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Un monstruo en mi motor

El filme recoge y exalta las virtudes de los viejos 'blockbusters' en un luminoso y afortunado ejercicio en torno a la memoria del cine de los ochenta

MONSTER TRUCKS

Dirección: Chris Wedge.

Intérpretes: Lucas Till, Jane Levy, Rob Lowe, Thomas Lennon.

Género: fantasia. Estados Unidos, 2016

Duración: 104 minutos.

La era del blockbuster para el mercado global, asociado a franquicias o productos de mercado (libros, juguetes) de ya probada rentabilidad, es un fenómeno sintomático del Hollywood donde los estudios han sido absorbidos por las grandes corporaciones de comunicación que ha tenido un singular efecto colateral: la entronización en el imaginario colectivo del cine-espectáculo de los ochenta como un paraíso perdido. Ese es el argumento que sostiene The Time of My Life (Blackie Books), ensayo muy recomendable de Hadley Freeman que, entre otras cosas, desliga esa reivindicación del cine de los 80 de la nostalgia: buena parte de los defensores de esa estética ni siquiera había nacido en esa supuesta década dorada, que, por otra parte, sentó paradójicamente –o no- las bases de este presente de blockbusters teledirigidos.

Entre las razones esgrimidas por Freeman para defender la superioridad del cine ochentero destacan el margen de libertad del que gozaban los directores –un cine comercial de autor era posible- y el respeto a los personajes –que en muchos casos eran arquetipos, pero al menos con un brote de alma-, pero se le olvida una: también eran películas rodadas de un modo sensiblemente distinto al de estos nuevos espectáculos diseñados para aturullar y sobrestimular a espectadores con déficit de atención. Primer largometraje de imagen real de Chris Wedge -director de Ice Age: la edad del hielo (2002), pero también de las muy notables Robots (2005) y Epic: El mundo secreto (2007)-, Monster Trucks recoge y exalta todas esas virtudes en un luminoso y afortunado ejercicio en torno a la memoria del cine de los ochenta. Con un punto de partida de serie B a lo Corman o Charles Band –darle un giro literal al fenómeno de los camiones tuneados-, la película alcanza su modesta meta con honestidad, ingenuidad y chispa como vigorosos carburantes.