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Más allá del remordimiento

Rodada en un blanco y negro de severidad germana, 'Frantz' es una pieza mayor en la obra de François Ozon

FRANTZ

Dirección: François Ozon.

Intérpretes: Paula Beer, Pierre Niney, Anton von Lucke, Ernst Stötzner.

Género: drama. Francia, 2016

Duración: 113 minutos.

Entre El teniente seductor (1931) —opereta sublimada a través de la sofisticación de su estilo visual— y Una hora contigo (1932) —revisión musical de Los peligros del flirt (1924)—, Ernst Lubitsch tomó una decisión temeraria al adaptar L’homme que j'ai tué (1925), obra teatral de Maurice Rostand, en el melodrama antibelicista Remordimiento (1932). La imagen de un desfile victorioso enmarcada por la amputación de un mutilado de guerra, las campanillas delatando la presencia de miradas cotillas durante el paseo de los potenciales amantes o el estratégico cambio de precio del vestido en un escaparate eran solo algunas evidencias de la eficacia de aplicar al melodrama el llamado toque Lubitsch, que era, más que un recurso concreto, una sensibilidad, suma de ingenio y capacidad de síntesis, cristalizada en figuras de estilo apoyadas en el sobreentendido. Como señaló Robert Sherwood en el New York Post, Remordimiento también marcaba una evolución: “Lubitsch ha aceptado el poder de la palabra (…) para subrayar que los mejores momentos del drama cinematográfico son aquellos en los que no hay nada que decir”. El desenlace de la película serviría como buena ilustración de estas palabras.

En Frantz, François Ozon se inspira libremente en Remordimiento, sin mencionar la obra de Rostand en sus créditos, y lo hace partiendo de una decisión cautelosa y admirable: renunciar al ejercicio de estilo, toda vez que el toque Lubitsch en otras manos —como demuestra la obra de Billy Wilder, sin ir más lejos— puede convertirse en algo mecánico y hasta vulgar. El cineasta respeta escenas y líneas de diálogo clave, pero añade un apreciable espesor a algunos aspectos de la historia: si Remordimiento ponía el acento en el sentimiento de culpa del soldado francés que mató en la trinchera a un más que probable hermano espiritual, aquí cobra especial centralidad la figura de la novia del difunto, Anna, que Paula Beer interpreta en delicada clave introspectiva. Para quien no conozca la historia, la posibilidad de una atracción homoerótica entre los personajes de Adrien (Pierre Niney) y Frantz (Anton von Lucke) añade un sustrato de complejidad al conjunto, plasmado en elegante escritura visual clásica.

Rodada en un blanco y negro de severidad germana que vira con elegancia al color con la evocación del ausente, Frantz es una pieza mayor en la obra de Ozon: un sutil drama en torno a la confluencia de dos sacrificios vitales en la construcción de una ficción aliviadora.

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