Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La ‘Comanchería’ del asilo

La película se ve con soltura y simpatía. Quizá con demasiado azúcar

Tráiler de 'Un golpe con estilo'

Algún día alguien escribirá un interesante libro sobre el cine que cabalgó sobre dos épocas importantes: los Estados Unidos de la era inmediatamente anterior a Donald Trump, y la inmediatamente posterior; las películas estrenadas con el magnate ya en la presidencia, pero pergeñadas en guión, producción y algunas hasta en rodaje durante los últimos días de la presidencia de Barack Obama, protagonizadas por personajes con problemáticas que podían presagiar el triunfo del actual presidente del país, aunque luego su victoria fuese una sorpresa para los analistas políticos. Gente cabreada, convencida de que no se le daban soluciones, que confió en las (oscuras) promesas de un vendedor de motos profesional. Películas soberbias, como Comanchería. Y películas de usar y tirar, aunque con cierta gracia, como la presente Un golpe con estilo, con el valor de radiografiar, aunque de un modo superficial, el estado económico, social y moral de una parte del país.

UN GOLPE CON ESTILO

Dirección: Zach Braff.

Intérpretes: Michael Caine, Morgan Freeman, Alan Arkin, Ann-Margret, Matt Dillon.

Género: comedia. EE UU, 2017.

Duración: 96 minutos.

Se podrá decir que algunos de los contratiempos que acucian a los protagonistas de Un golpe con estilo, tres amigos jubilados que han trabajado toda su vida para una misma empresa, y que ahora pasan sus postreros días entre la petanca y la conversación junto a las tortitas y el café, tenía más pinta de resolverlos Hillary Clinton que Trump, sobre todo los sanitarios. Sin embargo, en lo demás, sus recelos y obstáculos huelen a las razones para la victoria de Trump: la deslocalización de su antigua empresa en un país del segundo mundo; la consiguiente duda con sus pensiones ("cero actividad en EE UU; cero tributo en EE UU"); la amenaza de desahucio; la falta de confianza en los políticos; la dictadura de los bancos. De modo que tras un primer acto de crítica social, quizá liviana y simpática, pero también certera y clarividente, la película deriva hacia el subgénero de la comedia geriátrica de robos: tres ancianos planeando y ejecutando un atraco contra la sucursal bancaria que los estafa. Un golpe con estilo, o la Comanchería del asilo.

Y ahí, entre el guión de cine popular de Theodore Melfi, el escritor de la reciente Figuras ocultas, la puesta en escena de Zach Braff, olvidadas ya las veleidades juveniles de Algo en común, y, sobre todo, la portentosa presencia de su trío protagonista, Caine, Freeman y Arkin, la película se ve con soltura y simpatía. Quizá con demasiado azúcar, pero también con una cierta retranca.

Más información