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Un ‘thriller’ de provincias

Quebrados por las argucias de los bancos, por la ignorancia y por la irresponsabilidad, demasiados españoles se han visto acuciados por situaciones que nunca imaginaron

Belén López y Roberto Enríquez, en 'Garantía personal'.

GARANTÍA PERSONAL

Dirección: Rodrigo Rivas.

Intérpretes: Belén López, Roberto Enríquez, Carlos Tristancho, Valentín Paredes, Raquel Infante.

Género: thriller. España, 2016.

Duración: 105 minutos.

En la línea de otras tantas producciones recientes, el thriller español sigue mirando a la crisis económica y a la corrupción, a la insostenible situación de muchas familias, como el entorno ideal en el que retratar la violencia inherente del género. Quebrados por las argucias de los bancos, por la ignorancia y por la irresponsabilidad, demasiados españoles se han visto acuciados por situaciones sociales que nunca imaginaron. Hasta la ilegalidad, hasta el crimen, ese que pocas veces salta a las primeras páginas de los periódicos por su falta de glamour, y que los medios policiales y, como consecuencia, los de comunicación suelen resolver con el sambenito del "ajuste de cuentas".

Un estado de ilegalidad en el que entran banqueros de baja estofa con grisácea imagen, amiguetes que lo saben todo, pequeños empresarios, y mafias de andar por casa, y en el que se introduce Garantía personal, debut en el largometraje de Rodrigo Rivas, muy interesante en el guion, aunque demasiado convencional en su puesta en escena. Una película modesta pero más que digna, que profundiza en las soluciones desesperadas para problemas irresolubles; los de la gente de a pie, habitantes del pueblo grande o ciudad pequeña, que nunca fueron millonarios pero se acercaron a una estimada burguesía de provincias, casi siempre alrededor de la burbuja inmobiliaria. Aquí, un pequeño empresario de la carpintería y su esposa, dueña de una tienda de ropa, con sus cochazos y su buena casa e imagen de puertas afuera, pero arruinados de puertas adentro tras la crisis.

Rivas, también coguionista, dibuja un panorama certero y cercano, en el que, con apuntes de personajes de cine negro, todo resulta creíble, desde las relaciones extramatrimoniales hasta el puticlub como centro de decisión. Sin embargo, dos apartados rebajan las prestaciones de su solvente escritura. Primero, una dirección y montaje que, en las escenas de violencia, se acercan más a lo posibilista que a lo creativo. Y un reparto en el que la mayoría de los protagonistas resultan auténticos (Belén López, Roberto Enríquez y Raquel Infante, a la cabeza), pero en el que varios de sus secundarios rozan lo aficionado.

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