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López Canito, un clásico de la pintura taurina

El artista madrileño expone en la plaza de Las Ventas treinta cuadros de toros y toreros

López Canito, ante uno de los cuadros que expone en Las Ventas.rn Ampliar foto
López Canito, ante uno de los cuadros que expone en Las Ventas.

López Canito (José López Fernández, Madrid, 1942) es un nombre estrechamente ligado al mundo de los toros. Su apelativo es un trazo instantáneo que suena a bravura, a campo ganadero, a traje de luces…

Pinta desde que era un niño, soñó con ser torero, pero prefirió acercarse al toro con sus pinceles; es autor de más de 500 carteles de toros, repartidos por todo el mundo, y ha realizado más de 70 exposiciones individuales entre España y la América taurina; la última, en la sala Antoñete de la plaza de Las Ventas, donde estos días presenta 30 óleos de vivos colores, entre los que destaca el protagonismo del toro en la dehesa y retazos toreros de Curro Romero, Paula y José Tomás.

Un tío suyo fue novillero; lo intentó, también sin fortuna, su padre, que se conformó con ser matarife y regentar una carnicería propia. Esa era la plaza predestinada para Canito si no se le despierta la vocación de la pintura en sus años mozos.

“Nací junto a Las Ventas, en un ambiente familiar taurino, quise ser torero con catorce o quince años, pero me encontré con la firme oposición materna, y pensé en volver a intentarlo cuando fuera mayor de edad”, cuenta Canito.

No fue así porque su verdadera afición era el dibujo, a pesar de que no pudo convencer a su padre de que le eximiera del aprendizaje del oficio de la carne, al que se dedicó hasta que cumplió 27 años.

Alternó, entonces, la carnicería con dibujos taurinos en la revista El Ruedo, colaboró, también como dibujante, en el programa de TVE Club Mediodía, que presentaba Bobi Deglané, huyó de los filetes y solomillos, y se dedicó a la pintura bohemia en Marbella, hasta que recaló en el mesón madrileño Las Cuevas de Luis Candelas, donde pudo establecer un diminuto estudio.

“Siempre tuve facilidad para la pintura, -comenta el artista-, y toda mi vida me he dedicado a la temática taurina. No sé hacer otra cosa. Siento la afición como algo muy íntimo, y con ella llevo casado toda mi vida”.

Es autodidacta porque no aprobó el examen de dibujo para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, pero es un autor muy prolífico.

“No paro de pintar desde el año 69”, añade. “No sé cuántos cuadros, pero muchos, repartidos por España, Venezuela, el país donde comencé a pintar en serio, Méjico, Perú y Estados Unidos”.

Dice que ha viajado más de sesenta veces a América, donde ha dejado cuadros, carteles y murales; confiesa que sus toreros preferidos han sido siempre Curro Romero (“siempre pensé que cuando se retirara el de Camas me dedicaría a pintar arbolitos”) y Rafael de Paula; y de los actuales siente verdadera pasión por José Tomás. “Y que no toree este muchacho es un sacrilegio”, se lamenta.

- ¿Se considera usted un buen pintor?

- No soy admirador de mi obra, pero con ella he sacado mi familia adelante.