Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El curioso parentesco entre la gitana Pepita Oliva y Virginia Woolf

El estreno de la película sobre el romance de Vita Sackville-West y la escritora británica rescata la historia de la bailarina malagueña Pepita Oliva

La bailarina malagueña Pepita de Oliva.
La bailarina malagueña Pepita de Oliva.

Esta es una historia que comienza con una niña de ascedencia gitana en el barrio malagueño del Perchel y termina con una culta y lesbiana aristócrata en el castillo de Sissinghurst en Kent. Una biografía familiar que entronca a una bailarina célebre en los teatros europeos con la escritora que enamoró a Virginia Woolf y que inspira uno de los personajes más célebres de la literatura: Orlando.

Este año se estrenará en el cine Vita & Virginia, de Chanya Button, la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West protagonizada por Eva Green y Gemma Arterton. Vita, autora de novelas como Los eduardianos, tiene una curiosa ascendencia española, ya que su abuela fue la bailarina malagueña Josefa Durán, más conocida como Pepita Oliva, la Estrella de Andalucía, que se hizo célebre bailando la cachucha o la danza llamada Olé. Su nieta Vita escribió un libro sobre su abuela andaluza, Pepita, que publicó la editorial Tusquets en 1989.

Pepita Oliva (Málaga, 1830 – Turín, 1871) viajó por toda Europa desde Inglaterra a Noruega pasando por Francia, Alemania y las ciudades del imperio austrohúngaro formando parte de esa galería de bailarinas españolas que causaron furor en los teatros. Pepita Oliva despertaba pasiones a su salida de los teatros, una fiebre que incluso se denominó delirium Pepitatorum. Pepita influyó en la moda de aires españoles con las basquiñas de satén, los volantes de encaje negro, los amplios escotes realzando el pecho, las mantillas, las cinturas imposibles gracias a las torturas del corpiño y los cabellos recogidos y entrelazados con una flor. Sin embargo, lo más curioso es que su nombre de pila forma parte del vocabulario checo al designar un tipo de tela con diminuto ajedrezado de color negro y blanco que ella solía utilizar en sus actuaciones. La palabra también se descubre en polaco —pepitka— y en alemán —der/das pepita—.

Y su huella no quedó sólo en la moda. También se puede rastrear su memoria en la música, ya que August Conradi, autor del Berliner Couplet, le dedicó la Pepita Oliva Polka y Johann Strauss hijo le dedicó la polca Pepita, (Polka-Pepita, opus 138) que precisamente se ha interpretado este año en el Concierto de Año Nuevo en Viena.

Sin embargo, la vida escandalosa de Pepita comienza cuando se enamora del aristócrata y diplomático Lionel Sackville-West, secretario de la Embajada de Inglaterra en Alemania. Ella estaba casada con su maestro de baile, Juan de Oliva, del que había tomado su nombre artístico, y Lionel también contaba con esposa, pero ellos continuaron con su romance. Se instalaron en Arcachón (Francia) y llamaron a su residencia Villa Pepita. Allí nacieron sus hijos: Maxilien, Flora, Amalia, Henry y Victoria, madre de Vita. Pepita Oliva murió de sobreparto a los 41 años.

El escándalo toma fuerza tras el fallecimiento de Pepita, pasando a llamarse el caso Sackville cuando los hijos de la pareja reclaman la paternidad del diplomático. En Pepita, Vita relata la historia de su abuela con parte de los recuerdos familiares y también de las pesquisas que hizo un investigador contratado por la familia para demostrar la paternidad. También es un libro dedicado a su madre, Victoria, repudiada por la conservadora sociedad victoriana que rechaza a la niña de la relación adúltera.

La madre de Vita terminará sin embargo casada con su primo e instalándose en la lujosa mansión de Knole donde nació la escritora. A Vita siempre le fascinó la historia de su abuela y achacaba buena parte de su carácter indómito y extravagante a la herencia genética de su abuela, una bailarina con ascendencia gitana.

Vita fue amante de la también escritora Violet Trefusis con la que incluso realizó un viaje por Francia travestida. Este aire andrógino de la aristócrata lo reflejó su también amante Virginia Woolf en Orlando, la historia de un mismo personaje que atraviesa distintas épocas siendo a veces hombre y otras mujer. Un romance rescatado recientemente en la novela de Pilar Bellver A Virginia le gustaba Vita.

La historia de una sorprendente familia que también continúa de actualidad con el libro de la nieta de Vita, Juliet Nicolson titulado A House Full of Daughters que narra la historia de siete generaciones. Una obra que junto al estreno de Vita & Virginia rescata la asombrosa historia de estas mujeres que rompieron los esquemas de su época.