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Pepe Luis Vázquez: retrato de un torero de época

Antonio Lorca y Carlos Crivell reconstruyen en un libro la trayectoria de uno de los grandes del siglo XX

El ministro del Interior Juan ignacio Zoido (c), en la presentación del libro del crítico Antonio Lorca (a su lado a la derecha) sobre el torero Pepe Luis Vázquez. Ampliar foto
El ministro del Interior Juan ignacio Zoido (c), en la presentación del libro del crítico Antonio Lorca (a su lado a la derecha) sobre el torero Pepe Luis Vázquez.

Frente a todos los planteamientos y análisis teóricos, frente a todas las exquisiteces literarias, hubo y hay gente que de pronto dice cosas, cosas en apariencia banales aunque en realidad tan profundas: “Es muy difícil torear bien”. Eso cobra hoy un valor real frente a tanta impostura incrustada en la Fiesta.

La frase de marras, cinco meras palabras, la dijo el maestro Pepe Luis Vázquez en el salón de su casa de la calle Beatriz de Suavia de Sevilla. La dijo un otoño de 2012 –seis meses antes de irse del mundo- delante de sus dos visitantes de aquella tarde, los críticos taurinos Antonio Lorca y Carlos Crivell. Y la remató así: “La pureza y el temple son lo mejor que hay, son casi cosa de Dios”. Queda claro, pues, que a Pepe Luis Vázquez le partió la cara un toro de Escobar (Santander, 25 de julio de 1943) pero que la lengua la mantuvo intacta.

“Es difícil torear bien”. Pepe Luis Vázquez (Sevilla, 1921-2013), el Sócrates del barrio de San Bernardo, torero de época, lo hizo en la posguerra española como los ángeles, mandando en el escalafón junto a Manolete. El toreo profundo y el duende, el pase por alto y el adorno, los naturales y la media verónica de emborrachar multitudes, el kikirikí y el cartucho de pescao, un escándalo: citar al toro desde los medios, los pies juntos y la muleta plegada, y solo cuando el morlaco olía la taleguilla, desplegar el trapo y embarcar al bicho.

Intuición y razón, alma y corazón, técnica y arte. Los vértices del toreo según Pepe Luis Vázquez. Y ante semejante avalancha de lógica resumida en aquella frase, “Es muy difícil torear bien”, no les quedó más remedio a Antonio Lorca y a Carlos Crivell que ponerse manos a la obra y, en palabras de Lorca, crítico taurino de EL PAÍS, “resucitar a aquel torero de época, un hombre cabal, un caballero de los de antes, honrado y de los que no hablaban por no molestar, un hombre de campo al que no le gustaban el halago ni el bullicio”.

Fruto de aquella tarde en su casa de Sevilla, “donde nos recibió cuando ya había perdido la vista y casi el oído”, recuerda Lorca, es el libro Pepe Luis Vázquez. Torero de culto (El Paseo Editorial), escrito al alimón por dos críticos que gustarán o dejarán de gustar en sus análisis subjetivos. Pero cuyas actitudes objetivas no admiten negocio: son honrados y dicen y escriben lo que los ojos y la cabeza les dicta. Rara virtud en tiempos así y más en un mundillo tan demostrablemente sinuoso –y peor, interesado- como el taurino, rendido, como suele sostener Lorca en sus crónicas día sí y día no, a la connivencia entre las figuras, los empresarios y los ganaderos.

El volumen fue presentado en el Aula Cultural Antonio Bienvenida de la Plaza de Toros de Las Ventas, en presencia de numeroso público entre el que se encontraba Pepe Luis Vázquez, nieto, y el ministro del Interior y taurino impenitente Juan Ignacio Zoido. Las 323 páginas destilan cantidades ingentes de dato y sabiduría, además de amplio material gráfico, sobre el hombre y sobre el matador (para el que matar fue siempre la asignatura pendiente). Las faenas históricas, los percances, el desencanto, la plenitud… todo cabe en el libro de Lorca y Crivell.

“Su vida fue novelesca”, dice Carlos Crivell, crítico taurino en las páginas de El Mundo y de la revista Aplausos y en las ondas de la Cadena Cope. Y dice bien. De chaval, Pepe Luis Vázquez se forjó como matador de toros dando chaquetazos a las vacas viejas en el Matadero Municipal de Sevilla, donde trabajaba su padre y donde habían trabajado sus abuelos. Luego empezó a ver a Chicuelo y a Belmonte –“que fueron sus espejos”, sostiene Crivell- en el desolladero de La Maestranza. Tomó la alternativa el 15 de agosto de 1940 en Sevilla. Se hizo figura. Sacó adelante a sus abuelos, a sus padres y a sus hijos en aquella España de hambre y pandereta. Toreó ante Franco y Himmler en Las Ventas. Se retiró en 1953. Reapareció en 1959 y se retiró del todo. En 2001 fue incluido en la lista de los diez toreros más importantes de la Historia. Murió un mayo de 2013 y la plaza de Las Ventas, en pleno San Isidro, se quedó muda.