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Martín Garzo: “La literatura es viajar a los márgenes de lo real”

El escritor vallisoletano fabula en su nuevo libro el episodio bíblico del sacrificio de Isaac

El escritor Gustavo Martín Garzo, hoy miércoles, en un hotel de Madrid.
El escritor Gustavo Martín Garzo, hoy miércoles, en un hotel de Madrid.

El escritor Gustavo Martín Garzo reconoce que se ha "metido en un barullo", en este comienzo de 2017, por recuperar en su nuevo libro, No hay amor en la muerte (Destino), una historia de su infancia, "una etapa en la que el catolicismo ocupaba un papel central". Se trata del "relato más oscuro", dice, de la Biblia, el sacrificio de Isaac. "Una historia fascinante, poderosa", la del hombre que recibe el encargo de Yahvé de asesinar a su hijo como prueba de su obediencia y temor a Dios. De esa parábola nace su libro, que, "más que una novela, es un largo poema" por capítulos, en los que no hay puntos y seguido, ni puntos y aparte, sino frases a modo de versos separados por cesuras. Un formato que se le ocurrió al situar a "un Isaac mayor, que medio delira" y recuerda su vida con unas figuras misteriosas que se le aparecen.

A ese relato "tan atroz" del Antiguo Testamento, consideraba Martín Garzo (Valladolid, 1948) que le faltaba "el punto de vista del hijo, qué podría pensar ese muchacho después de que el sacrificio quedase en suspenso, y cómo podría mirar a su padre". Para el autor, las historias de la antigüedad —religiosas, mitológicas— "plantean las grandes cuestiones que nos afectan como humanos, en este caso, el conflicto entre el amor y el deber". El premio Nacional de Narrativa (1994), por El lenguaje de las fuentes y de Literatura Infantil y Juvenil (2004), por Tres cuentos de hadas, asevera que "hay muchos hechos contemporáneos que tienen que ver con ese dilema". Así, cita "el cumplimiento de la ley, cuando no puede ser el todo, por ejemplo, como ocurre con los refugiados sirios, que pasan frío y se les da un cuenco con comida pero Europa no los acoge. Esas personas confiaban en Europa, sin embargo, se les ha defraudado".

El clímax del relato bíblico de Isaac, "de una gran intimidad", interrumpido por el ángel que detiene a Abraham en el último segundo, le sirve al autor para tratar también las relaciones entre todo padre y su hijo varón. Le ha gustado indagar en ese vínculo "misterioso, extraño y desigual, que mezcla autoridad y amor". Este escritor subraya que se trata de un tema muy actual, y que siempre lo será: "Los padres de ahora siguen haciendo a sus hijos depositarios de sus promesas, desean que hagan lo que ellos no han podido realizar, pero ¿tienen derecho a ello? Entonces, qué hace el hijo con su propia vida. Puede ser una herencia terrible. Por eso, mi novela es una especie de carta al padre".

Martín Garzo ha querido construir en No hay amor en la muerte "un mundo de fantasía y locura, de amor a la vida, sin tratar de descifrar ni juzgar a sus personajes". Precisamente, sobre el título del libro, explica que "la muerte es la verdad suprema y última de la vida, y supone la pérdida de lo que amas". Como en tantos pasajes de las sagradas escrituras del cristianismo, el sexo está presente en esta obra. "Es algo que va unido a la vida. Me lo planteé porque tratando un tema tan grave, veía que había momentos en que necesitaba aliviar al lector".

El autor de Las historias de Marta y Fernando, premio Nadal en 1999, retoma el hilo de la realidad, de "un mundo que cada vez excluye más seres". Se refiere a los "nuevos movimientos" políticos que "subrayan la expulsión de lo extraño, mientras que la literatura es lo contrario, supone abandonar lo conocido y encaminarte a las afueras, a lo distinto". Para Martín Garzo, "cuanto más te cierras, más cosas te pierdes", así que fenómenos como la llegada de Trump a la presidencia de EE UU o el Brexit transforman las sociedades "en lerdas e incomprensibles porque viven rodeados de muros". La vacuna está en los libros. "Viajar a los márgenes de lo real es una de las misiones de la literatura, lo interesante es preguntarte por lo que está fuera y este tipo de libros son un puente para llegar a esos lugares".

'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1603).
'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1603).