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Wendy Guerra: “Le pediría a Raúl Castro que no prohíban nuestros libros e ideas”

La autora cubana responde al carrusel de preguntas de este diario

La escritora cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970) vive sola en su propia isla. Su obra, mucho más divulgada y reconocida en el exterior que en su país, se compone de cuatro libros de poesía y cinco novelas, la más reciente, Domingo de revolución (Anagrama), publicada el año pasado. Alumna aventajada de los talleres de guion de Gabriel García Márquez en Cuba, ha recibido el premio Bruguera en España y la Orden de las Artes y las Letras en Francia, entre otros. “En Cuba no existo, la censura me muele”, se lamenta. “Ahora mismo llega la feria del libro de La Habana y no tengo ni entradas, no puedo participar”.

La escritora cubana Wendy Guerra. Ampliar foto
La escritora cubana Wendy Guerra.

¿Qué libro le cambió la vida?

El guardián en el trigal. Salinger.

¿Cuál es su rutina diaria para escribir?

Despierto temprano en Miramar, mi barrio situado en las playas al oeste de La Habana, me ducho y casi chorreando agua pongo la cafetera a colar Café Cubita, enseguida me siento a escribir hasta entrado el mediodía. Almuerzo algo frugal, veo las noticias, cuando baja un poco el sol salgo a nadar un rato a la costa y mientras lo hago cambio las ideas de lugar, regreso a enjuagarme y tomar algo frío al atardecer, entonces me tiendo en la terraza a pensar en lo escrito dejando siempre un lazo para ensartar la historia… mañana será otro día.

¿Qué música le sirve para trabajar?

El piano de mi esposo el pianista y compositor cubano Ernán López-Nussa. Cada mañana estudia, hace escalas, repasa a los clásicos.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

El salvaje Cayo Carenas. Cienfuegos.

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Con Gabo, quien a través de sus vivencias y de sus invitados podía contarme la historia de mi propia época, incluso, cambiar las reglas mientras meneaba un whiski a las rocas entre sus manos.

¿Qué significa ser una escritora?

Un testigo que logra comunicar el drama humano con herramientas secretas a través de su universo sensorial.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

Uno sabe con quién se casa, pero no de quién se divorcia. Albis Torres, mi madre.

¿Tiene algún sueño recurrente?

Sueño que hablo con mi madre, ella está sentada en la cama mirándome mientras se peina y me pide que no abandone Cuba.

¿Qué le diría al presidente Raúl Castro?

Que no se prohíban más filmes en mi isla y dejen exhibir Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, que aborda la vida un autor censurado décadas atrás. Le pediría que no sigan prohibiendo nuestros libros e ideas. Prohibido prohibir.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

Este domingo en una proyección doméstica de Santa y Andrés.

¿Cuándo fue más feliz?

Cuando encuentro una idea para iniciar un nuevo libro.

¿Qué lo deja sin dormir?

Sentir un extraño en mi cuarto.

¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?

Bonjour tristesse, de Françoise Sagan.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

A sus plantas rendido un León, del autor argentino Osvaldo Soriano.

¿Qué personaje literario se asemeja a usted?

Nieve, de Todos se van, basado en mi diario de infancia, Cuba 1978-1990.

¿Quién sería su lector perfecto?

Mi editora, amiga y autora catalana Ana María Moix.

¿Cuáles libros están normalmente es su mesa de dormir?

La poesía que compro o me regalan.

¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?

Con el técnico de ascensores.

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