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El rigor de la anarquía

La compañía Societat Doctor Alonso invita al público a acompañar guitarra eléctrica en mano a la intérprete croata Semolina Tomic en un espectáculo sobre la utopía

Semolina Tomic, en un momento de la obra 'Anarchy'. Ampliar foto
Semolina Tomic, en un momento de la obra 'Anarchy'. Antic Teatre

ANARCHY

Dramaturgia: Tomàs Aragay. Intérprete: Semolina Tomic. Luz: Cube-bz. Espacio sonoro: Marc Navarro. Dirección: Sofía Asencio.Pamplona. Festival DNA. Librería Katakrak, 20, 22 y 23 de mayo.

España fue uno de los lugares donde el anarquismo floreció y desarrolló una red radicular mayor durante las primeras décadas del siglo XX. ¿Qué queda de aquella pujanza utopista en la era de las escuelas de negocios? La Societat Doctor Alonso y Semolina Tomic crean una interesante metáfora del método y del alma anarquista en Anarchy, espectáculo inspirado a dos voces por el testimonio que George Orwell da de la revolución sucedida en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil española y en la efervescencia de la escena punk, de la que Tomic formó parte en su día

El discurso que la actriz desgrana, apenas desarrolla el enunciado del espectáculo: tiene mayor fuerza lo que hace (amparada en una presencia física imponente), que cuanto dice, salvo algunas sorpresas. Por ejemplo, que en su Yugoslavia natal se estudiara la revolución anarquista catalana en el colegio: allí, Homenaje a Cataluña era un título familiar. Durante su actuación, los espectadores, equipados casi todos con una guitarra eléctrica y con su amplificador correspondiente (que nos encontramos en los asientos al entrar), puntuamos e ilustramos musicalmente la función, llevado cada uno de nosotros por su intuición, su oído musical o sus conocimientos en la materia.

Sorprendente, el buen e improvisado criterio con el cual el público de una función ofrecida en La Casa Encendida madrileña acompañó en general a la intérprete, sin taparla nunca, con una discreción reveladora de que la inteligencia colectiva no opera solamente en los paneles de expertos; o, quizá de que, como opinan los wagogo, el sentido musical es patrimonio de la Humanidad.