sus fuentes de inspiración-, Jordi Sánchez encarna a un madridista recalcitrante y conservador hasta la médula que, en el viaje para depositar las cenizas de su difunta esposa, tiene que lidiar con el marido catalán de una de sus hijas, el novio podemita de la otra y la noticia bomba de que su hijo quiere casarse con su pareja, definida por la tripleta de rasgos de ser negro, vasco y gay.

La película delata su escaso respeto al timing cómico a los escasos minutos de metraje: en concreto, con ese reprobable apéndice a un gag, ya muy básico de por sí, que muestra al portero de la finca disculpándose ante una foto de Simeone tras soltar un forzado “¡Hala, Madrid!”. Ante tal panorama, quizá lo razonable sea preguntarse dónde está el centro moral de esta comedia. La repuesta se manifiesta pronto: en la figura de ese guardia civil (Antonio Dechent) que exclama un inequívoco “¡Gibraltar español!”, reflejo del espectador tipo para este producto.