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Un friso románico del siglo XII emparedado por un granero

La iglesia de la despoblada localidad palentina de Quintanilla de la Berzosa escondía tras una grieta varias figuras talladas en piedra

Quintanilla de la Berzosa (Palencia)
Detalle de una de las figuras en piedra ocultas tras la pared de un granero.

En una grieta en la que apenas entra un puño, y que separa un muro exterior de la iglesia de un antiguo granero adosado, asoma entre la piedra una pequeña talla de un hombre con barba, corona y faldones. Es la figura más visible de los restos de un friso, de unos 40 centímetros de longitud, que el pasado 17 de septiembre descubrió el doctor en Bellas Artes José María Menéndez Jambrina en el templo románico de San Martín, en Palencia. Este edificio, que comenzó a construirse a finales del siglo XII y se finalizó a comienzos del XIII, está en una loma junto al embalse de Aguilar de Campoo. San Martín se salvó de las aguas que engulleron el pueblo de Quintanilla de la Berzosa cuando se construyó el embalse, acabado en 1964. Desde entonces, la ausencia de culto cerró su puerta.

Menéndez (Zamora, 1966) explica que su hallazgo sucedió "durante las prácticas de un taller de fotografía del patrimonio organizado por la Fundación Santa María la Real", cuya sede está en Aguilar de Campoo, a unos seis kilómetros de Quintanilla de la Berzosa. Mientras Menéndez "escudriñaba" las piedras con su cámara, algo le llamó atención. En una hendidura a la derecha de la puerta de entrada a la iglesia se ocultaba una piedra tallada. En su investigación comprobó que el relieve no se encontraba registrado en los archivos del Obispado de Palencia, dueño de San Martín, ni en la base de datos de la Fundación Santa María la Real, artífice de la mayor enciclopedia del románico de España. Un dato desconocido, a pesar de que la iglesia es Bien de Interés Cultural y de las sucesivas restauraciones, la última en 1989 por el Centro de Estudios del Románico, antecedente de la Fundación.

"No sin dificultad, pero se ven perfectamente las figuras de tres hombres coronados y barbados y de un niño, enmarcados en arcos de medio punto, lo que nos hace pensar que se trata de una representación de la Epifanía, los tres Reyes Magos", declara el responsable de Patrimonio del Obispado de Palencia, José Luis Calvo. "Sin ninguna duda, la pieza estuvo en la iglesia románica original, aunque no en el lugar en el que ahora se ha redescubierto", añade. Menéndez sostiene que "seguramente, se trata de un friso románico por sus características formales, entre ellas, los ojos avellanados de las figuras".

La iglesia posee otros elementos decorativos románicos en la portada que sí estaban catalogados. "Dos capiteles extraordinarios, uno de ellos con la curiosa figura de una sirena de dos colas, que estaban casi tapados por un pórtico que se elevó durante la intervención de 1989", explica Calvo (Lobera de la Vega, Palencia, 1951).

El responsable de Patrimonio del Obispado de Palencia, José Luis Calvo, señala la grieta en la que José María Menéndez (a la derecha) encontró los restos de un friso románico del siglo XII. ver fotogalería
El responsable de Patrimonio del Obispado de Palencia, José Luis Calvo, señala la grieta en la que José María Menéndez (a la derecha) encontró los restos de un friso románico del siglo XII.

A unos pasos de esta iglesia uno se tropieza con restos de tumbas medievales en piedra, probablemente anteriores a que se levantase el edificio. Precisamente, una señal de Necrópolis en la carretera anuncia que estamos ante unos restos patrimoniales. Sin embargo, para subir a San Martín no hay ningún camino y hay que dejar el coche en una pista de tierra cercana, una muestra del abandono del templo, más patente en el interior de su única nave.

Sin embargo, hace 600 años la situación era muy distinta. “Sabemos que en el siglo XV se remodeló casi toda la iglesia, para ampliarla por necesidades del culto. La población había crecido, y por lo tanto los fieles. Se reutilizaron muchos sillares en la parte nueva, que ya se hizo en estilo gótico", según Calvo. Los libros de fábrica guardados en el Obispado, los que registran las cuentas de los templos, sí mencionan el granero unido a la iglesia en el XVII. "Entonces se ocultó el friso, que ha permanecido escondido casi cuatro siglos, por eso está en muy buen estado. Ahora algún corrimiento del muro lo ha vuelto a mostrar", añade.

Esta iglesia desde la que hay una preciosa vista del embalse con la montaña palentina de fondo son los restos de un primitivo esplendor. El granero que puede desplomarse evidencia la necesidad de una intervención, si se quiere seguir admirando este ejemplo del románico de Palencia. A Menéndez y Calvo les gustaría que se despejase la piedra tallada encontrada para su limpieza y estudio. Sin embargo, el representante de la Iglesia pone los pies en la tierra: "Si no hay dinero para una restauración, ni aquí vive gente, ¿cuál es el futuro de este patrimonio?".

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