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De esclavo a catedrático

Juan Latino pasó de servir a ser profesor de latín. Escritores como Cervantes lo citan en sus textos

Retrato de un negro anónimo de Durero, (1508).

Contaba una comedia renacentista que el esclavo afroandaluz Juan Latino aprendió a leer de forma clandestina, escondido tras las puertas de una habitación en la que un maestro enseñaba las lecciones al nieto del Gran Capitán, en el palacio donde prestaba sus servicios a la familia Fernández de Córdoba, del Ducado de Sessa. Esto ocurría en el siglo XVI, un hombre del que hablaron con admiración en sus textos Cervantes y Lope de Vega.

“Aprende con gran pena y gran trabajo, porque no entra en la clase, y en la puerta se baxa, y oye, y mira por debaxo, y saca la lición entera y cierta”, relataba el dramaturgo sevillano Diego Jiménez de Enciso en su obra Juan Latino sobre la inspiradora vida de un esclavo de ascendencia subsahariana que no sucumbía a las “babas y gargajos” que le lanzaban en la época para humillarlo y demostró tener brillantes capacidades.

Juan Latino existió, vivió en el siglo XVI en Andalucía, y sus fuerzas, ánimos, espíritu e inteligencia le llevaron a ser liberado por sus amos, a estudiar, a graduarse como bachiller en Artes y a obtener una cátedra de Gramática en la Universidad de Granada. Se casó con una mujer blanca de alta alcurnia, y como excepción de sus tiempos, por amor. Todos hitos de su época.

“Fue el primer afroeuropeo que escribió obras de creación literaria en latín erudito, el primer humanista afroespañol, y el primer etíope que se dirigió con ironía a los blancos. Además conformó una de las primeras parejas mixtas legalmente constituidas en España”, defiende la profesora de Antropología Histórica de la Universidad de Granada Aurelia Martín, que ha publicado un nuevo libro sobre su historia, titulado Juan Latino, talento y destino, y también un cuento para niños, en inglés y español, para que sirva como ejemplo de vitalidad y superación.

El libro se titula talento y destino porque este esclavo, víctima de una España que fue centro esclavista desde el siglo XIV hasta finales del XIX, poseía un destacable intelecto y un importante dominio de la escritura. Y destino porque tuvo la suerte de que su dueño fuera un mecenas, amante de las artes, que apoyó su educación. Esto le permitió entrar en la Universidad de Granada, que igualmente mostró gran apertura al aceptar su registro en la institución.

“Incluso Cervantes alabó su manejo del latín”, interpreta la investigadora, que destaca entre las obras literarias de Latino un poema a la batalla de Lepanto, llamado La Austriada, en honor a Juan de Austria. Cervantes lo menciona en el prólogo de El Quijote como pleno conocedor de las letras; y Lope de Vega lo dejó plasmado en sus escritos otorgando dignidad a la negritud hasta reconocer que él quería ser el “Juan Latino blanco” del duque de Sessa. Consiguió pues dignificar a los negros en su época. “Es fundamental aprender del pasado, se consiguieron avances que se deberían de perpetuar”, apunta Martín.

Portada del libro para niños 'Juan Latino', de Aurelia Martín.

Entre la documentación inédita aportada en el libro, la autora ha puesto al descubierto la rúbrica del autor, actas universitarias que reflejan su inmersión académica, documentación de un pleito sobre sus viviendas y la confirmación de que existió un retrato suyo encargado por Felipe II para la Galería de Hombres Sabios del Alcázar Real de Madrid. “Es una historia fascinante porque no es un sueño, es la verdad. Encontré los documentos que lo prueban. Hubo un momento en que yo misma dudé, pero cada vez estoy más convencida de que cuando uno cree algo, debe seguir adelante, como hizo Juan Latino. Justamente por eso, él es una fuente de inspiración”, dice entusiasta Martín, que dirige en la Universidad de Granada un seminario sobre esclavitud, mestizaje y abolicionismo en los mundos hispánicos. “Su figura supone un antídoto contra el racismo, que rompe con los estereotipos biologicistas y anima a avanzar en la justicia social”, declara la divulgadora.

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