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76ª feria del libro de madrid

Un mercado pequeño pero fiel

En Portugal dominan dos grandes grupos editoriales que en los años de crisis han ido comprando a la competencia en aprietos

Un hombre lee en el jardín del Torel (Lisboa).
Un hombre lee en el jardín del Torel (Lisboa).

No queremos hacer más de lo mismo”, dice Gonçalo Martins, que fundó en plena crisis económica la editorial Chiado. “Creíamos que había aspectos de la edición obsoletos. Chiado es la editorial del siglo XXI”.

Los manuscritos llegan a Chiado principalmente por correo electrónico y por el mismo medio la editorial promete contestar antes de 10 días. El pasado año publicó 1.500 títulos en portugués, el 10% del total, muchos de ellos de autores primerizos. “La mayor gratificación son los casos en que se parte de cero, cuando un autor es absolutamente anónimo, con una obra de nicho y que consigue crear una base de centenares o millares de lectores, fruto de trabajo, empeño y apuesta”. Fue el caso del veinteañero André Fernandes, 2.500 ejemplares vendidos de su primera obra, Tia Guida.

Pistas portuguesas

  • No es medianoche quien quiere. António Lobo Antunes (Literatura Random House).
  • En tu vientre. José Luís Peixoto (Literatura Random House).
  • Obra completa. Álvaro de Campos (Pre-Textos).
  • Poesía completa. Mário de Sá-Carneiro. (Renacimiento).
  • Dibujos animados, realidad imaginada. José de Almada Negreiros (La Umbría y la Solana).  
  • La muerte sin maestro. Herberto Helder (El gallo de oro).
  • De los líquidos. Daniel Faria (Sígueme).
  • Qué haréis con este libro. Teatro completo. José Saramago (Alfaguara).
  • El papel de la mujer en la lucha por la liberación y la igualdad. Lurdes Viegas Pires dos Santos Catarata).
  • El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política. Boaventura de Sousa Santos (Trotta).

El caso de Chiado Editora es singular en un país donde dominan dos grandes grupos, Porto y LeYa, que abarcan todo tanto en literatura como en texto escolar, y que en los años de crisis han ido comprando a la competencia en aprietos.

“Son más de 500 editoras registradas en el país, pero comercialmente activas no hay muchas más de 200”, cuenta Bruno Pires Pacheco, director de la Asociación Portuguesa de Editores y Libreros (APEL). “En cinco años el sector ha perdido el 25% de sus ventas, aunque este inicio de 2017 augura una cierta estabilización”.

Desde una facturación máxima de 370 millones de euros en 2008, ahora apenas se llega a los 300 millones. Según fuentes del sector, las dos grandes, LeYa y Porto, facturan en torno a los 40 millones de euros; después le siguen Presença y 20/20 —también nacida hace siete años—, con facturaciones de en torno a 10 millones de euros, y ya el resto no supera los 2 millones de euros; entre ellas, una de las más cuidadosas con lo que publica, Tinta da China (2005), muy centrada en la literatura de calidad y que ha renovado el grafismo y el diseño de las portadas.

“Para los independientes ha sido muy difícil”, explica Bárbara Bulhosa, de Tinta da China. “Han sido años de mucha concentración; pero ahora está mejor, han aparecido muchos pequeños editores, marginales, lo que es saludable. El lector portugués es un lector exigente. Con la crisis de 2012, el mercado que más sufrió fue el de los superventas; libros que vendían 150.000 ejemplares pasaron a vender 50.000. Nunca fue el mercado de Tinta da China y quizá por ellos sufrimos mucho menos la crisis que los grandes grupos”.

En cinco años el sector ha perdido el 25% de sus ventas, aunque este inicio de 2017 augura una cierta estabilización

Bulhosa recuerda esos años. “En Portugal ocurrió una cosa tremenda, un grupo fue comprando editoras por sus catálogos y acabaron por perder a casi todos los editores que las habían construido y mantenido. Además, hay una serie de buenos autores que se sienten maltratados por no ser superventas. Los autores 1.500 (por la tirada de sus libros) fueron arrinconados e invitados a irse. Para el mercado, los grandes grupos son sin duda importantes, para la literatura tengo serias dudas”.

