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De lo popular a lo aciago

Desde 'Bienvenidos al Norte', Dany Boon viene explotando tanto el elemento paródico como los contrastes entre ciudadanos y entre géneros

La actriz Alice Pol, en una imagen de 'Una policía en apuros'.

UNA POLICÍA EN APUROS

Dirección: Dany Boon.

Intérpretes: Alice Pol, Dany Boon, Michel Blanc, Yvan Attal, Patrick Mille.

Género: comedia. Francia, 2017.

Duración: 105 minutos.

La comedia popular y la parodia policial, fusión clásica en cualquier país desde el cine mudo y el slapstick, tienen un nombre propio en Francia: Louis de Funès y su serie de películas sobre el gendarme de Saint-Tropez, creadas para regocijo de sus fans entre 1964 y 1982. Un tipo de humor que en los últimos años se ha empeñado en resucitar Dany Boon, parece que su legítimo heredero, al menos en la cuestión del tirón entre el público.

Desde Bienvenidos al Norte, Boon viene explotando tanto el elemento paródico como los contrastes entre ciudadanos y entre géneros, y aunque ya homenajeó al guardia De Funès en la nefasta Nada que declarar (2010), reincide de nuevo con Una policía en apuros, esta vez virando un tanto el modelo desde el francés hacia el americano, y acercando su nueva película tanto a la ochentera saga estadounidense Loca academia de policía como a la lamentable Miss Agente especial, parodia de espías al servicio de Sandra Bullock, con incrustaciones de otra reciente desmitificación, la de Espías, protagonizada por Melissa McCarthy.

Como ya ocurría con las películas de Bullock y McCarthy, hay en Una policía en apuros una sobredosis de producción que la distancia de la ingenua miseria intrínseca de De Funès, y la aproxima en cierto sentido al poderío en la factura técnica y al engranaje narrativo de lo ridiculizado, articulándose así como parodias que utilizan la fuerza del presupuesto para acabar diferenciándose poco de sus modelos presuntamente serios. Si además el guion, también de Boon, se llena de chistes malos sobre el contraste entre mujeres y hombres y la lucha de sexos, y a mitad de película se añaden unos cuantas líneas homófobas ("¿Quién hace de mujer y quién de hombre entre vosotros?"), junto a una ridícula sobreactuación de Yvan Attal, el resultado es, una vez más, simplemente aciago.

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