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Dejándose la piel

Un documental que se beneficia de la contemporánea sobresaturación de imágenes

Sergei Polunin, en un fotograma de 'Dancer'.

DANCER

Dirección: Steven Cantor.

Documental

Género: biográfico.

Gran Bretaña, 2016

Duración: 85 minutos.

En un momento de este absorbente documental que recoge una rápida ascensión, una fulminante caída y un largo proceso de reconstrucción y redención, la cámara de Steven Cantor desciende para mostrar los pies del joven bailarín Sergei Polunin tras una representación: son, directamente, los pies de un crucificado, amoratados, salpicados de sangre, trascendidos por el dolor. De origen ucraniano, nacido en una familia humilde que tuvo que disgregarse para poder financiar los costes de la educación artística de ese retoño que parecía haber nacido con una sobrenatural flexibilidad en los huesos, Polunin se convirtió en el bailarín solista más joven en el Royal Ballet londinense, una temprana conquista lograda tras pagar un considerable precio afectivo y que exigió una inmediata vía de escape en clave de flirteo con la autodestrucción. Con el cuerpo completamente tatuado, Polunin no tardó en ser bautizado por la prensa británica como el Chico Malo de la danza clásica, leyenda que él mismo se entretuvo en alimentar con una impúdica visibilidad en los territorios más hedonistas de la noche y con sus incendiarias declaraciones sobre su alta capacidad para ofrecer deslumbrantes representaciones con buenas dosis de cocaína entre pecho y espalda. Pero el tren sin frenos llegó a un punto límite y el artista tomó la controvertida decisión de abandonar: a los veintidós años, tras dos temporadas en el Royal Ballet, Polunin dejó la compañía y, según parecía en un primer momento, también la disciplina que estaba ahogando su potencial artístico.

Dancer es un documental que se beneficia de la contemporánea sobresaturación de imágenes: a través de su entramado de vídeos familiares, tomas de la propia cámara personal del personaje, extractos de informativos, abundante documentación audiovisual de ensayos y procesos de aprendizaje, la película deja claro que poco ha quedado sin registrar en la vida de Polunin. Abocado a reconstruir su fama participando en programas de la televisión rusa un tanto indignos de su talento, el bailarín, finalmente, vivió su particular momento Ave Fénix con un gesto netamente contemporáneo: viralizando su arte a través de un vídeo realizado por David LaChapelle. Y aún tiene 27 años.

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