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La América que une los jóvenes migrantes

En países diferentes, tres adolescentes tratan de construir sus identidades entre el duelo y el rechazo

Alex es uno de los personajes de X-500, la nueva película de Juan Andrés Arango.
Alex es uno de los personajes de X-500, la nueva película de Juan Andrés Arango.

No parece que tuvieran mucho en común Montreal, Ciudad de México y Buenaventura, en el pacífico colombiano. Pero si se observan en detalle, con paciencia, con la vida de los jóvenes como ventana, como lo hizo el bogotano Juan Andrés Arango (1976), se encontrarán historias que cuentan realidades parecidas de esas tres ciudades. La obsesión del director por escudriñar cómo vive la juventud, que ya en su ópera prima La Playa D. C. (2012) evidenció, con el interés por mostrar la migración como algo más que un titular de prensa, se concretó en X-500, su segunda película.

“La adolescencia es una etapa que creativamente ofrece mucho. Sentimos todo de una forma más poderosa y cuando en ese momento se migra, parecen más tangibles los cambios que experimenta el ser humano”, decía Arango a ELPAÍS en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Esta semana X-500 llegó a la cartelera de Colombia, después de haber recorrido un premiado camino. El pasado noviembre ganó como mejor película en el Festival Internacional de Los Cabos, antes había sido aplaudida en el Festival de Toronto y en el de San Sebastián. La historia, una coproducción entre México, Canadá y Colombia y dirigida por Arango, narra la vida de María, David y Alex, tres jóvenes que en diferentes lugares de América experimentan la misma necesidad de adaptarse y transformarse.

María es una filipina que aterriza en Montreal para vivir con su abuela después de la muerte de su madre. David es un indígena del pueblo Mazahua que encuentra en el punk su única forma de adaptarse y ser aceptado en Ciudad de México, a donde migra luego del fallecimiento de su papá. En Buenaventura, Alex, entre la violencia de su pueblo, regresa a su barrio tras el fracaso en su intento como polizonte en Estados Unidos. Con las tres historias, el director logra que el espectador sienta en carne propia, como él mismo lo dice, “tres ciudades americanas que nunca se han explorado de esa manera. Es una película panamericana que permite ver esos diálogos detrás de la transformación de los espacios”.

En las tres ciudades, los jóvenes tratan de construir sus identidades a partir de lo que ven, a veces por encima de lo que sienten. Es un relato conmovedor sobre quienes buscan un lugar en el mundo. “Siento que la migración es un proceso global que aporta fuerza y renovación a las culturas. La migración cambia los espacios, la fuerza no está en separar a la gente y crear barreras”, dice Arango, que recorrió casas de jóvenes, centros culturales, canchas y discotecas hasta encontrar a los personajes. Todos actúan por primera vez. “Siento que al verse en la pantalla se sorprenden al descubrir su espacio vital representado en una película con veracidad y detalle”, asegura.

La música es uno de los hilos que permite la adaptación de María, David y Alex a esos espacios en los que intentan ser reconocidos. "Nació de la investigación en los tres países. Son los ritmos que escuchan esos jóvenes y que los vinculan a determinados territorios. La música chola, el punk mexicano, la cumbia...”, afirma Arango, que también fue migrante en Ciudad de México y Montreal. Lugares con los que construyó una fuerte conexión. "Lo que aprendí allí me hizo quien soy hoy”, asegura el director, que decidió llamar X-500 a su segunda película como un homenaje a ese gran territorio que ha servido de escenario para contar sus historias. “Al mirar el mapa de América, descubrí que X Quinientos es un pequeño poblado en el estado de Yucatán (México), que aparece justo en medio del continente. El nombre me pareció simbólico y maravilloso”, apunta.