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‘Fe de etarras’, una comedia alocada sobre ETA, será la segunda película española de Netflix

La plataforma 'online' producirá el filme de Borja Cobeaga sobre un comando de la banda

El director y guionista trabajaba en el proyecto desde hacía años

Diego San José (izquierda) y Borja Cobeaga, en Madrid en 2014.
Diego San José (izquierda) y Borja Cobeaga, en Madrid en 2014.

De cada balcón cuelga una bandera. Ser español, en el verano de 2010, es toda una alegría. La Roja avanza imparable en el Mundial de Fútbol y en cada piso del vecindario se suspira por un triunfo que, por una vez, no parece tan utópico. Bueno, en todos salvo uno. Porque hay un apartamento donde los éxitos de la selección despiertan más bien rabia y dilemas. Allí, oculto entre cuadro paredes, un comando de ETA espera una llamada que le lance a la acción. Mientras, sus miembros se atormentan entre dudas y crisis personales. “¿Qué hacen? ¿Cuelgan una bandera para mimetizarse, pero traicionando todos sus principios?”, relata Borja Cobeaga uno de los problemas que afrontarán los terroristas en Fe de etarras. El proyecto maldito del director y guionista, que trata de sacar adelante desde hace más de una década, al fin está confirmado. Netflix, gigante estadounidense de la producción y la distribución de cine y series online, financiará y estrenará esta "comedia alocada sobre un tema gravísimo; como Friends pero en un piso franco”, en palabras de Cobeaga, cuyo rodaje empezará estos días. Será el segundo filme español de la plataforma, tras el thriller sobre la corrupción Siete años.

“Diego San José y yo empezamos a hablarlo ya en 2004, mientras hacíamos Vaya Semanita [programa de humor de la televisión vasca ETB 2]; vimos que este tema desde la perspectiva del humor no se había tratado nunca. Aunque desde entonces el proyecto ha cambiado muchísimo, no se parece en nada”, asegura Cobeaga. Y cuenta que él y San José (responsables de los guiones de Ocho apellidos vascos, el filme español más taquillero de la historia, y su secuela, Ocho apellidos catalanes, entre otros) han escrito al menos cinco versiones del filme. En la primera, el comando atrincherado protagonizaba una de las tres tramas que se entrelazaban. En otra, los etarras acababan incluso asumiendo la presidencia de la comunidad de vecinos.

Mientras, han pasado 13 años y el fin de la violencia de ETA ha cambiado la historia de España y de Fe de etarras. La reducción de la tensión, y el anuncio hace dos meses de la entrega de las armas por parte de la banda, han abierto una ventana donde las artes se han metido de cabeza, por más una comedia sobre el terrorismo aún siga generando algún recelo o incluso crítica feroz. Cobeaga ya ha tratado con humor ETA en Ocho apellidos vascos y El negociador, que dirigió y escribió. La obra teatral Burundanga también se ríe desde hace varias temporadas de la banda. Y Patria, de Fernando Aramburu, es el libro más comentado y aplaudido de los últimos meses. “Es un contexto idóneo. Nos permite repasar todo lo que ha ocurrido en Euskadi y nos da cierta perspectiva de lo absurdo de haber vivido con esta violencia”, explica Cobeaga.

De ahí que ahora el filme esté “muy pegado a una banda en vías de desaparición, a sus últimos coletazos, cuando está a punto de comunicar el cese de la violencia”, asevera el director. El anuncio finalmente se produjo en octubre de 2011, pero el filme se remonta unos 15 meses atrás. La euforia nacional por la victoria en la Copa del Mundo, que ya protagonizaba otra comedia, La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo, debió de ser una tentación irresistible para un guion cómico sobre ETA. A ello, la trama suma los disparates que vive cada miembro del comando.  "Un veterano que está deseando demostrar que no es un cobarde [Javier Cámara], una pareja cuyo compromiso depende de la continuidad de la banda [Miren Ibarguren y Gorka Otxoa] y un manchego que cree que entrar en el comando le hará sentir como si fuera Chuck Norris [Julián López]", lo resume la sinopsis oficial.

“La risa puede contribuir a sanear algunas heridas”, agrega el cineasta. Aunque, tras 43 años de terrorismo y 829 víctimas mortales, todavía hay frentes abiertos tremendamente serios. “Ha sido tal la alegría de la normalidad, que hemos pasado por delante de muchas cosas pendientes e irresueltas. La primera, los presos. ETA ha hecho muchos gestos y el Gobierno debería responder a ello. La única manera de cerrar esto es con la participación de todos. Igual el Ejecutivo piensa que quedarse parado ahora mismo es lo mejor, pero es peligroso y puede acumular tensiones”, considera Cobeaga.

Él, en cambio, por fin puede respirar aliviado: Fe de etarras será una realidad. Todo desde que Javier Méndez, de MediaPro, coproductora del filme, le sugirió: "¿Y si lo intentamos con Netflix?". “Hacerla es una gozada, además con total libertad como Diego y yo habíamos imaginado”, relata el director. El acuerdo con Netflix, eso sí, supone amoldarse a las reglas de la plataforma: el único estreno garantizado es online —aún no hay fecha—, mientras que la llegada a las salas se antoja altamente improbable; justo la razón por la que el Festival de Cannes acaba de enfrentarse a Netflix. A Cobeaga, sin embargo, no le preocupa en absoluto: “Me parece el medio adecuado, por las características del proyecto. Para mí es una manera nueva de hacer las cosas y me hace ilusión. Adoro las salas pero las mejores películas de mi vida las he visto en una televisión de 14 pulgadas”. A cambio, Netflix ofrece sus 100 millones de usuarios como público potencial. Así que Fe de etarras podrá entrar en miles de casas. Quizás, hasta en algún piso franco. 

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