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Toreros de raza

Fortes y Román ofrecen una lección de valor y entrega ante los serios y ásperos toros de Lagunajanda

El diestro Saúl Jiménez Fortes este martes en Las Ventas.
El diestro Saúl Jiménez Fortes este martes en Las Ventas.

Cuando se enfrentan un toro serio y un torero de raza no hay cartel flojo en una feria. Era este de esos de poco tirón hasta que salió el toro que, por sus astifinas defensas, se ganó el respeto del público y, después, por su seriedad de comportamiento y aspereza, maximizó el sentido del riesgo. El círculo de la emoción se cierra cuando aparece un torero dispuesto a jugarse la vida, consciente de que esa tarde puede ser el todo o la nada de todos los sueños que acumulados.

La corrida de Lagunajanda no fue buena porque le faltó calidad, movilidad y encastada nobleza; pero no fue tonta al estilo moderno. Toros de imponentes cabezas, mansurrones en los caballos y de comportamiento bronco y complicado en el último tercio; toros exigentes con los toreros y con la atención de los espectadores. Toros duros que no permitían dudas, toros para toreros machos de verdad, gente valerosa, dispuesta a anclar las zapatillas en la arena y esperar que la moneda cayera de cara.

Con un muletazo cambiado de rodillas inició Fortes la faena al segundo de la tarde, un toro fiero, combativo e incierto, casi las mismas condiciones que mostró el torero en su labor. Siempre bien colocado y cruzado, dibujó Fortes dos tandas de naturales ceñidísimos, de esos en los que los pitones calientan los muslos. Muletazos no para la alegría festiva, sino para el sufrimiento, de los que ponen el corazón en el puño, en la seguridad de que el muchacho se está colocando en la cuerda floja de la vida. Tres bernardinas valentísimas pusieron el broche a una actuación que la plaza siguió con enorme atención. Y eso que no fue una faena vistosa, pero sí honda y cargada de argumentos. No hubo oreja, y la mereció. Quizá, algunos, equivocadamente, no blandieron el pañuelo porque creyeron que eso no era toreo. Y allí había un torero de raza. Nada más y nada menos.

Lagunajanda/Del Álamo, Fortes, Román

Toros de Lagunajanda, bien presentados, serios, de astifinas defensas, mansos, descastados y ásperos.
Juan del Álamo: estocada caída (silencio); metisaca y estocada (silencio).
Fortes: estocada —aviso— (petición y vuelta); estocada —aviso— un descabello y el toro se echa (silencio).
Román: pinchazo, cuatro descabellos —aviso— y cinco descabellos (ovación); pinchazo —aviso— estocada y cuatro descabellos (silencio).
Plaza de Las Ventas. Sexta corrida de feria. 16 de mayo. Más de media plaza (13.178 espectadores).

La misma senda tomó Román. No culminó faena ante el tercero, sufrió una faena voltereta y lo mató mal, pero tiene valor y ganas para regalar. Aprovechó la codicia del toro para lucirse con dos tandas de redondos y unos naturales que no alcanzaron el clímax requerido. Quedó constancia, no obstante, de que un torero a tener en cuenta.

El resto de la corrida no sirvió. Ni el lote de Del Álamo, que quedó inédito ante un inválido y otro desinflado; ni el quinto, soso, con el que Fortes se mostró esforzado y pesado, ni el sexto, que se paró antes de tiempo.

Hazem al Masri El Sirio volvió a saludar en Las Ventas tras un arriesgado par de banderillas. Como decía un vecino: “Siria tiene un torero”.

La corrida de hoy

Toros de Fuente Ymbro, para El Fandi, Miguel Ángel Perera y José Garrido.