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El gremio teatral se rebela contra el nuevo rumbo del Matadero

El área madrileña de Cultura no aclara cuándo volverán, como prometió Carmena, los nombres de Aub y Arrabal. El sector critica que el centro relegue los montajes tradicionales

Cartel con la indicación 'Nave 11' donde antes se señalaba la sala Fernando Arrabal.

La presentación de la programación del nuevo equipo que dirige las salas teatrales del complejo municipal Matadero de Madrid, encabezado por Mateo Feijóo, derivó este martes en un acalorado foro de discusión en torno a la política cultural del Ayuntamiento de la capital. En primer lugar, por la pretensión de Feijóo de eliminar los nombres de los dramaturgos Max Aub y Fernando Arrabal como denominación de esos espacios para sustituirlos por los que tenían cuando funcionaban como matadero, Nave 10 y Nave 11, respectivamente, como desveló EL PAÍS el pasado sábado. En segundo lugar, por el propio contenido de la programación, que relega el teatro de texto en favor de disciplinas y formatos más experimentales, lo que deja fuera a las compañías que hasta ahora exhibían ahí sus espectáculos.

La alcaldesa Manuela Carmena envió el lunes sendas cartas a la Fundación Max Aub y a Fernando Arrabal para asegurarles que “de ningún modo” se iba a permitir la retirada de sus nombres, pero lo que lucía ayer a la entrada de las salas no eran los carteles luminosos en los que estaban impresos sus nombres, sino unas banderolas con la denominación propuesta por Feijóo: Nave 10 y Nave 11. La delegada de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, no aclaró cuándo se restituirán los antiguos letreros. "Una concejala no está para decidir qué cartel se pone o se quita. El espacio está aún en transformación, definiendo su nueva imagen", zanjó.

Las cartas de la alcaldesa parecían claras. “Ha habido una confusión total entre las naves y las salas que las componen y se deshará el equívoco en la presentación de la nueva programación del Centro Internacional de Artes Vivas que dirige Mateo Feijóo, para que no quede duda”, rezaba la que recibió la Fundación Max Aub. Pero el equívoco no se deshizo en ese acto. Un portavoz del área de Cultura informó más tarde de que aún no ha habido tiempo de “adaptar toda la señalética a la nueva imagen corporativa”.

1,2 millones de presupuesto para la nueva temporada

La programación teatral de Matadero para los próximos meses incluye nombres de vanguardia muy variados. “Se trata de un espacio en el que las artes escénicas conectarán con las artes visuales, la literatura, la filosofía, el cine, la música y las actividades transmedia”, explica el equipo de dirección. Entre otros artistas, presentarán sus trabajos Trevor Carlson, mano derecha del coreógrafo Merce Cunningham; Manuel Fernández-Valdés, director de una película sobre la dramaturga Angélica Liddel; los coreógrafos Susanne Linke y Cai Tomos, la compañía italiana Motus, y el dramaturgo suizo Milo Rau. El festival Frinje, que se celebra cada verano desde 2012, desaparece este año de la programación, aunque el Ayuntamiento se plantea "repensarlo" para reanudarlo en 2018.

Celia Mayer anunció que las compañías que participan en la nueva programación no se regirán por el modelo de pago por porcentaje de taquilla, sino que será la propia institución la que realice la inversión inicial. “Los artistas no asumirán riesgos económicos”, afirmó. Esta temporada cuenta con un presupuesto de 1,2 millones de euros.

Los antiguos letreros se retiraron el fin de semana. Elena Aub, hija de Max Aub, se acercó el lunes hasta Matadero para comprobar si seguían allí y llegó justo a tiempo para ver cómo unos obreros los recogían del suelo. “¿Qué vais a hacer con ellos? Me gustaría llevármelos como recuerdo”, preguntó a los trabajadores. Se encogieron de hombros. “Pesan 80 kilos, señora. Usted verá”, le contestaron. “Obviamente, no pude llevármelos. Me fui con una tristeza enorme”, relata Elena Aub.

El ambiente estaba caldeado en Matadero. Ni los más exitosos espectáculos representados allí en temporadas pasadas lograron tanta concurrencia como la que acudió ayer a un acto pensado en principio solo para los medios de comunicación pero que finalmente congregó a buena parte de la profesión teatral. Actores, directores y productores fueron para comprobar si los rumores de que ya no se iba a programar más espectáculos teatrales en esas salas eran ciertos. La actriz Blanca Portillo había incendiado las redes la semana pasada con varios tuits: “Los amantes del teatro estamos de luto. Me parece magnífica la inclusión de todo tipo de disciplinas; lo que no quiero es la exclusión del teatro en Matadero”.

Mateo Feijóo se vio obligado a defender su proyecto no solo ante los periodistas, sino también ante la profesión. “Pretendemos convertir esos escenarios en un centro de creación íntegramente contemporáneo. No nos interesa tanto la exhibición como la investigación. Queremos dar visibilidad y proyección internacional a los nuevos lenguajes escénicos y a los artistas de vanguardia, que hasta ahora solo han podido trabajar en salas marginales. Por eso hemos cambiado también la denominación general de la institución, que pasa a llamarse Centro Internacional de Artes Vivas”.

Reproches de los actores

“¿Y qué pasa con los que trabajábamos en estos espacios?”, preguntó el actor Juan Jesús Valverde. “Ya hay muchos espacios para el teatro de texto. Lo que no hay es algo como esto”, contestó Feijóo. Sus explicaciones no aplacaron a los presentes. “Este es uno de los pocos grandes escenarios de España donde hemos podido hacer teatro de texto con público a cuatro bandas. Si nos lo quitáis, ¿dónde trabajaremos”, replicó el actor Gabriel Ignacio.

Chusa Martín, socia de Blanca Portillo en la productora Entrecajas, también se expresó en voz alta: “Nos ha costado muchos años que el público se acostumbrara a venir al teatro a este barrio [alejado de la almendra central de Madrid]. ¿Vais a tirar todo esto por la borda?”. Su colega Concha Busto abandonó la sala antes de que terminara el acto. “No me parece mal que se abran espacios para las vanguardias, pero tenemos que convivir todos. Además, el 80% de los artistas que han programado son extranjeros”, comentó después a EL PAÍS.

El final del acto se convirtió en un interesante debate sobre el propio significado de la palabra teatro y la función de los centros públicos. “Esta casa se ha abierto al diálogo entre disciplinas. Estáis todos invitados a participar en ese diálogo”, concluyó Feijóo.

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