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Paseos con Teju Cole

Frente a escritores "bebibles", aquellos que describiendo la realidad transforman el lenguaje

Foto de Nueva York tomada por Teju Cole.
Foto de Nueva York tomada por Teju Cole.

Corro peligro en la Feria porque, en cuanto oigo la palabra “legible”, amartillo mi pistola. ¿Y si leyéramos a Ben Roth que dice en The Millions que los “libros legibles” sólo le remiten a los anuncios de “cervezas bebibles”: cervezas fáciles de ingerir y en las que uno no se demora ni loco, porque no hay posibilidad en ellas de saborear nada? Ben Roth completa su artículo con diatribas hacia la artificial “literatura de calidad” de ahora (Franzen, Donna Tartt, Zadie Smith, Ferrante, Knausgård) y, en oposición a esos “autores bebibles”, propone una lista alternativa, un grupo de novelistas que se resisten a ciertos lugares comunes y que, al demorarse en la descripción de la “realidad bárbara” que nos rodea, recompensan nuestra atención transformando el lenguaje: Teju Cole (Ciudad abierta), Lydia Davis (Cuentos completos), Tom McCarthy (Hombres en el espacio), Dana Spiotta (Inocentes y otras).

Hará un mes, la indiferencia con la que Barcelona acogió a Teju Cole —historiador de arte y fotógrafo, representante clave de la gran nueva narrativa— reveló una atmósfera cultural indolente, en obvia sala de cuidados intensivos. Quienes pasearon con Cole aseguran que para este autor nigeriano-estadounidense, al igual que en Ciudad abierta, una excursión urbana ha de agotar los callejones y saber diluirse en la nocturnidad hasta acabar convirtiéndose en la actividad más imaginativa. Nada raro, por lo demás: los paseos suelen crear sintaxis mentales y narrativas muy personales. Es lo que ya observamos que sucedía en Ciudad abierta, donde el narrador-caminante enfila en Nueva York un angosto callejón en el que al fondo se ve un edificio negro hacia el que avanza hasta descubrir que en realidad es una torre cubierta de una densa malla negra y que ahí están las ruinas del World Trade Center. Es uno de los grandes momentos de la literatura contemporánea, quizás porque aprendemos a buscar lo oculto en el negativo puro y duro de la más oscura imagen nocturna.

“No tiene la menor importancia, por eso es tan interesante”, dijo Agatha Christie en cierta ocasión. Y su frase nos devuelve a Teju Cole, que trabaja ahora en un libro de fotografías y textos donde se interroga acerca de lo que no vemos en las imágenes, aquello que está ahí, pero que no alcanzamos a ver o aquello que, como decía Perec,“no se nota, lo que no tiene importancia, lo que pasa cuando no pasa nada”. Creo que a Cole le interesaría Ni le ciel ni la terre, gran ejercicio cinematográfico de Clément Cogitore, donde un regimiento francés en misión de vigilancia en Afganistán viaja hacia “lo ilegible”. Al utilizar el regimiento cámaras térmicas y visores infrarrojos que ayudan a espiar la noche del tenso poblado árabe, Cogitore va mostrándonos, con espíritu terrorífico, cómo en realidad los visores no ayudan nada y cada día el ojo humano sirve menos para acreditar la verdad y el conocimiento. Y también cómo a cada momento se vuelven más irreconciliables los dos caminos: la realidad bárbara y casi ilegible, y esa otra tan casera y legible, pero artificial.

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