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‘Multitud marica’, sexo perseguido en Latinoamérica

Una exposición artística en Santiago de Chile activa archivos sobre violencia homofóbica

Fotografía de Héctor Acuña y Frau Diamanda, participantes en la exposición. Ampliar foto
Fotografía de Héctor Acuña y Frau Diamanda, participantes en la exposición.

Ante la precariedad del archivo en relación a actos de violencia contra homosexuales, lesbianas y trans, resulta imposible establecer una línea de tiempo creíble. Puede que uno de los primeros crímenes registrados fuera el descrito por Pedro Mártir de Anglería en su “Décadas del Nuevo Mundo”. El asesinato de “40 o 50 putos” perpetrado por una jauría de perros, encabezados por Leoncico, el can de Vasco Núñez de Balboa, en 1513; “La casa de este encontró Vasco llena de nefanda voluptuosidad: halló al hermano del cacique en traje de mujer, y a otros muchos acicalados y, según testimonio de los vecinos, dispuestos a usos licenciosos. Entonces mandó echarles los perros, que destrozaron a unos cuarenta.” Lo que sí parece claro es que el deshonor de ser el último caso de violencia homofóbica varía prácticamente cada día en Latinoamérica. Sirva como ejemplo la paliza propinada a la transformista Canela en una discoteca de Santiago de Chile, fechada el 28 de marzo del 2017.

La exposición que se muestra en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, titulada “Multitud marica. Activaciones de archivos sexo-disidentes en América Latina”,trabaja con actos de represión, violencia o persecución contra homosexuales y transgénero desde el siglo pasado. Una investigación previa realizada por los curadores Francisco Godoy y Felipe Rivas, que se centra en ocho sucesos de diferentes países del continente, puesta a disposición para que ocho artistas, colectivos o investigadores la traduzcan en sendas propuestas artísticas. Esta activación de archivo comienza con un episodio mexicano, El baile de los 41, redada policial a un baile de hombres, la mitad de ellos vestidos de mujer, en una vivienda particular en 1901. Para actualizar este evento, la performer Lía García invitó a un grupo de activistas trans mexicanos a bailar en la calle, y realizó 41 fotografías de las experiencias.

La participación paraguaya se centra en el caso de Los 108 el asesinato de un periodista en 1959, presuntamente por parte de un homosexual, desató la detención de 108 gays, que fueron torturados. En esta ocasión, no sólo el hecho es puesto de relieve, sino la manera en la que la prensa trató el suceso, con un lenguaje peyorativo e ilustraciones homofóbicas. El artista Erwing Augsten amplía una de ellas, en las que aparece una fila de hombres siendo numerados.

El nicaragüense Fredman Barahona se inspiró en la primera aparición pública del colectivo LGBT en su país, que tuvo lugar en 1989, con el primer aniversario de la Revolución Sandinista. Barahona propone una relectura a través de un Frente de Liberación ficcional, interviniendo Managua con triángulos, travestido con ropa negra y roja, denunciando la homofobia que imperaba dentro de las filas sandinistas. En el capítulo peruano, Héctor Acuña y Frau Diamanda usan como materia prima los crímenes que tuvieron lugar durante el conflicto armado, en el cual, fracciones de ideología tanto izquierdista como derechista, torturaron y asesinaron a homosexuales, tal y como se demostró durante la Comisión de la verdad y la reconciliación (por ejemplo: en 1984; “la marina secuestra a un joven homosexual trans, le llamaron el maricón. Continúa desaparecido”, o en 1989; “el MRTA ejecuta a un joven homo mu conocido y abandona el cadáver con el cartel así mueren los maricones”.). Acuña y Diamanda usan estos hechos para escenificar una performance y una instalación compuesta por velos, un zapato de tacón, y ladrillos rotos. 

El otro Golpe de Estado

En abril de 1973 tuvo lugar la primera manifestación del Movimiento de liberación homosexual (Movilh) en Chile. El diario de izquierdas Clarín tituló su presencia como “Ostentación de sus desviaciones sexuales hicieron los maracos en la Plaza de Armas”. Con una intervención de audio en una sala oscura, en la que interfieren tres pistas sonoras, relacionando los hechos con el Bombardeo del Palacio de La Moneda, el Cuds, Colectivo universitario de disidencia sexual, quiere establecer un paralelismo entre el comienzo de la dictadura y el final de los movimientos por la liberación homosexual. También pone en liza la dificultad a la hora de localizar acontecimientos que documenten acciones en contra o a favor de la disidencia sexual. Ese objetivo es compartido por la curaduría de esta exhibición, mediante la perversión de un archivo pervertido, poniendo en evidencia a los medios de comunicación y su lectura homofóbica de la discriminación de género. Otra de las conclusiones de esta instancia creativa de uso de archivo es la conexión entre los discursos actuales y las reivindicaciones del siglo pasado: una lucha que sigue teniendo motivos.