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La sinceridad de un libro

Cuando Juan Goytisolo publicó 'Coto vedado' la escritura autobiográfica en España estaba en mantillas

Juan Goytisolo.
Juan Goytisolo.

Cuando Juan Goytisolo publicó Coto vedado(1985) la escritura autobiográfica en España estaba en mantillas. Se disponía de algunos títulos importantes, cómo no, pero el género no había alcanzado una dimensión literaria de consideración. Las obras publicadas hasta entonces, con la excepción de las memorias de Teresa Pàmies, Carlos Barral, Lidia Falcón y Francisco Umbral, carecían de una influencia irradiadora verdaderamente contemporánea. Pero nadie había escrito sobre su homosexualidad de un modo abierto y trascendente, es decir ubicándola en el ser del individuo como un hecho existencial.

Si la literatura se refería a la homosexualidad solía ser como parte de un anecdotario escabroso: véase Cela o la polémica de los años setenta en torno a Federico García Lorca. Lo más común eran las elipsis funcionales de la vida personal, en beneficio del relato histórico-político, o bien el silencio. Ello explica, por ejemplo, que Jacinto Benavente parara en seco sus Recuerdos y olvidos (1958) al llegar a su adolescencia; o que Juan Gil Albert recurriera en su Crónica General a un lenguaje simbólico y hablara de su “oriente español” de un modo que yo solo entendería tras leer a Goytisolo.

Nuestra poética de la autobiografía siempre fue partidaria del “decir de menos” como principio axial, es decir de refugiarse en la opacidad del autor a pesar de que la naturaleza del proyecto autobiográfico reclame un compromiso menos ambiguo con la propia experiencia. Entonces era un problema político que ya se había transformado en un problema moral. Pero llegó Juan Goytisolo con su Coto vedado y su autobiografía de infancia y juventud fue una obra que hizo explotar las costuras del franquismo enfrentándonos a todos —homosexuales o no— a una verdad biográfica a la que la cultura española no estaba acostumbrada. El libro no se explica sin la lectura de Si la semilla no muere, la influyente autobiografía de André Gide: hay un imperativo confesional en Juan Goytisolo que no es nuestro. Y por ello su importancia fue mayor: encabezaría una línea introspectiva que apenas tenía precedentes entre nosotros —Unamuno, Blanco White, Rosa Chacel, poco más—. Un aura de misterio y de verdadera búsqueda personal latía en aquella primera entrega autobiográfica que resultaría de lectura imborrable. Su segunda entrega, En los reinos de taifa, publicada un año después, perdería no en intensidad pero sí en aciertos literarios, aunque eso ya no importaba porque Goytisolo nos había enseñado que la reflexión experimental sobre uno mismo es factible.

Anna Caballé es responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona.

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