Vasco David es un buen ejemplo de pez chico comido por pez grande. Editor de Assírio y Alvim, sello especializado en poesía, en 2012 fue adquirido por el grupo líder Porto Editora, donde ahora trabaja. “Lo que le puedo decir es que en este caso, como en otros que he visto más o menos de cerca, la adquisición fue la salvación de la editorial, que, habiendo tenido la audacia y la capacidad de enorme relevancia en los últimos 30 años, no tenía ni la capacidad de gestión ni el músculo de distribución que la entrada de un gran grupo proporciona”. Sextante y Livros do Brasil fueron otras editoriales que compró Porto Editora.

Según TGI de Marktest, el 65,2% de los portugueses leyó al menos un libro en 2014. El 55,4% de los hombres y el 74% de las mujeres. De media, cada portugués lee entre tres y cinco libros al año.

El libro que sale de Portugal
tiene que ser traducido si quiere ser vendido en Brasil, porque el brasileño no entiende el portugués de Portugal

“Aparte de la crisis, ha habido una disminución de los hábitos de lectura, sacrificados a una cultura de entretenimiento instantáneo o casi instantáneo con la televisión, los videojuegos e Internet”, señala David. “Asistimos a una reformulación de la política del libro escolar que puede tener consecuencias desastrosas para la industria. Si avanzan las propuestas legales [se refiere a las que propugnan los socios del Gobierno Bloco y PC, junto al PS], asistiremos a una erosión profunda de las librerías independientes que conducirá a la fragilización del sector”.

David cita a los jinetes del apocalipsis del sector, crisis permanente, piratería y digitalización del ocio. “Todo ello puede conducir a la degradación en la correa económica del libro, con disminuciones de pedidos a las papeleras, a los talleres gráficos, desempleo…”.

Bárbara Bulhosa envidia el mercado español por ser más competitivo. “Una traducción vale para otros países de lengua española; en el caso del portugués no es así”. Al otro lado del Atlántico hay 200 millones de lusoparlantes, pero la industria nunca le ha sacado partido. “Son dos mercados distintos”, señala Pires Pacheco. “El acuerdo ortográfico ha ayudado un poco a aproximar las diferencias, pero en rigor el libro que sale de Portugal tiene que ser traducido si quiere ser vendido en Brasil, porque el brasileño no entiende el portugués de Portugal, aunque sí ocurre el fenómeno inverso. A efectos industriales, la relación con Brasil es la misma que podemos tener con España. No aprovechamos el mismo idioma, que sólo ocurre en el caso de Angola o Mozambique, pero es un mercado testimonial de apenas 40 títulos anuales”.

Portugal es un mercado pequeño pero fiel. “Durante la crisis, la gente se prestaba los libros, leímos los que teníamos abandonados en la librería, pero el gusto por leer ha permanecido”, señala Bulhosa. “En Portugal, el libro tiene mucho prestigio, todas las tentativas para introducir el ebook fallaron estrepitosamente”. Según las cifras de APEL, el libro electrónico no representa ni el 1% de la facturación global. Aun así, Gonçalo Martins, de Chiado, no lo desdeña: “Todo nuestro catálogo está en formato electrónico a tres euros el título”.

El libro tiene mucho prestigio en el país, todas las tentativas para introducir el ebook fallaron estrepitosamente

“Internet ha modificado los hábitos de lectura, constituyendo él mismo un soporte de lectura”, señala el editor de Porto. “Internet incluye esa cultura de entretenimiento con gratificación inmediata, difícil de conseguir en el libro, que, ofreciendo al final una recompensa mucho más vasta y duradera, es exigente, da trabajo, requiere tiempo”.

“Soy muy optimista”, remata Bárbara Bulhosa, de Tinta da China. “El libro es el producto industrial más antiguo que permanece igual. Fue una gran invención y no creo que acabe, todo lo contrario; que el ebook haya sido un absoluto fracaso me anima mucho”.