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Los primeros balbuceos de la fotografía

Una exposición recupera el brillante y fugaz reinado del daguerrotipo hace 180 años

Una de las primeras cámaras de daguerrotipo expuesta en La Nau de Valencia.

Fueron las primeras fotografías tomadas en España, hace casi 180 años. Los porches de la casa Vidal Quadras de Barcelona, la construcción de la carretera de Madrid a Valencia, retratos de familia, de una bailarina con castañuelas, de un escopetero andaluz, de un “majo” y numerosas vistas de la Alhambra figuran entre ellas. “Muchas imágenes las tomaron fotógrafos franceses, a menudo de camino al Magreb y Egipto, y dieron la imagen más folclórica y exótica que encontraron en la España del momento”, explica Pep Benlloch, comisario de El triunfo de la imagen. El daguerrotipo en España, la mayor exposición organizada sobre la introducción en el país del primer sistema mecánico de reproducción de la realidad, abierta en La Nau de la Universidad de Valencia hasta el 23 de abril.

Louis Daguerre (1787-1851) había presentado su invento en la Academia de las Ciencias, en París, en 1839. El daguerrotipo provocó un seísmo cultural. Gracias al apoyo del Gobierno francés, que compró los derechos de la máquina para evitar que fuera patentada, se extendió rápidamente por Europa y Estados Unidos. “Para copiar los millones y millones de jeroglíficos que cubre los grandes monumentos de Tebas, Menfis y Karnak harían falta decenas de años y legiones de dibujantes. Con el daguerrotipo un solo hombre podría llevar a buen término este inmenso trabajo”, afirmó François Arago, el dirigente político que apadrinó la invención de Daguerre, un antiguo decorador teatral.

El mismo año de 1839 la Real Academia de las Ciencias y Artes de Barcelona compró una de las primeras cámaras fabricadas por Daguerre –lleva el número 178- y una de las últimas que se conservan de aquel modelo, exhibida en la exposición de Valencia. “Las cámaras eran muy caras. Las primeras se vendían por 500 francos franceses de la época. La Academia de las Ciencias de Barcelona no podía pagarla, así que uno de sus miembros convenció a otros académicos para poner dinero y comprarla”, señala Miguel García, segundo comisario de la muestra.

Escopetero andaluz. ampliar foto
Escopetero andaluz.

Con esta cámara se tomó la primera fotografía en España, la de la casa Xifré de Barcelona. La exposición muestra el bando anunciando el acto y el sorteo del primer daguerrotipo. “Se sabe que boleto fue premiado, pero una vez que lo recogieron se perdió la pista de la imagen”, indica García.

La Nau reúne 90 daguerrotipos españoles y otros 60 objetos procedentes de 40 prestadores públicos y privados. El Archivo Fotográfico de Barcelona, la Biblioteca Nacional, el Instituto del Patrimonio Cultural de España, el Museo de la Universidad de Navarra, el Museo Frederic Marès, la Academia de las Ciencias de Barcelona y el Museo de la Ciencia y la Técnica de Cataluña entre ellas. “Algunas instituciones exponen sus daguerrotipos. Pero los que proceden de colecciones particulares no se habían visto en público”, destaca Benlloch.

La exposición tiene su origen en el proyecto europeo Daguerrobase, en el que 18 instituciones de 13 países colaboraron para recoger el mayor número posible de daguerrotipos del continente, digitalizarlos y crear una gran base de datos que puede consultarse a través de la Red. Benlloch y García fueron los encargados de la búsqueda en España como representantes de la Universidad Politécnica de Valencia. A lo largo de tres años de investigación, reuniones y viajes localizaron 1.200. Un número alto -al principio no esperaban encontrar más de 750-, pero muy inferior al de otros países europeos. Un reflejo de que en España el invento tuvo una difusión menor. “En Francia y otros lugares fue la burguesía quien alimentó el daguerrotipo. Aquí ese papel lo cumplió, a menor escala, la aristocracia”, indica García.

Retrato de majo. ampliar foto
Retrato de majo.

El reinado del daguerrotipo fue brillante y fugaz. En menos de 20 años el invento se vio superado por los avances tecnológicos y entró en decadencia. La exposición dedica, sin embargo, un apartado a los daguerrotipos contemporáneos. Como los que realiza Taller Daguerrotipo, un colectivo formado por dos fotógrafas francesas instaladas en Xàbia (Alicante).

En las vitrinas de La Nau resplandece entre el resto un retrato de Winona Ryder caracterizada como Mina Harker en la película Drácula de Bram Stoker (1992), de Francis Ford Coppola. Su autor fue el reputado restaurador fotográfico español Ángel Fuentes, fallecido en 2014. “Coppola preguntó en la Kodak y le dijeron que si alguien podía hacer daguerrotipos de atrezo era Ángel. Coppola le llamó y como tenía que caer sangre sobre la imagen le pidió 20 daguerrotipos de Ryder. Ángel hizo muchas copias de prueba. La que se expone es de uno de sus hermanos”, cuenta García.

La copia única

“Hay dos diferencias principales entre el daguerrotipo y la fotografía que hemos conocido. La primera es que el daguerrotipo no es un negativo, sino una copia única”, detalla Pep Benlloch. “La segunda es que tiene una calidad y una nitidez espectaculares”.

El daguerrotipo era una plancha de cobre que en una cara tenía un baño de plata. Tras añadirle yodo se exponía a la luz, se revelaba con vapor de mercurio y podían colorearse. A la imagen no le afectaba la luz, pero sí el oxígeno. Por ello se guardaban en estuches como los utilizados para guardar relojes de oro.

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