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Espérame en el Ártico, vida mía

Una producción ejemplar dirigida por Víctor Velasco de un texto sugestivo pero laberíntico, premio Lope de Vega 2016

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Un momento de la obra Furiosa Escandinavia, en el Teatro Español.

Una puesta en escena clara y sugestiva de un texto laberíntico. En Furiosa Escandinavia, Antonio Rojano dramatiza el final de una historia de pareja de modo que podría parecer su inicio. El joven autor cordobés nos traslada en círculos concéntricos desde la puerta de casa hasta el círculo polar Ártico, en un viaje donde el futuro proyectado se entrevera azarosamente con el recuerdo, y la realidad con la literatura.

La puesta en escena de Víctor Velasco embrida y encamina hacia el norte el inspirado pero giróvago texto original, delinea los espacios donde sucede y los solapa, de manera que los personajes de la escena siguiente ya están prestos a entrar en acción en la anterior. Cuanto vemos resulta vívido, aún envuelto en una atmósfera irreal, de duermevela. Si le damos crédito y lo seguimos sin perdernos en un laberinto de significados, es por la muy corpórea y arrojada interpretación de Sandra Arpa (Erika, criatura a la deriva), Francesco Carril (fabulador en fuga), David Fernández (amigo de la joven: su toma de tierra) e Irene Ruiz: fantástica en su doble papel de esposa llegada al punto de no retorno y valquiria fogosa.

FURIOSA ESCANDINAVIA

Autor: Antonio Rojano. Intérpretes: Francesco Carril, Sandra Arpa, David Fernández ‘Fabu’, Irene Ruiz. Audiovisuales: Bruno Praena. Vestuario: Ana Rodrigo. Luz: Lola Barroso. Música: Luis Miguel Cobo. Escenografía: Alejandro Ändújar. Dirección: Víctor Velasco. Madrid. Teatro Español, hasta el 26 de abril.

El alambicado procedimiento narrativo que utiliza el autor tiene la virtud de prender la atención del público, que no pierde ripio, a la búsqueda de una clave que acabe de dar sentido a lo sucedido, cosa que ocurre al cabo. La música amortigüada, sutilísima, de Luis Miguel Cobo; la luz ensoñadora de Lola Barroso, la escenografía dúal de Alejandro Andújar, crean un clima que arropa a los intérpretes hasta el final. Los aplausos reconocieron la ejemplaridad de producción tan singular.