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Homenaje a Fabio Montale, gran personaje del ‘noir’ mediterráneo

Repaso al policía creado por Jean-Claude Izzo, un indispensable de la novela negra contemporánea

Jean- Claude Izzo
Jean- Claude Izzo getty

En 1995 un poeta y periodista marsellés revolvió el siempre agitado y vivo panorama del noir francés con la publicación de Total Khéops. Al año siguiente aparece Chourmo y en 1998 se cierra la Trilogía de Marsella con la publicación de Soleá. Jean-Claude Izzo (Marsella, 1945- 2000) había creado un personaje mítico, Fabio Montale, pero estaba enfermo y cansado y no quiso seguir. En Francia, país de lectores y compradores de libros, las tres novelas de Izzo fueron y son un éxito. Cuántos escritores darían un brazo o deberían querer darlo por crear un personaje la mitad de bueno que el policía Montale, por tratar a una ciudad como es tratada Marsella en los libros de Izzo.

“Cada año tacho de mi agenda los nombres de los amigos que habían dicho una frase racista. Desprecio a los que solo aspiran a un coche nuevo y vacaciones en el Club Mediterráneo. Olvido a todos los que han jugado a la Loto. Amo la pesca y el silencio. Andar por las colinas. Beber Casis fresco. Lagavulin u Oban, en la noche cerrada. Hablo poco. Tengo opiniones sobre todo. La vida, la muerte. El Bien, el Mal. Me vuelve loco el cine. Me apasiona la música. Ya no leo novelas de mis contemporáneos. Y, sobre todo, detesto a los que no toman partido, a los tibios”.

Esta es la carta de presentación de Fabio Montale en Total Khéops (traduzco de la trilogía publicada por Folio en bolsillo, no tengo la de Série Noire, donde originalmente salió. En España lo ha publicado Akal). Montale es policía pero de joven fue un delincuente, como Ugo y Manu, sus amigos, que siguieron la senda criminal de adultos y que ahora han muerto; como casi cualquiera en su barrio de inmigrantes italianos, españoles o pieds noirs. Fabio es melancólico y bebedor, un espíritu triste y reflexivo. Está harto de ser policía y sus métodos resultan absurdos para sus jefes y compañeros: no se deja comprar por las mafias, no se deja llevar por prejuicios contra los inmigrantes, trata de dialogar con los jóvenes. Le encantan las mujeres y él a ellas, pero ya no quiere ser amado. Ha perdido a sus amigos porque ellos se buscaron la perdición, pero quiere venganza y, ante todo, quiere comprender, quiere saber por qué. Cuando no puede más, se refugia en su cabaña, en su barca, en una buena comida, algo de bebida, poesía y un poco de jazz.

Joan de Sagarra, gran divulgador de la cultura francesa en España, describía así la génesis de estos grandes personajes mediterráneos en este excelente artículo publicado en EL PAÍS.

“Primero apareció el detective privado Pepe Carvalho, un mirón outsider que contempla la sociedad barcelonesa de su tiempo. Eso ocurría en 1974, con Tatuaje, la novela de Manolo Vázquez Montalbán. Veinte años más tarde, Andrea Camilleri, en un claro homenaje a Manolo y a su criatura, se inventaba el comisario Salvo Montalbano, un poli de Catania. Y al año siguiente, en Marsella, surgía otro, un poli muy especial, Fabio Montale (otro explícito, confeso homenaje a Manolo y su criatura), 'un flic nonchalant et gastronome, perdu dans les quartiers nord de la ville', com reza en la contraportada de Total Khéops”.

Montale ama el mar y Marsella por encima de todo. Una Marsella alejada del lujo y la cara bonita, una ciudad de una belleza que no cabe en un selfie, un lugar de olores, sabores, luces mediterráneas, culturas que llevan milenios mezclándose y chocando. También un nido de mafias ya globalizadas. Al contrario que en otras novelas con personajes tan fuertes, en la Trilogía de Marsella las tramas funcionan. En Total Kheops, un asesinato que toca de cerca a Montale destapa una intrincada red de relaciones mafiosas internacionales con matones del Frente Nacional, antes terroristas del OAS y muchos, antes, simples asesinos en Argelia. El racismo que se aprecia en cada página pone los pelos de punta por su actualidad. En Chourmo se ve cómo los golfos y traficantes árabes que salen de la cárcel se convierten en islamistas. Nos suena a todos.

Izzo sabía crear personajes femeninos fuertes e independientes, alejados de cualquier cliché. Todas las mujeres que aparecen alrededor de Montale se abren su propio camino en mundos de hombres, luchan, aman y se equivocan en un destacable despliegue de matices.

En Soleá, un crepuscular Montale se pregunta por qué es tan difícil hacer un amigo pasados los cuarenta. “¿Será porque ya no tenemos sueños, solo añoranzas?”, añade. Siempre nos quedarán los libros, siempre nos quedarán personajes como Fabio Montale. Vive le noir.