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MÚSICA / ENTREVISTA

Cody ChesnuTT: “La clave para hacer buenas canciones es tener una vida”

El autor del inabarcable 'The Headphone Masterpiece' publica 'My Love Divine Degree'

Cody ChesnuTT, retratado esta semana en Madrid. Ampliar foto
Cody ChesnuTT, retratado esta semana en Madrid.

En el otoño de 2002, Cody ChesnuTT (Atlanta, 1968) lanzó su álbum de debut, The Headphone Masterpiece, un inabarcable disco formado de 36 cortes y en el que se mezclaban no menos de tres estilos musicales por tema. Había funk, lo-fi, rock, soul, rythm and blues… Estuvo una semana en el top 200 estadounidense y, aunque fue alabado por parte de la prensa, la palabra que más se repetía en las críticas era “indulgencia”. Grabado con un equipo básico y a coste ínfimo, era un interesantísimo ejercicio en el que se fabulaba qué hubiera pasado si a Prince se le hubiese extirpado el éxito y los medios económicos que este trae y se le hubiera dejado solo el ego.

Este era un disco grande concebido para el triunfo. Pero no terminó de arrancar. Ni siquiera gracias al éxito que tuvo la versión de uno de sus temas, ‘The Seed’, que incluyeron aquel mismo año The Roots en Phrenology. Nada. Han pasado 15 años desde aquel lanzamiento y ChesnuTT, a pesar de estar ahora mismo sentado al sol en un banco de un parque de Madrid con el fin de promocionar su nuevo álbum, My Love Divine Degree, no puede alejarse de aquel artefacto. “Lo que he llegado a entender durante todos esos años es que es un disco que está ahí y que la gente va, poco a poco, llegando a él. La música nueva que sacas no elimina del archivo la vieja, por lo que casi cada día me topo con alguien que ha descubierto ese disco y le gusta mucho”, apunta el músico. El año 2002 fue el del hip-hop comercial de Eminem o Nelly, de divas como Jennifer Lopez o Céline Dion y de The Rising, de Bruce Springsteen. En el underground se vivía el fervor desatado por la concreción rockera de The Strokes. Podías ponerte ocho veces el disco de debut de los neoyorquinos y aún te faltaban unas seis canciones para terminar tu primera escucha del de ChesnuTT.

No me dejo consumir por la confusión, ni siquiera por el presidente de mi país. Elijo utilizar mi talento para ofrecer una salida positiva

Pero hoy las cosas han cambiado. Se acaba de editar un libro titulado Pretenciosidad. Por qué es importante. “No creo que fuera algo adelantado a su tiempo. Igual es que yo soy de otro tiempo. No sé. Era el disco que debía hacer y será siempre parte de mi vida”, trata de zanjar el músico, quien no está por la labor de rememorar una época de su vida marcada por las infidelidades (“era agotador tener dos amantes”) y que le obligó a recomponer su vida. Volvió con su esposa, fue padre, tardó 10 años en lanzar otro disco. “Durante ese tiempo pasan muchas cosas por tu cabeza”, recuerda ChesnuTT. “Fue un periodo que aproveché para vivir la vida. La música está siempre ahí y compongo en mi cabeza todo el rato. La clave para hacer buenas canciones es tener una vida, acumular experiencias, tener cosas de las que hablar. Crecer. Como humano, como comunicador. Ese fue mi objetivo aquella década. También tuve que aprender a ser padre, y eso es más complicado que producir un disco con los calendarios que impone la industria. Acumulé información, eso es todo. Y podría volver a pasar esto de esperar 10 años para lanzar un disco. Si debe ser, será”.

La génesis de este flamante My Love Divine Degree está en El evangelio de la era de Acuario de Jesús. Publicado en 1908 por L. H. Dowling, es considerado el más reciente de todos los evangelios apócrifos. El tema central es el olvido por parte de la humanidad de Dios —o al menos, del concepto— y la forma en que podemos volver a acordarnos de él. Ahí encontró ChesnuTT la inspiración para este álbum de soul de sonido nítido, flirteos con lo que se consideraba moderno antes y notables canciones que parece que hablan del mundo, pero, según el artista, en realidad hablan solo de las personas.

Como músico he crecido sobre todo en paciencia. Es la mejor forma de afrontar la escritura. No quiero que se pierda ni una palabra

“Para mí todo es una experiencia humana. Todo es lo mismo. Hablo como ser humano. Hablo de mí y es personal, pero también es universal. Incluso las historias más íntimas tienen eco en el universo”, recalca el autor, quien ha vuelto a concebir sus composiciones en solitario, trasteando con programas como Garage Band y luego acercándose al estudio para recibir ayuda de artistas como The Twilite Tone o Raphael Saadiq. “Como músico he crecido sobre todo en paciencia. Es la mejor forma de afrontar la escritura. No quiero que se pierda ni una palabra. Documento el momento mejor que antes, documento mis pensamientos sin perder casi nada. Las canciones me hablan, yo las escucho y les doy lo que piden. No me dejo consumir por el caos y la confusión, ni siquiera por el presidente de mi país, un hombre capaz de crear un conflicto nuevo cada día. Elijo utilizar mi talento para ofrecer una salida positiva y sana a todo este lío”.

Cody ChesnuTT. My Love Divine Degree’. One Little Indian Records.