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Jorge Volpi: “La decadencia final de mi padre reflejó la del propio México”

El mexicano presenta 'Examen de mi padre', una serie de ensayos que mezclan la vida de su progenitor, la del propio Volpi y la de México

El escritor mexicano Jorge Volpi, esta semana en Madrid. Ampliar foto
El escritor mexicano Jorge Volpi, esta semana en Madrid.

Aunque todas las muertes tienen un punto en común, cada luto tiene su propio rostro. Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) no pudo o no quiso llorar a su padre, fallecido el 2 de agosto de 2014. En lugar de eso, dedicó el año 2015 a escribir una serie de ensayos que lo contuvieran, una serie de análisis casi quirúrgicos (su padre era cirujano) sobre su figura que se extendieron a la idea de la propia medicina y que acabaron trazando un radiografía de México. Un triple examen médico que desembocó en Examen de mi padre(Alfaguara), que presenta en España.

“La figura del padre es permanente en literatura. En todas las culturas. Por eso hay una tradición tan fuerte sobre pérdidas”, cuenta Volpi, rodeado de libros, en la sede de su editorial en Madrid. En 2017 se cumple un siglo del nacimiento de Juan Rulfo, cuyo Pedro Páramo comienza así: ‘Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre’, una frase fundacional en la literatura mexicana. “Es cierto que la figura del padre en México tiene una vigencia singular, muy relacionada con esa figura de autoridad, del caudillo, y el mejor ejemplo es ese, Pedro Páramo”, explica. “Es la encarnación de uno de los temas centrales de la literatura mexicana”.

“El padre como autoridad y caudillo es una figura central en nuestra literatura”

Bisturí, estetoscopio, desfibrilador… el médico tiene herramientas y también las tiene el escritor. “El libro mezcla memoria, ensayo científico, ensayo político… pero a diferencia de otros textos más o menos biográficos que oscilan entre la memoria pura, la novela o la poesía, quería usar el ensayo sobre todos”, apunta sobre un género que ya usó en Leer la mente (2011). “Quería ver con cierta distancia a mi padre, a mí mismo y a México. Un examen triple sobre un tema entrañable”. Entendiendo “entrañable” como de entraña.

El libro lo componen 10 ensayos, en los que Volpi va analizando diferentes partes del cuerpo humano: corazón, genitales, oídos, piel, hígado… En el capítulo dedicado a la visión, con un hermoso pasaje en el que Volpi imagina todo lo que vio su padre en una especia de Aleph proyectado a través de sus ojos (“morir a su padre, cómo sus hermanos lo dejaban, miles de películas, mi nacimiento, cómo el PRI se perpetuaba en el poder…”), habla de la vigilancia a la que la humanidad es sometida hoy. “Lo peor es que consentimos esta vigilancia permanente. Entregamos toda nuestra información a empresas en nuestro afán de exhibicionismo. No solo nos ven nuestros amigos, sino cualquiera, empezando por esas compañías a las que nos entregamos y hacemos millonarias”.

Jorge Volpi: “La decadencia final de mi padre reflejó la del propio México”

En el capítulo sobre el oído, Volpi habla de su primera (y abortada) vocación, que fue musical (“Lo que más me gusta es la música. Yo soy o un científico frustrado y un músico frustrado”, confiesa), y cómo tras leer El arte de narrar de Kundera conectó con la propia dimensión y estructura musical de la literatura. Intento creer que no escribo libros, que los compongo. Superpongo estructuras que yo veo como musicales, con repeticiones, leitmotivs… Veo mi Trilogía del siglo XX como óperas personales”, reconoce. “Y me queda claro que lo que he escrito aquí es un réquiem”.

Hay un capítulo especial, el dedicado a las piernas, en el que Volpi se apropia de esas palabras de Juan Goytisolo que dicen que “el hombre es lo contrario a un árbol, está hecho para caminar, moverse, y cuanto más mejor”. Palabras que contradicen una realidad cada vez más xenófoba y empeñada en marcar con tinta indeleble las fronteras en los mapas.

“Es un momento terrible de la historia del mundo. Trump atenta contra los valores centrales de la democracia, que siempre fue lo que Estados Unidos defendió. Y México ha sido el enemigo principal”, se lamenta el escritor. “Somos la primera línea de ataque de Trump contra los derechos humanos. Creo que estamos ante un momento de enorme peligro. A los propios problemas mexicanos, que son muchos (desigualdad, corrupción, violencia, impunidad…) de pronto se suma una amenaza externa directa de quien hasta hace poco era nuestro aliado principal”.

“Siempre pienso que soy un científico frustrado. O un músico frustrado”

Las órdenes de deportación que Trump y su fiscal general, que amplían la manera de cómo pueden ser deportados los mexicanos, no tienen precedentes en esta parte del mundo. Solo es comparable al inicio del nazismo”, expone sin estridencias. “Y no me refiero a la exageración final de los campos de concentración de Hitler, sino los primeros pasos del nazismo. Cuando Trump (sic) aprueba las leyes de Nüremberg, su objetivo es que los judíos abandonan Alemania”. Se le escapa el nombre a Volpi. “Gente que lo único que hace es trabajar de forma lícita, en este momento vive una situación de pánico extremo. En cualquier momento pueden ser arrancados de su hogar y familia”. Una situación, asegura, contra la que el mundo de la cultura “a través del arte tiene que resistir. E insistir. Decir ‘no’ a la propaganda oficial”.

“En EE UU miles de mexicanos viven hoy una situación de pánico extremo”

—¿La vida de un hombre puede resumir al país que lo cobija?

—No sé si la resume del todo, pero hay un reflejo claro, entre la vida de mi padre y la de México: la primera generación revolucionaria, una juventud con enormes expectativas de ascenso social, el mazazo de la Matanza de Tlatelolco en el 68, los desengaños constantes, sobre todo económicos... hasta llegar, con el año 2000, a la guerra contra el narco.

La última década de su vida, el padre de Volpi la vivió bajo la pesada losa de una depresión crónica. “Ahí es donde encuentro un reflejo más inevitable entre la persona y el país”, confiesa Volpi. “Yo regreso a México en 2006, después de vivir una temporada fuera, y el padre al que encuentro está deprimido, cada vez más aislado. Algo que se apaga tras un período de mucha vitalidad. Creo que de esa decadencia común deriva la idea del libro”.