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In Memoriam

Gustav Metzger, inventor del ‘arte autodestructivo’

El artista alemán fue un hombre inquieto y furioso, un pesimista social que sólo encontraba placer en el combate contra la oscura Edad Tecnológica

El artista Gustav Metzger, en Londres en noviembre de 2015. Ampliar foto
El artista Gustav Metzger, en Londres en noviembre de 2015. Getty Images

El pasado 1 de marzo, la estrella de Gustav Metzger se fundió con la niebla de Londres. Tenía noventa años cuando, en septiembre de 2016, el MUSAC de León inauguró una retrospectiva de su obra a la que no pudo asistir por su delicado estado de salud. Había acuñado el término Arte autodestructivo para definir un tipo de performance-ritual opuesto al arte de afirmación erótica, feminista y conceptual de autoras como Carole Schneemann, Trisha Brown o Yvonne Rainer, y que tenía como objetivo mitificar la acción artística mediante formas nuevas. Precursor de los movimientos medioambientales y antinucleares, Metzger fue un autor inquieto y furioso, un pesimista social que sólo encontraba placer en el combate contra la oscura Edad Tecnológica. Sus obras anticiparon una mélange dramática entre el activismo y la desaparición humana, consecuencia quizás de su condición de superviviente del horror nazi.

Gustav Metzger había nacido en Nuremberg dentro de una familia de judíos polacos: “Veía pasar justo delante de mi casa las marchas nazis. Y no hay ninguna duda de que una de las razones por las que me convertí en artista es que viví esa extraordinaria y poderosa representación del arte visual, en el diseño, la arquitectura y las experiencias con la luz”. A los doce años y gracias a su buena estrella, se escabulló de una muerte segura en los campos de concentración. Se expatrió en Inglaterra y allí vivió prácticamente toda su vida. Inspirado por los escritos de Leon Trotski y Wilhelm Reich, y atraído por el carismático pop inglés de Eduardo Paolozzi y Richard Hamilton, se entregó por completo a la lucha política contra el capitalismo, la comercialización del arte y la demolición y gentrificación de los centros urbanos.

En 1959 escribió su Manifiesto del Arte autodestructivo que utilizó como “un arma de subversión política de última hora, un ataque a los intermediarios y coleccionistas que manipulan el arte para su propio beneficio económico”. El guitarrista de The Who, Peter Townshend, puso en práctica las enseñanzas que había recibido de Metzger siendo estudiante en el Ealing Art College de Londres. En pleno concierto, machacaba los instrumentos musicales mientras el batería de la banda, Keith Moon, introducía pirotecnia entre las piezas de percusión. En una ocasión admitió que había sido un simple truco para dar una seña de identidad radical al grupo.

Metzger tenía preferencia por las fotografías e instalaciones a gran escala y por las acciones donde intervenía el azar. “Cuanto menos haga el artista en la obra, mejor”, solía decir. Utilizaba con la misma intención el arte high tech y las “basuras encontradas”. En ese aspecto, fue un autor absolutamente postmoderno. En 2004, un empleado de la limpieza de la Tate Britain se deshizo de una bolsa de basura que formaba parte de una instalación. El artista declaró irónicamente que aquella persona había arruinado totalmente la obra. También fue el primer editor de la publicación Computer Art Society (1969). De aquella experiencia recordaría hace pocos años en The Guardian: “Saqué la revista de su mesianismo tecnológico para confrontarla con lo que supone la tecnología como amenaza para la humanidad”.