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La Filmoteca, un drama en busca de un final feliz

La institución encargada de salvaguardar el patrimonio fílmico español, acosada por recortes, externalizaciones y conflictos laborales, acaba de renovar su directiva

El 96% del cine mudo nacional ya ha desaparecido y el futuro del único laboratorio analógico del país está en juego

Sala del cine Doré, sede de la Filmoteca Española, ayer en Madrid.

Las grietas aún adornan la fachada del cine Doré, pero en el interior de la Filmoteca Española se ansía más que nunca una calma a prueba de fisuras. Con los recientes nombramientos de Ana Gallego como directora de la institución y Carlos Reviriego como director adjunto y programador, al menos parecen resueltos dos de los muchos problemas que han venido acosando en los últimos años al organismo encargado a salvaguardar el patrimonio fílmico español. Una tarea para la que no siempre ha contado con la suficiente sensibilidad por parte de las administraciones y de la opinión pública: como acostumbraba a decir el exdirector de la Filmoteca, José María Prado, en el cargo durante 27 años, una película de Buñuel es más frágil que un cuadro de Velázquez y así es como se ha perdido irremediablemente el 96% del cine mudo español. El cometido adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que en España no quedan depósitos vinculados a laboratorios de película analógica –triunfó el digital-; solo en la Filmoteca se pueden conservar las obras audiovisuales almacenadas en celuloide. Un tesoro artístico, una parte de la Historia.

“Es primordial recuperar ese patrimonio y ponerlo en valor, que dialogue con el cine contemporáneo”, explica Reviriego, que fue elegido por concurso y hasta ahora era conocido por su labor como periodista cinematográfico. De ahí que la institución vaya a abrirse a "formatos más experimentales". “Queremos vincular a la industria y a la gente del cine con el devenir de esta institución”, añade. Su incorporación y la de Gallego llegan tras la tormenta que estalló en noviembre. Ni el 21% del IVA, ni las exiguas exenciones fiscales, ni el atasco de la Ley del Cine; lo que provocó la destitución de Lorena González Olivares como directora del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), de quien depende la Filmoteca, fueron los alarmantes informes que procedían de la institución cuya cara visible es el modernista cine Doré.

Almodóvar estrena la nueva era

El pasado noviembre la productora El Deseo, de los hermanos Almodóvar, y la Filmoteca llegaron a un acuerdo para que todo el material fílmico de la empresa se depositara en el Centro. "En marzo vamos a dedicar un ciclo homenaje a Almodóvar por sus 30 años de carrera", cuenta Carlos Reviriego, director adjunto de la Filmoteca. Ese será el primer gran evento del nuevo equipo: "No haremos una restructuración sino que vamos a ir cambiado las cosas de forma gradual. Se puede hacer lo que se puede hacer". Para Reviriego, la Filmoteca debe volver a atraer a la gente joven a sus dos salas del cine Doré.

Durante estos primeros 20 días, ha estado estudiando diversos modelos de programación bajo un lema: "La Filmoteca debe de romper su imagen de museo del cine y convertirse más en un templo del cine".

Tras el anuncio por sorpresa de que Prado se prejubilaría en marzo de 2016 —justo después de que se reabriera la sala principal de proyecciones tras casi cinco meses cerrada por una plaga de chinches—, la precariedad se asentó en la Filmoteca. Y no solo por la desaparición de su rostro más visible. Por “falta de personal”, se negaron copias a festivales internacionales, se renunció a colaborar con instituciones homólogas, como la Anthology Film Archives y se rompieron acuerdos de ciclos con embajadas e institutos culturales. Aunque las peores noticias llegaron desde la razón de ser de la Filmoteca, la preservación del material. “Ahora mismo hay unos 30.000 títulos catalogados. Quedan otras 15.000 películas pendientes de ordenarse”, según contaba en diciembre Ramón Rubio, responsable del departamento de recuperación, desde el Centro de Conservación y Restauración de Filmoteca Española.

