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“Me sigo sintiendo un burro, pero ahora con éxito”

Olivier Bourdeaut publica en español su primera y sorprendente novela, ‘Esperando a mister Bojangles’, que escribió en Altea, tras su gran triunfo en Francia

El escritor Olivier Bourdeaut, en Altea (Alicante), en la playa junto a la casa donde reside.
El escritor Olivier Bourdeaut, en Altea (Alicante), en la playa junto a la casa donde reside.

Relata su extraordinaria historia como si de un cuento se tratara: “Estaba en París, en una situación precaria, salía mucho de fiesta, iba sin rumbo. Llamé a mis padres, les dije que estaba muy deprimido y les pregunté si podía venir a España a buscar refugio. No vine para escribir. Por lo general, cuando digo que voy a hacer algo, al final no lo hago. Salí en pleno invierno, con menos cinco grados, nevaba, todo era muy triste en París. En el avión ni siquiera tenía una historia en mi mente. Aterricé y antes de llegar a Altea la Vella, nos paramos en un estanco en la carretera. Yo estaba escuchando un poco de jazz, el tiempo era maravilloso, el viento cálido, olía a azahar, a jazmín. Al día siguiente, me levanté a las 5,30 de la mañana para empezar una novela sin tener ningún argumento. Había escrito un libro muy largo, cínico, violento, que nadie quiso, y solo sabía que quería escribir algo totalmente opuesto”.

Y Olivier Bourdeaut lo hizo. En siete semanas, este antiguo agente inmobiliario, fumigador y fontanero escribió una fábula luminosa sobre una pareja embriagada de bailes, cócteles, manjares y libros, con un principio deslumbrante, lúdico, narrado a través de los atónitos ojos de un niño.

Casa sin tele, lectura asegurada

Olivier Bourdeaut se aficionó a la lectura muy pronto. “Tuvimos la suerte de no tener televisión en casa. Mis hermanos y yo teníamos dos opciones: aburrirnos o leer. No fui buen estudiante, pero sí un riguroso lector. Leía todo lo que había de un movimiento, de un país, de una época...”. Para Esperando a mister Bojangles se inspiró en el matrimonio de Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre y en la atmósfera de Desayuno con diamantes, de Truman Capote. Le interesan los clásicos franceses y tiene una opinión sobre Michel Houellebecq o sobre Marine Le Penn, pero no entiende el interés por conocerla: “No soy un intelectual, por favor”, dice sonriendo.

“Necesitaba algo de luz, una ración de optimismo”, recuerda moreno Bourdeaut, en una soleada mañana invernal. La terraza de su casa recae sobre una pequeña playa donde las olas mueren mansamente en la orilla. Hoy, tras el gran éxito el pasado año de su primera novela, Esperando a mister Bojangles (Salamandra), el escritor francés de 36 años se ha establecido en las afueras de la población alicantina de Altea, no muy lejos de la casa de sus padres jubilados, en la sierra de Bèrnia, de camino a la encastillada y pintoresca localidad de Guadalest.

Escrita en Altea

Estos escenarios naturales, que disfrutaba mientras la escribía, son recreados de manera difusa en la novela. Los padres protagonistas compran un castillo en España para proseguir su disoluta y hedonista vida, y allí, y en París, transcurre la acción de un libro, cuyo título remite a la estupenda versión de la canción Mister Bojangles, interpretada por Nina Simone. “Esa canción estaba en mi Ipod y me pareció que la voz era muy cálida, melancólica, pero también con puntos de alegría. Era mi compañera, la escuchaba en bucle”, explica el autor.

La pareja protagonista, “que se ama con locura”, apostilla Bourdeaut, no deja de bailar el tema de la cantante y pianista en su descenso al otro lado de la cordura, sin perder la ligereza y el tono de fábula de esta novela corta cuya publicación tiene algo de “milagroso”. “Era bastante megalómano y pretencioso y quería que una gran editorial me publicara. Pero me dieron calabazas. Y hace año y medio me hablaron de una pequeña editorial de Burdeos, Finitude. Investigué en Internet. Había publicado autores muy interesantes, con portadas muy bonitas y daba buen rollo. Se lo envié y me llamaron cuatro días después. Pensé que me estaban tomando el pelo. Llevaba esperando siete años esa llamada. No daba crédito. En su voz se notaba esa sensación de urgencia que yo ya había olvidado. Me preguntaron si la había enseñado a otros. En fin, pintaban bastos”, explica, sin dejar de sonreír.

El pésimo estudiante, el fracasado, el crápula, tocó la clave del éxito y su libro se convirtió en un fenómeno editorial en Francia, aupándose en la lista de los más vendidos y cosechando una retahíla de premios (finalista también al Goncourt a la primera novela) y de buenas críticas. Ahora le espera la adaptación al cine (de la que se ha comprometido a no adelantar apenas nada) con un equipo artístico de campanillas, justo lo que el propio autor había imaginado en una ocasión. “Sí, es como un milagro, como algo de magia, pero me sigo sintiendo un burro, igual que antes, sólo que ahora con éxito”.