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La mano que mece Malpaso

El empresario mexicano Bernardo Domínguez, socio y amigo de Jordi Pujol Ferrusola, financia el sello barcelonés, cuya gran expansión despierta recelos en el sector editorial

Inauguración del restaurante Malpaso, en septiembre de 2015.
Inauguración del restaurante Malpaso, en septiembre de 2015.

Se conocieron en 2004 en el Club de Industriales de México, ágora de grandes fortunas. Jordi Pujol Ferrusola logró verle unos minutos gracias a un abogado. Su padre acababa de abandonar la presidencia de la Generalitat y Júnior cruzó el océano para hacer negocios lejos de Cataluña. Bernardo Domínguez Cereceres ya era un potentado en su país: multimillonario y dueño de Desarrollo Servicios de Construcción (DSC), un gigante de la vivienda, el turismo y la obra pública. A Domínguez no le cayó en gracia Pujol, que no obstante se hizo perdonar, arrancó una segunda cita y forjó una amistad que hoy perdura.

El sumario del caso Pujol ha puesto el foco, muy a su pesar, sobre Bernardo Domínguez, de 56 años, el hombre que mueve los hilos de un proyecto que ha fascinado y alarmado al sector editorial español: Malpaso. Este sello, en apenas cuatro años, se ha abierto un hueco en el mercado con una apuesta muy ambiciosa.

El padre de Domínguez, del mismo nombre, prestó 2,3 millones a Pujol hijo en 2005 para construir el Encanto, un hotel de lujo en la turística Acapulco a cuya inauguración acudieron el expresident y Marta Ferrusola. Dos años más tarde, volvió a financiarle (4,1 millones) para entrar en el mundo de los casinos a cambio de un 20% de los beneficios. Ningún proyecto cuajó, el padre murió y el primogénito quedó endeudado.

Nacido en Chihuaha en una familia de clase media católica, el hoy también empresario del libro vive entre Londres y Barcelona, sede de la editorial, librería y restaurante mexicano Malpaso. En la web, se define como "la mano invisible" y es el único sin foto. Ello puede alimentar las sospechas, pero se trata de "una broma, una alusión a la metáfora de Adam Smith" sobre el mercado y sus reglas, explican fuentes cercanas al empresario. La iconoclastia obedece a razones más íntimas: en 1994, Domínguez fue secuestrado 21 días. Desde entonces, la prima de su seguro de vida se duplica si aparece una imagen suya en público, añaden.

Malpaso es consciente de los recelos que provoca su auge; también de las veladas acusaciones de blanqueo de capitales de parte de la competencia, apuntan fuentes próximas a la editorial. Domínguez la creó en junio de 2013 tras ampliar las actividades de una inmobiliaria (Ambar Dreams). Mantuvo encuentros, que no fructificaron, con significados grupos y editores barceloneses para entrar en la distribución. Y empezó a fichar: Ana Ardid (clave en la gestión comercial) y los editores Julián Viñuales y Malcolm Otero Barral.

La salida de Malpaso fue vistosa, con autores como Kurt Vonnegut, Kingsley Amis o William Boyd. La cuidada (y costosa) edición reforzaba aún más la sorpresa en uno de los peores momentos del sector del libro en España. Domínguez posee el 100% de las acciones de la empresa, que cuenta con 3,6 millones de capital social y en 2015 declaró ventas por 659.000 euros, según el registro mercantil. Las mismas fuentes señalan que, este año, la editorial prevé vender entre 200.000 y 250.000 libros con unos ingresos de unos cinco millones, una cifras muy optimistas para el estado actual del sector en España.

Tras abrirse un hueco, Malpaso ya se ha consolidado entre la clase media. Está a años luz de los gigantes (Random, Planeta), pero ha ido devorado pequeños sellos. 2016 fue su big bang: compró el 98% de Los Libros del Lince y el 70% de Dibbuks, especializada en libro juvenil y cómic, poco después de anunciar el traslado del sello mexicano Jus —nacido en los cuarenta y comprado por Domínguez en 2004— a Barcelona. El pasado enero, añadió al portafolio el 80% de la histórica Biblioteca Nueva de clásicos, con sus filiales Salto de Página y Minerva. No es oficial, pero el sector da por inminente la suma de Barataria. Además, Malpaso ha abierto una librería de 140 metros en el Eixample y un restaurante que se inauguró el 15 de septiembre de 2015 para conmemorar la Noche del Grito, origen de la guerra de independencia mexicana. Entre los invitados, había editores, escritores y amigos como Jordi Pujol Ferrusola.

Tras el periplo mexicano ambos coincidieron en octubre de 2013 en un bar de Barcelona y retomaron la relación. Hablaron de la deuda. "Le explico que tengo un problema para pagar, tengo una causa abierta y estoy muy apretado. Le propongo que se quede con unos apartamentos de diseño en Puebla. Me contestó que bueno, que ya veríamos", dijo Pujol al juez. Domínguez aceptó el trato y zanjaron el saldo del hotel. Pujol devolvió el crédito de los casinos (4,3 millones con intereses) a DSC en julio de 2014, días después de que su padre confesara la fortuna oculta en Andorra y en plena investigación. El juez cree que los pagos sirvieron para evadir capitales y envió a Pujol a prisión.

