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Julia Luuk Barcelona

Hay cosas que pulir en esta película pequeña e imperfecta, pero también palpita en ella la promesa de futuros logros

Esther González y Brian Teuwen, en 'Bittersweet days'.

BITTERSWEET DAYS

Dirección: Marga Melià.

Intérpretes: Esther González, Brian Teuwen, Patricia Caballero, Juan Miquel Artigues.

Género: comedia. España, 2016

Duración: 72 minutos.

Una vez concluye Bittersweet Days, ópera prima de Marga Melià, uno podría pensar que, con materiales no demasiado distintos, un cineasta como Hong Sangsoo firmaría otra de sus relevantes aproximaciones a las falibilidades e inconsistencias de la cotidianidad amorosa de los mortales. Lo que empieza como una comedia romántica preprogramada –chica, que se queda sola cuando su novio se va a trabajar a Londres, alquila una habitación a un fotógrafo holandés- acaba desvelando su punto conflictivo a mitad de metraje para llegar a unas conclusiones que privilegian una cierta verdad sentimental por encima del poder de la fórmula. La película acaba hablando de las dudas que genera el encuentro entre dos cuerpos, incertidumbres que pueden resolverse en la reafirmación de la propia identidad o en la construcción de nuevas posibilidades vitales.

Marga Melià delata, pues, unas preocupaciones temáticas que hubiesen merecido una película menos ingenua en sus maneras. Con una banda sonora planteada como una lista de reproducción indie y una descripción de Barcelona más cerca del imaginario Airbnb que, pongamos, del cine de Paco Betriu, Bittersweet Days pasea su carácter de postal relamida o de publicidad povera a lo largo de un metraje al que tampoco le sientan demasiado bien algunos cambios de tono. La visita a una exposición de arte menstrual en una galería ensaya un desafortunado registro satírico que se da bastante de bofetadas con el conjunto. Hay cosas que pulir en esta película pequeña e imperfecta, pero también palpita en ella la promesa de futuros logros.

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