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Fracasar cuesta mucho esfuerzo

La compañía vascosuiza L’Alakran celebra su 25 aniversario, con un divertimento dadaísta precedido de un paseo urbano ameno, didáctico y reflexivo, en el festival burgalés Escena Abierta

Escena de 'La conquista de lo inútil'.
Escena de 'La conquista de lo inútil'.

LA CONQUISTA DE LO INÚTIL

Autores: Óscar Gómez Mata y los actores: Txubio Fernández de Jáuregui, Esperanza López y Javier Barandiaran. Vestuario: Verónica Segovia. Video: Sven Kreter. Luz: Roberto Cafaggini. Dirección: O. Gómez Mata. Producción: Compagnie L’Alakran. Burgos. Teatro Principal, 13 y 14 de enero.

La cita es opcional, horas antes de la función. En el zaguán del madrileño Teatro Pradillo, Óscar Gómez Mata y Txubio Fernández de Jáuregui, director e intérprete de la compañía suiza L’Alakran, elogian la curiosidad, madre de las actividades inútiles; enuncian un lema: “Máximo esfuerzo, mínimo resultado”, y nos proponen que estemos atentos a cuanto veamos durante un paseo silente por el barrio de Prosperidad. Salgo el último y observo: el adoquinado, que pervive en algunos vados, la marca que en los portales quedó tras arrancar las placas con el yugo y las flechas del Instituto Nacional de la Vivienda franquista…

La sensación de que caminamos muy rápido, desaparece cuando me aúpo a la cabeza del grupo. En una placita donde hay un oso y un madroño cubistas, Txubio tuvo un encuentro tres días ha: “Usted es Rafael Sánchez Ferlosio”. –Lo fui. “Quizá le estoy molestando”. –Me molesta el sol. “Antes de esta escultura hubo aquí un monolito, ¿se ha fijado? –Yo ya no me fijo en nada.

Frente a un hotelito con una placa de la Cooperativa Española de Casas Baratas (tal nombre es hoy un oxímoron), con la efigie de Pablo Iglesias atravesada por un balazo, Óscar evoca los unifamiliares de la Mahou, y el público, otras colonias industriales (Sedó, Altos Hornos de Vizcaya, Marconi…), el paternalismo filantrópico que impulsó su creación y las tres décadas que hay que hipotecarse hogaño para comprar unos metros cuadrados en una colmena.

En el parque de Berlín, nuestros guías nos cuentan un episodio digno de Ferreri y Berlanga: empleados públicos intentaron limpiar las pintadas originales de tres fragmentos del muro traído de la capital germana. Volvemos al teatro, predispuestos por este paseo ameno, similar al que en 2009 dio con los huesos de Bob Dylan en comisaría, por “caminar sin rumbo fijo”, no fuera que cundiese su improductivo ejemplo.

En el 25 aniversario de L’Alakran, La conquista de lo inútil, divertimento autobiográfico que se presenta ahora, paseo previo incluido, en el festival burgalés Escena Abierta, rememora la historia de la compañía a través del alter ego de su director, encarnado por Javier Barandiaran, interrumpido por tres bufones que dicen ser las sombras de Borges, Virginia Woolf y Guy Debord, a los cuales citan y parodian. Un hálito dadaísta y retozón anima el espectáculo del cénit al nadir: ver a Esperanza López oficiando de médium es una experiencia equivalente a la de escuchar a Jardiel poniéndole voz a sus Celuloides rancios.