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COLUMNA

‘Santa Clarita Diet’: buena mala serie

Dentro de las malas comedias de Netflix, la de Drew Barrymore es de las mejores

Timothy Olyphant y Drew Barrymore, "vestidos como para una convención de Matrix" en 'Santa Clarita Diet'. En vídeo, el tráiler de la serie.

Santa Clarita Diet es una mala serie. Es una comedia con momentos burdos, situaciones vergonzantes y desagradable, a ratos, en sus momentos más gore. Y le he tomado cariño. El primer sorprendido soy yo. De primeras, parece una comedia más del cajón de malas comedias de Netflix (sí, estoy pensando en The Ranch), pero hay que pasar de ese rancio primer capítulo y darle una oportunidad a esa poco entrañable familia de un suburbio de Los Ángeles.

El argumento de la serie es tan tonto como que su protagonista, Drew Barrymore, se muere y se convierte en una especie de zombi (sin la parte de descomponerse… más o menos) que necesita comer carne humana y fresca. Una mera excusa para poder hacer chistes sobre la familia, el matrimonio, los hijos y las relaciones con los vecinos que podríamos ver en cualquier sitcom, pero con sangre, vísceras, mucho vómito, quizá demasiado, y momentos burros como los que tanto gustaba a Peter Jackson (El señor de los anillos) en su primera época como cineasta. Y ahí está una de sus gracias. En esa desfachatez gore en un ambiente familiar y soso.

La relación del matrimonio entre Barrymore y Timothy Olyphant (da gusto verle haciendo comedia tan desmedido y exagerado una vez pasado ese primer episodio, y cuesta reconocer a ese Bullock tan serio de Deadwood) con su hija adolescente se sale de lo típico al incluirla a ella en esta vorágine de canibalismo por necesidad pero sin intentar hacer daño a nadie. La serie está llena de referencias también a pequeños clásicos del cine como Este muerto está muy vivo o No matarás… al vecino (ambas de 1989) y funciona porque no trata de dar lecciones de absolutamente nada.

Barrymore no actúa bien, pero no importa. Su química con Olyphant es muy buena, y eso hace que todo, por muy absurdo que sea, funcione. Los personajes de la hija y el hijo de los vecinos (absolutamente entrañable) también ayudan a engrasar la comicidad. Incluso hay algún chiste verbal memorable. Santa Clarita Diet es una serie mala y tonta. Pero dentro de las malas, es de las mejores.

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