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FOTOGRAFÍA

El legado oculto de un fotógrafo, Alfredo Cortina

Se exhibe por primera vez en España la obra de este autor, desconocido como artista, representativo de la fotografía latinoamericana

Chichiriviche, 1960 Ver fotogalería
Chichiriviche, 1960

Alfredo Cortina es un misterio. Como fotógrafo es el gran descubrimiento de la fotografía latinoamericana. En el ámbito más íntimo, a la sombra de su trayectoria como pionero de la radio y la telenovela venezolana, construyó un archivo único de paisajes donde su mujer, la poetisa y autora de teatro Elizabeth Schön, tiene un lugar destacado. Nunca se consideró artista, ni nadie lo calificó como tal en vida. Sin embargo, años después de su muerte su obra se revela como la de aquel que, adelantado a su tiempo, de forma natural y sin pretenderlo, nos deja un importante legado artístico.

. Sin título, 1965 ver fotogalería
. Sin título, 1965

Un atlas para Elizabeth. Alfredo Cortina da nombre a la exposición que acoge La Fábrica, en Madrid, en colaboración con el Archivo de Fotografía Urbana de Venezuela, que muestra por primera vez en España la obra de Cortina a través de 24 imágenes en blanco y negro, realizadas entre 1950 y 1965. Elizabeth es el hilo conductor y eje vertebrador de esta serie de fotografías; silenciosa y misteriosa musa y modelo del autor posa en dispares paisajes, rurales y urbanos. Paisajes insólitos, a veces desasosegantes, que bajo la mirada medida y distante del fotógrafo nos hacen sentir el paso del tiempo, la razón de nuestra existencia, en una realidad a veces extraña y desconocida. Al tiempo, La Fábrica presenta un nuevo tomo de su colección PhotoBolsillo dedicado al artista, el cual presenta en 60 imágenes una Venezuela caminando a la modernidad y el progreso.

“Es un fotógrafo único, porque trabaja a contracorriente del discurso fotográfico de la época”, señala Vasco Szinetar, comisario de la muestra. “En un momento en el que la fotografía estaba soportada sobre la idea de construir una imagen única, como lo hacían sus coetáneos Alfredo Boultón o Manuel Álvarez Bravo, Cortina se aparta y hace otra obra; se inventa una obra construida a partir de series. Es un adelantado del arte conceptual latinoamericano. Lo extraordinario es que construye la imagen desde una perspectiva totalmente desdramatizada, muy ambigua y perturbadora”. Su obra no podría calificarse ni de paisaje ni de retrato, la ambigüedad es su sello.

Sin título, ca. 1955 ver fotogalería
Sin título, ca. 1955

La afición por la fotografía comenzó a los 14 años para este polifacético venezolano y continuaría a lo largo de toda su vida. Nació en 1903 en Valencia, Venezuela, donde se le recuerda fundamentalmente como hombre de la radio. Fue también guionista de televisión, autor de radionovelas y programas culturales, así como de obras teatrales. Integrado en su entorno histórico y cultural, fue sensible a los avatares su tiempo. Murió en 1988, sin dejar ningún testimonio ni escrito ni hablado sobre su obra. Szinetar conoció a Cortina en 1979 cuando cumplía con el encargo de fotografiar a los pioneros de la cultura venezolana, sin sospechar que ante él posaba un artista excepcional del que tendría la oportunidad de estudiar su obra años más tarde, como curador del Archivo de la Fotografía Urbana. “Descubrí una obra que cada vez me sorprende más”, cuenta el comisario, “sus imágenes son sumamente inquietantes. Se mueve en un espacio ambivalente donde los paisajes son totalmente diferentes. No buscan impactar. No es un fotógrafo que se relacione con el espectador para impresionarlo. Para impresionarlo tiene otro silencio, otra forma de construir las imágenes”.

Durante más de 30 años Elizabeth posó impertérrita para su marido durante sus viajes y escapadas por la periferia de Caracas. Las imágenes tomadas no eran casuales. “Uno se da cuenta de que ya tenía conceptualizado lo que iba a hacer. Son imágenes impecables que se resuelven en una sola foto. Cada imagen es única, solo existe una toma en el negativo”, explica Szinetar. Así, Elizabeth posa absorta en el bullicio de Manhattan, sujetando un libro entre los rieles de las vías del tren, o en el desolador paisaje cercano a Chichiriviche, bajo la atenta mirada de un perro. Siempre está presente, pero son pocas las cosas que sabemos de ella. Su figura funciona como contraste, en este mundo de disparidades en el que nos sumerge el fotógrafo. Las imágenes quedan construidas con su complicidad. “Su mujer es parte de la operación creadora donde participan los dos”, continua el comisario, “ella se presta como una suerte de maniquí a una escena siempre perturbadora. Son escenarios desprovistos de heroicidad, sin ningún romanticismo, donde podría ocurrir cualquier cosa, hasta un crimen. Son muy particulares”.

Sin título, ca. 1955 ver fotogalería
Sin título, ca. 1955

El hallazgo de la obra de Cortina no ha pasado desapercibido. En el 2012 se expuso su obra en la Bienal de São Paulo, donde Luis Pérez Orama, su director, le calificaría como “un Cindy Sherman anticipado”. Dos años más tarde el MoMa adquirió 24 imágenes para su colección y las exhibió en Paris Photo. “Cortina es el descubrimiento de la fotografía latinoamericana más importante del momento. Conecta con el arte conceptual y es sumamente contemporáneo. Trabaja un concepto seriado en un periodo sumamente largo de 40 años, lo que le hace único”, concluye Szinetar.

 Un atlas para Elizabeth, Alfredo Cortina. La Fábrica. Madrid. Hasta el 21 de marzo.