Inclinaciones literarias

Pujol cumplió y Domínguez le echó un capote: le permitió adquirir el 9% de las acciones (dos millones) de Plantaciones Tehuantepec, que explota eucaliptos en el istmo de México, al sur. "Hay tres campos de desarrollo ]de 3.000 hectáreas cada uno (...) Están a punto de hacer la cosecha", explicó Pujol al juez, eufórico con el 16% de rentabilidad que le dan los eucaliptos. En su declaración detalla los tratos financieros con los Domínguez, que pasaron siempre, insiste, por el padre del fundador de Malpaso: "Todo el dinero que recibo de él me lo dan, a través de un intermediario, en efectivo. En una bolsa y en billetes de 500. Y me lo dan en Andorra o México". Pujol sugiere al juez que el padre "tenía dinero no declarado" en el extranjero —Suiza, agregan algunas fuentes— y "por eso no quería hacer transferencias".

Domínguez, por su parte, financia Malpaso porque "ya es millonario, pero quiere ser rico", dicen fuentes cercanas al empresario sobre sus inclinaciones literarias. "Es un gran amante de los libros", constata Pujol (la editorial no aparece en el sumario de su caso). Ha estado ligado a la intelectualidad católica mexicana, presidió el patronato de la Antigua Basílica de Guadalupe. Su objetivo es que, a medio plazo, Malpaso (que emplea a unas 40 personas) navegue sola y sea sostenible. Esas fuentes niegan la "política expansionista" de la editorial, porque algunas compras son menores (100.000 euros) o de empresas endeudadas. La compañía prefiere no comentar públicamente esas circunstancias.

La estrategia es 100% Domínguez. "Nuestra filosofía es comprar pequeñas empresas y hacerlas crecer", declaró a The New York Times en 1994, el año del secuestro. Tenía 33 años y controlaba ya una cadena de hoteles (Qualton), una agencia de viajes y tiendas, y empleaba a 8.000 personas. Su nombre saltó a la arena de las finanzas internacionales cuando anunció su intención de comprar, junto a inversores mexicanos que no identificó, 74 hoteles de la cadena norteamericana Westin. El proyecto no fraguó. El diario le definía entonces como "un joven y ambicioso emprendedor", y alertaba de que en los círculos tradicionales de México se le veía como "un chico malo".

El gigante DSC

La fama de personaje oscuro le ha perseguido. Empezó a forjar su riqueza tras el temible terremoto que, en 1985, mató a miles de personas en México y destruyó cientos de edificios. Domínguez construyó nuevas viviendas y cuatro años después fundó DSC, que creció hasta convertirse en un conglomerado de 87 empresas que, hoy, gana unos 200 millones al año en Latinoamérica y Estados Unidos.

Sus asuntos más controvertidos han surgido cuando se ha expuesto públicamente. En 2005, fue nombrado por empresarios e intelectuales responsable de recaudar fondos con los que construir la faraónica biblioteca José Vasconcelos de Ciudad de México. El proyecto fue auspiciado por el entonces presidente mexicano, Vicente Fox, a quien Domínguez prestó, presuntamente, su avión particular en la campaña electoral que le aupó al poder. Según la prensa mexicana, Domínguez fue el "operador financiero" de una polémica campaña de apoyo al líder.

La prensa destapó entonces otros episodios. En 1999, fue procesado por defraudar dos millones a Hacienda al no declarar el impuesto sobre la renta de sus empleados de DSC. O que, en 2003, el organismo de turismo de México (Fonatur) le denunció a la Fiscalía por un fraude de seis millones. Domínguez dispuso, presuntamente, de bienes embargados y simuló actos jurídicos para no pagar el crédito que Fonatur le dio para comprar el Hotel Qualton de Ixtapa.

En Barcelona ha intentado pasar desapercibido. Hay fotos y crónicas de la fiesta de inauguración del restaurante —mariachis, gritos de "¡viva México!", ocupación de la calle y llegada de la Guardia Urbana— pero no fotos suyas. Sigue queriendo ser invisible, aunque sea difícil: el caso Pujol le obligará a declarar como testigo.

El ‘sorpasso’ de llevarse a Bob Dylan

Bernardo Domínguez fue el centro de las comidillas de los agentes literarios en las últimas ferias del libro de Fráncfort, la más importante del mundo. El empresario mexicano se presentó, según fuentes del sector, al temido agente Andrew Wylie pidiéndole consejo sobre autores para invertir un millón de euros. Finalmente, Malpaso se quedó con los derechos mundiales en español de los libros del premio Nobel de Literatura Bob Dylan, que gestionaba esa agencia, por más de 250.000 euros, según las mismas fuentes. También apostó fuerte por la autobiografía de Elton John. En ambos casos, Domínguez y su Malpaso salieron victoriosos ante los grandes grupos en español, Planeta y Penguin Random House. El segundo movimiento que ha llamado la atención es el interés de Domínguez por adquirir un sello en el ámbito anglosajón, incluso ubicando una sede en Londres (para lo que se tanteó a un editor barcelonés). Domínguez preveía destinar 30 millones, cifra insuficiente que frustró la operación.