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Buenafuente: “Si el mundo fuera normal, la mayoría sería de izquierdas”

Dirige y presenta ‘Late Motiv’ , su primer programa en la televisión de pago. Su logro: que muchos gags saltan a las redes

Andreu Buenafuente.
Andreu Buenafuente.

Uno de los momentos más hermosos que recuerdo de la televisión ocurrió en 2007, cuando Andreu Buenafuente, en directo, se dirigió al público y dijo que aquella noche estaba fallando todo. ¡No había manera de llenar los minutos de programa! Así que llamó a su madre. De esta forma fue como doña Teresa Moreno entró en el plató de Antena 3 y se sentó junto a su hijo, estrella de la televisión. Dijo que veía el programa todas las noches, y aprovechó para quejarse del horario. “Gracias, mamá”, respondió Buenafuente. “Yo de verdad que lo siento, pero es que hoy me ha fallado muchísima gente”, añadió. “Para eso está tu madre”, dijo ella. “Para cuando te fallen todos”.

Una década después, Buenafuente tiene 52 años. Tiene una madre catalana y un padre andaluz de Zurgena, un pueblo de Almería al que Buenafuente no regresó por miedo al pasado. Allí pasó la infancia, “en el pueblo más pobre de la provincia más pobre del país más pobre de Europa”, dijo hace 15 años a El Periódico, donde recordó la estampa de su padre abriéndose camino en Reus como representante de gallinas; volvía a casa, en los primeros tiempos, con huevos en la americana que le sisaba a los granjeros. “Mi padre fue un niño de posguerra que se tomó a cachondeo el franquismo y toda su miseria, tuvo cientos de amigos y repartió alegría. Un héroe de clase trabajadora, como cantaba Lennon. No vendió mucho porque todo no se puede hacer. Cada día que estoy de mala hostia me acuerdo de él a las siete de la mañana silbando por casa: teníamos poco y era suficiente”.

—¿Hay más gente de derechas que no lo parece que más de izquierdas?

—Hay más gente llana y currante que poderosos. Si el mundo fuera normal, la mayoría sería de izquierdas, sin acritud. Buscarían la justicia social, oportunidades para todos, salud, educación. Pero el mundo nunca fue normal.

Hace unos días, Late Motiv volvió a copar los móviles con un meme sobre Podemos hecho a propósito del vídeo viral del colaborador de la BBC interrumpido por sus hijos. Fue un gag de United Unkown (“hacen humor de guerrilla, pura artesanía visual”), que trabajan con su equipo de guion. “El mejor que he tenido. Sin ellos solo sería un graciosillo”. No es la primera vez que el programa de la noche de Movistar, canal de pago, revienta las redes con un gag, un monólogo o una imitación. La audiencia convencional del programa, sin embargo, es más modesta. “A mí me gusta”, contesta Buenafuente. “Yo trabajo para los cinco millones de abonados, pero el tráfico y la repercusión de lo que hacemos es algo brutal y nuevo. Los contenidos de calidad, al margen de las televisiones generalistas, van a ser de pago. Me gusta estar en este lado del río. Se respira arte de la tele y luchamos cada día por estar a la altura”.

—¿Por qué sigue?

—Porque me gusta. Y ahora viene lo bueno. Locura sobre la experiencia. Disfruto como nunca.

—¿No lo hace por dinero?

—Si lo hiciera por dinero se notaría. Ya no sé mentir. Nunca supe hacerlo, ahora menos.

Buenafuente ha conocido programas de éxito y otros fulminados después de tres emisiones. Su productora pasó problemas graves con la crisis (“la superé haciendo lo que mejor sabía, rodeado de los que mejor me conocen”). ¿Se ha cruzado con gente mala? “Poca. Pero sí: gente con las tripas negras, pobres diablos. Aprendes a esquivarlos. Yo busco la gente con luz. La busco como el mosquito a la bombilla. Como Silvia, mi compañera [Silvia Abril, madre de su hija Joana]”.

Hace unas semanas, uno de los gags de Late Motiv giró sobre Javier Cárdenas, presentador del programa Hora punta en Televisión Española. A Cárdenas no le hizo gracia y respondió dándole a Late Motiv “un cero técnico” en audiencia. “En la respuesta ante el humor te defines”, dice Buenafuente. “Yo trabajo para la gente con humor, con ironía, que encaja, que se ríe de sí misma. A esa gente la conozco un poco. A los demás, no. Ni ganas”.