Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere Jannis Kounellis, precursor del ‘arte povera’

El creador griego muere a los 80 años en su ciudad adoptiva, Roma

Jannis Kounillis, en Santiago de Compostela, en una imagen de 2009.
Jannis Kounillis, en Santiago de Compostela, en una imagen de 2009.

Tal vez algunos lo recuerden sobre todo por la polémica que se generó en torno a un guacamayo. El loro formaba parte de una de las instalaciones de la retrospectiva que el Museo Reina Sofía le dedicó en 1996, lo que provocó denuncias de maltrato animal y que se personara la Guardia Civil. El museo finalmente retiró al animal con el consiguiente enojo de Jannis Kounellis, que calificó la decisión de censura y amputación de su obra. Pero ya entonces este griego, nacido en 1937, era un creador consagrado en el arte contemporáneo, como uno de los padres del llamado arte povera (arte pobre) y había mostrado sus influyentes trabajos en algunos de los principales museos del mundo.

Hoy, viernes, se conoció su fallecimiento en Roma a la edad de 80 años, ocurrido en la noche del jueves. A Kounellis se le recordará principalmente por su protagonismo en el citado movimiento, que apareció en Italia en los años sesenta como reacción al arte tradicional y que se extendió a numerosos países. Postulaba el empleo de materiales de desecho, triviales, ajenos al concepto clásico de belleza. Michalangelo Pistoletto, Giovanni Anselmo, Mario Merz o Gilberto Zorio fueron otros de sus representantes más conocidos.

Kounellis llegó a Roma, su ciudad adoptiva, para estudiar en la Academia de Bellas Artes siguiendo al maestro Toti Scialoja y desde allí proyectó su carrera. Su estreno fue con una exposición individual en 1960, en la galería romana La Tartaruga. Empezó pintando sobre lienzo, pero ya entonces mostraba una inquietud hacia la reflexión artística sobre la sociedad moderna y la política.

Poco después se fue especializando en la combinación de materiales orgánicos e inorgánicos en sus obras, todos ellos caracterizados por su sencillez. Comenzó a alcanzar fama y sorprender a los críticos a finales de los sesenta, cuando en sus instalaciones combina animales vivos y vigas de hierro, bolsas de yute, trozos de carne y madera.

De este periodo son sus famosos caballos atados a las paredes en la galería L’Attico o la famosa Puerta cerrada de San Benedetto del Tronto, un cúmulo de piedras en forma de puerta que simbolizaban el aislamiento con el mundo exterior.

La iconografía kounelliana está también hecha de cactus, arpillera, carbón, planchas de hierro, lana, somieres viejos, piedras, fuego, humo... “Para mí, los materiales no juegan ningún papel. Sirven para polarizar el espacio. Hice una exposición con caballos, pero nunca pensé que se trataba de materiales, sino que era la única posibilidad de crear una visión. Odio los materiales”, dijo en una entrevista con este periódico en 2009 con motivo de una exposición en Matadero de Madrid. En España, también exhibió su trabajo en Santiago de Compostela o Barcelona.

Su lema artístico era que había que “salir del marco”, y para ello utilizó en sus instalaciones, troncos, fuego, sacos, carbón, mariposas o los jarros de barro chinos. Como dijo en otra entrevista con este diario, "el mercado ha cambiado la naturaleza del artista".