Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
libros

El Holocausto en la ficción española

Tres novelas y una obra de teatro ambientadas en los tiempos del horror nazi coinciden en tratar la tragedia

Judíos checos deportados al campo de Terezín en 1944.
Judíos checos deportados al campo de Terezín en 1944.

Memorias de Bastian, una novela con ínfulas pedagógicas, escrita en el tono neutro de los best sellers, se centra en los preparativos del Holocausto, al explicar en forma dramatizada el supuesto nacimiento de los métodos con los que el totalitarismo nazi doblegó la voluntad de disidentes y judíos. Bastian Höss (personaje ficticio) es un talentoso sociólogo a quien el general de las SS Reinhard Heydrich obliga bajo amenazas a colaborar con él y con un equipo de elegidos en un proyecto secreto: un minucioso estudio científico que daría las pautas para proceder con éxito en la destrucción anímica e incluso física de los opositores al régimen.

Con personajes inventados que encarnan estereotipos de la época —un sabio judío expulsado de la universidad o la esposa comunista de Bastian— y otros reales —Adolf Eichmann, por ejemplo (pintado como un burócrata gris)—, Hugo Egido (Madrid, 1970) calcu­la bien las dosis de teoría, acción y suspense, por lo que logra mantener la atención del lector hasta el final, aun cuando cierta sensación de soberana inverosimilitud rodee los logros teóricos de los protagonistas, quienes prácticamente diseñan solos todo el aparato de terror de los nazis.

Xavier Güell (Barcelona, 1956) ambienta su novela en Theresienstadt —­Terezín en checo—, un lugar de Checoslovaquia escogido por los nazis para recluir a judíos “prominentes”, así como “campo modelo” que serviría para confundir al mundo haciendo creer que los judíos expulsados de Alemania residían en pequeñas ciudades donde eran tratados con dignidad. Con este fin se filmó allí la película de propaganda: El Führer regala una ciudad a los judíos (1944). El director judío-alemán Kurt Gerron fue obligado a dirigirla antes de morir gaseado en Auschwitz.

En Terezín encerraron a músicos y compositores judíos, algunos célebres en su época, como Hans Krása (autor de la ópera infantil Brundibár, representada por niños reclusos en Terezín con enorme éxito), Viktor Ullmann y Pavel Haas. Armados con su arte musical y teatral, fueron capaces de ilusionar a otros confinados.

Las cuatro historias son trágicas y cumplen un digno cometido: ennoblecer a los mejores seres humanos

Con estos personajes reales como protagonistas junto con otros del bando contrario, también históricos, el cruel médico nazi Josef Mengele —“el mayor asesino de todos los tiempos”— y de nuevo Adolf Eichmann (caracterizado ahora como taimado hipócrita mefistofélico), además de personajes imaginarios, la doctora Stein y su marido —un nazi amargado que es capaz de interpretar al piano las Variaciones Goldberg sin apenas errores—, Güell logra una obra que atrapará a aquellos lectores que no tengan prejuicios contra los momentos de efecto tipo Hollywood o un cierto exceso de prolijidad al tratar las escenas musicales.

La trama es rocambolesca: Elisabeth Stein, casada sin amor con el comandante del campo, ama desde niña a Krása e intenta un plan para salvarlo del exterminio. Para ello tendrá que negociar con Eichmann un pacto suicida. La historia, con crueles sorpresas y suspense, con sus reflexiones teóricas sobre música y filosofía (¡Spinoza!), atrapa al lector mientras lo invita a reflexionar con pensamientos como éste: “La música es la única sustancia que predice la eternidad, la muerte no tiene poder sobre ella. Cuando se enfrentan, inclina el espinazo y, humilde, se aleja”.

Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), en una novela claustrofóbica, algo kafkiana, con un solo personaje central concentrado en sí mismo, imagina el regreso de un sobreviviente de Auschwitz que colaboró en el departamento del campo que llamaban “Kanada”: el lugar donde se clasificaban las pertenencias confiscadas a los deportados antes de ir a la cámara de gas; desde ropas y objetos personales hasta oro. Los presos de Kanada tenían ciertos privilegios y muchos sobrevivieron. Al regresar a Hungría, consternado, se recluye en una habitación de su antiguo piso; como un muerto en vida, padece delirios numéricos y es asaltado por los recuerdos. Si condescendemos con un puñado de páginas un tanto anodinas, leídas con la esperanza de alguna revelación interesante, la novela en conjunto compensa el esfuerzo, pues el regresado a la vida desgrana unos recuerdos de Auschwitz sustanciales, mientras cobra conciencia de la nueva realidad que tras la guerra atenaza a su país: los comunistas están imponiendo un régimen de terror en el área que conformará el telón de acero; a su alrededor, la gente se rebela. El protagonista se abre a la tremenda evidencia: parece que sólo hay muertos por doquier, infinidad de muertos contados y sopesados, arracimados, víctimas de crímenes infinitos que se agolpan en la historia de la humanidad y que jamás cesarán. Su lucidez lo conduce a reflexiones desoladoras de este tenor: “Los mayores crímenes de la historia quedan impunes y los turistas terminarán por admirar la potencia de los criminales y la insignificancia de las víctimas”. Tétrica perspectiva.

Juan Mayorga (Madrid, 1965), dramaturgo internacional, presenta una nueva obra teatral que, con trazos muy austeros, desarrolla la original historia de un anciano cartógrafo del gueto de Varsovia que se empeñó en dibujar un mapa de aquel lugar ignominioso mientras todo moría a su alrededor. Como sus piernas no lo sostenían y no podía buscar los datos que necesitaba, será su pequeña nieta la que —arriesgando la vida— le ayude a trazar el plano. Jugando con el presente y el pasado, con varios personajes y con el ánimo de reflexionar (son estupendos los comentarios sobre el significado de los mapas… “¡Cuántas catástrofes han comenzado con un mapa!”), Mayorga consigue una obra emotiva que sitúa al lector/espectador en medio de aquella trágica historia del gueto de Varsovia, arrasado en mayo de 1943 tras una resistencia desesperada de sus extintos ocupantes, y que costó a los alemanes casi mil soldados muertos.

Las cuatro historias son trágicas y cumplen un digno cometido: ennoblecer a los mejores seres humanos, a aquellos que rechazan ceder su libertad ante dictadores y genocidas.

‘Memorias de Bastian’. Hugo Egido. Edhasa. Barcelona, 2016. 282 páginas. 19 euros.

‘Los prisioneros del paraíso’. Xavier Güell. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017. 320 páginas. 19,90 euros.

‘Kanada’. Juan Gómez Bárcena. Sexto Piso. Madrid, Ciudad de México, 2017. 196 páginas. 19,90 euros.

‘El cartógrafo’. Juan Mayorga. Con un ensayo de Alberto Sucasas. La Uña Rota. Segovia, 2017. 128 páginas. 12 euros.