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Martirio: “La libertad ha sido mi bandera”

La cantante gana el Premio Nacional de las Músicas Actuales

Martirio
Martirio, retratada recientemente en su casa de Madrid.

Libre, natural y única. Esas son tal vez las tres palabras que mejor definen a Martirio, que recibió ayer el Premio Nacional de Músicas Actuales, un galardón que concede anualmente el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros. Habla como en sus canciones canta, con el mismo salero y calidez, con la misma pasión y originalidad. “Siento una emoción desbordante y una alegría colectiva”, dice entusiasmada por teléfono María Isabel Quiñones Gutiérrez (Huelva, 1954) desde su casa de Madrid, poco antes de salir corriendo a la presentación del libro de un amigo. ¿Y por qué colectiva? “Porque es un premio también para todas las personas que tienen fe inquebrantable en sus canciones, en transmitir y conectar con el público, gente con una ética y una estética”, añade.

En su fallo, el jurado ha resuelto conceder el premio a Martirio por “su coraje y su personal aproximación a las músicas populares, desde sus raíces andaluzas, mostrando el valor de la copla a las nuevas generaciones”. Ella lo agradece y reconoce que la palabra “libertad” es la que más le gusta para asociar a su obra, desde que empezó en la década de los setenta, cuando formó parte de Jarcha, grupo que deslizaba en sus canciones el espíritu de la España de la Transición. “La libertad ha sido mi bandera durante los 30 años que he trabajado como Martirio y los 35 años con Jarcha y con Kiko Veneno”, cuenta. En 1984 se unió a Veneno, liderado por Kiko Veneno y con los integrantes de Pata Negra: Raimundo y Rafael Amador. Y con ellos volvió a sentirse libre dentro de ese conjunto que sonaba aún más alegre, vivaz, irrepetible. “Mi ética ha sido no dejarme comprar y no ser comercial, sino hacer las cosas como me nacen, y siempre con ganas, siempre con fe en la creación y en el amor”, apunta.

Ya como Martirio, a partir de 1986, nació el personaje, enfundando en esa poderosa estética de gafas oscuras de sol y peineta. Y, sobre todo, se desarrolló aún más la artista, dueña de canciones iconoclastas para la España de a pie de calle, convirtiéndose en una especie de icono revolucionario por su desprejuiciada mezcla de estilos y su manifiesta insatisfacción, que llegaba al corazón de las maris, como dice ella, las amas de casa y todas aquellas mujeres en segundo plano.“El premio es un reconocimiento a la copla a la que le he dado otra lectura, junto con otra gente, desde el flamenco, desde el rock, desde el jazz”, señala.

Con Chavela Vargas —a la que dedicó un disco grabado con su hijo guitarrista Raúl Rodríguez—, Company Segundo y Omara Portuondo como grandes referencias artísticas, y también Chano Domínguez, con el que ha colaborado en álbumes como Coplas de madrugá y Acoplados, esta cantante de voz profunda es la gran coplista de nuestros tiempos. "Llevo reivindicando la copla desde que empecé, como José Miguel Ullán o Carlos Cano, para romper con ese estigma que se la asociaba ", reflexiona. Pero su prestigio se eleva por su falta de prejuicios, por su exploración constante, con especial atención a América Latina en obras propias o colaboraciones con Fito Páez, Gato Pérez o Henry Martínez. "Cómo no va a haber influencia entre España y Latinoamérica si son cuatro siglos de convivencia, de músicas y de gentes. ¡En Venezuela he cantado una zamba por bulerías!"

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