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Historias de guerra de un reportero

Juan Goytisolo nunca quiso que la historia pasase a su lado

Goytisolo y Susan Sontag, en Barcelona en 2002.
Goytisolo y Susan Sontag, en Barcelona en 2002.

Juan Goytisolo nunca quiso que la historia pasase a su lado. Cuando tras la caída del Muro de Berlín comenzaron a estallar conflictos en Bosnia, Argelia o Chechenia, una vez constatado que ni la historia ni la violencia tienen final, el escritor decidió recorrer algunos de los frentes más peligrosos del mundo. O, mejor dicho, se convirtió en reportero para viajar a guerras que ni siquiera tenían frentes claros, donde la limpieza étnica y las desapariciones generalizadas habían vuelto a Europa y países vecinos como en los momentos más siniestros del siglo XX.

Goytisolo estuvo en Sarajevo en pleno cerco en 1993; en Grozny en 1996, cuando el Ejército ruso no hacía prisioneros —literalmente— en su lucha contra las guerrillas chechenas; y en Argelia en 1994, cuando los islamistas del GIA degollaban a su antojo y se producían constantes matanzas, nunca totalmente aclaradas. “¿Quién mata a quién?”, escribió entonces en un reportaje. “En la paranoia en la que se hallan sumidos los argelinos nadie puede responder con certeza a la pregunta. Si en una mayoría de casos la mano criminal no ofrece dudas, en otros las dudas no han sido aclaradas aún”.

También estuvo en Israel y Palestina o en Irak, donde escribió un lúcido reportaje sobre la peregrinación chií a Kerbala. Publicó primero esas crónicas en entregas en EL PAÍS y posteriormente en forma de libros, Argelia en el vendaval, Cuaderno de Sarajevo o Paisajes de guerra con Chechenia al fondo. Al igual que ocurre con Campos de Níjar, en el que recoge un viaje a los desolados paisajes del sur almeriense en los años cincuenta, son libros con los que el tiempo ha sido muy clemente, reportajes que han sobrevivido a las circunstancias en las que fueron escritos para convertirse en historias universales sobre los desastres de la guerra. Goytisolo viajó a esos escenarios movido por su interés por el islam, pero sus historias de guerra están impulsadas por la voluntad de contar la verdad y dar voz a las víctimas.

Pese al riesgo físico y a que su condición de escritor reconocido mundialmente no le iba a salvar de nada, nunca dudó en meterse en esos avisperos. Ricardo Ortega (1966-2004), uno de los reporteros españoles más valientes de su generación, le ayudó mucho en Chechenia cuando cubría la zona como corresponsal de Antena 3 y hablaba con admiración de la determinación del escritor para viajar a lugares en los que ya muy pocos reporteros se aventuraban. Cuando fue asesinado en Haití en 2004, Goytisolo escribió un artículo titulado "Ricardo Ortega y la dignidad de la información" en el que homenajeaba al extraordinario ser humano que fue Ricardo pero también a su oficio de corresponsal de guerra. Goytisolo relató que, a su regreso a París, Ricardo le envió una cinta con imágenes de fosas comunes de chechenos asesinados por los rusos, que su televisión había decidido no emitir por ser demasiado salvajes. “Recuerdo las palabras de Ricardo Ortega al anunciarme el envío del filme: ‘Consérvalo como recuerdo. Tú sabes de lo que hablo”, escribió. Sí, Goytisolo sabía de lo que hablaba.

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