A eso se añadió un cruce de mensajes entre algunos trabajadores de contratas externas —que no fueron renovados y atacaron en la prensa la situación de la institución— y los empleados fijos, que en un comunicado firmado por 42 de ellos se mostraban indignados “por opiniones falsas y malintencionadas”. En algo se mostraron de acuerdo las dos partes. “El equipo de expertos y profesionales no ha sido sustituido, sino que se ha visto reducido debido a las jubilaciones cuyas plazas no han sido cubiertas. Debido a esta falta de medios y recursos, el personal de este organismo ha visto incrementado su trabajo asumiendo nuevas tareas y responsabilidades”, admitía el comunicado de los empleados fijos.

Tantos años de Prado al frente de la Filmoteca también parecían pesar, y le granjearon sus enemigos, que aseguraban que gobernaba la institución como si fuese “su chiringuito”. Notorios fueron los encontronazos con el exdirector de ICAA Ignasi Guardans, una de las razones por la que este fue cesado de su cargo. Nunca hubo una comunicación fluida entre el ICAA y los responsables de la Filmoteca, según fuentes del sector.

Sin interés por el patrimonio

No existe un presupuesto desgajado de la Filmoteca al ser una subdirección del ICAA. Pero como forma parte desde 1956 de la FIAF (Federación Internacional de Archivos Fílmicos) se puede deducir que en 2015 contó con 3,5 millones de los euros, raquíticos comparados con los más de seis millones de 2010. El sueldo de los trabajadores —65 de ellos fijos— no entra en este cálculo. La Cinemateca Francesa cuenta con un presupuesto de 24 millones de euros anuales. “Todavía no tenemos presupuestos de 2017… No puedo decir nada más”, cuenta la nueva directora, Ana Gallego, cuyo nombramiento inquietó a algunos sectores del cine por venir de fuera de ese mundo (su anterior desempeño fue como subdirectora adjunta en la Subdirección General de Coordinación Interinstitucional en Violencia Género).

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Una empleada del Centro de Restauración de la Filmoteca, en 2014.

Lo cierto es que el cargo debe de ser ocupado por un funcionario y no se elige por concurso público, al ser una subdirección general. “Trabajaremos codo con codo el ICAA, desde la dirección adjunta, responsable de la programación y de la parte artística [Carlos Reviriego], y desde mi parte, la gerencial y de organización. Por eso hemos creado un tándem, y ahora estamos perfilando medidas”, asegura la nueva directora.

La Filmoteca -que actualmente cuenta con su sede en la calle Magdalena, el cine Doré para sus proyecciones en la cercana calle de Santa Isabel (ambos en Madrid) y el Centro de Conservación en Pozuelo de Alarcón- se convirtió en organismo autónomo en 1982. En aquel momento no se aprovecharon los seis meses para elaborar un reglamento para el organismo, y el proyecto fracasó, por lo que cuando Pilar Miró creó el ICAA y la Filmoteca quedó bajo su mandato. La realidad, con ese arrinconamiento, ha confirmado durante décadas algo que contaba Chema Prado a este diario en junio: “Aquí no interesa el patrimonio”.

Creada en 1953, la institución llevaba comandada por el mismo equipo desde los años setenta. Eran expertos en su área, aunque no funcionarios. Después de lustros en sus puestos, acabaron dentro de la Administración automáticamente. Cuando llegaron las jubilaciones, no hubo sustituciones. Los actuales responsables insisten, efectivamente, en que el personal es insuficiente. “El trabajo del Centro es espléndido, pero por supuesto hay que reforzarlo e impulsar su actuación. Tienen fondos ingentes y toda ayuda es poca”, confirma Gallego. Entre las carencias presupuestarias destaca el hecho de que el centro, que se inauguró en 2014, no puede tener un laboratorio de restauración y está externalizado. El detalle es fundamental teniendo en cuenta que la Filmoteca custodia allí parte del patrimonio artístico español: el cinematográfico.